Adán y Eva

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La actitud de los Santos de los Últimos Días respecto a Adán y Eva difiere de todas las otras religiones (ver Adan, Plan de Salvación y Caída. El Libro de Moisés de La Perla de Gran Precio, una de las Obras Estándar de la Iglesia Mormona, explica la historia de la creación. La revelación moderna, como son el Libro de Mormón y la Doctrina y Convenios proporciona información adicional.

Adán y Eva fueron preordenados

La doctrina de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días sostiene que Dios el Padre estableció un plan para la exaltación del hombre antes de la fundación del mundo. El Padre Celestial fue el creador de los espíritus de los hombres (véase Vida Premortal, que moraban con Él antes de que nacieran como mortales sobre la tierra. La Mortalidad está diseñada para ser un período de prueba, y es necesaria una “oposición en todas las cosas” para que los hombres puedan elegir y así garantizar su albedrío:

Porque es preciso que haya una oposición en todas las cosas. Pues de otro modo, mi primer hijo nacido en el desierto, no se podría llevar a efecto la rectitud ni la iniquidad, ni tampoco la santidad ni la miseria, ni el bien ni el mal. De modo que todas las cosas necesariamente serían un solo conjunto; por tanto, si fuese un solo cuerpo, habría de permanecer como muerto, no teniendo ni vida ni muerte, ni corrupción ni incorrupción, ni felicidad ni miseria, ni sensibilidad ni insensibilidad (2 Nefi 2:11).

Adán y Eva en el Jardín de Edén

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Por lo tanto, fue necesario proporcionar oposición para Adán y Eva mientras moraban en el Jardín de Edén. Ellos tenían que tener opciones con el propósito de permitirles ejercitar su albedrío. Dios sabía que ellos caerían. Él les había dado dos mandamientos opuestos: 1) multiplicarse y henchir la tierra, y 2) no comer del fruto prohibido. El participar del fruto prohibido del árbol de la “ciencia del bien y del mal” los conduciría a su destierro del jardín y a una caída de la condición paradisíaca a un estado corruptible. Mientras estaban en el jardín, ellos eran inmortales e inalterables, incapaces de concebir o tener hijos. Sólo después de la caída ellos pudieron guardar el primer mandamiento.

Y para realizar sus eternos designios en cuanto al objeto del hombre, después que hubo creado a nuestros primeros padres, y los animales del campo, y las aves del cielo, y en fin, todas las cosas que se han creado, era menester una oposición; sí, el fruto prohibido en oposición al árbol de la vida, siendo dulce el uno y amargo el otro. (2 Nefi 2:15).
” Y yo, Dios el Señor, le di mandamiento al hombre, diciendo: De todo árbol del jardín podrás comer libremente, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás. No obstante, podrás escoger según tu voluntad, porque te es concedido; pero recuerda que yo lo prohíbo, porque el día en que de él comieres, de cierto morirás”. (Moisés 3:16–17).

Pues, he aquí, si Adán no hubiese transgredido, no habría caído, sino que habría permanecido en el jardín de Edén. Y todas las cosas que fueron creadas habrían permanecido en el mismo estado en que se hallaban después de ser creadas; y habrían permanecido para siempre, sin tener fin.

Y [Adán y Eva] no hubieran tenido hijos; por consiguiente, habrían permanecido en un estado de inocencia, sin sentir gozo, porque no conocían la miseria; sin hacer lo bueno, porque no conocían el pecado.
Pero he aquí, todas las cosas han sido hechas según la sabiduría de aquel que todo lo sabe.
Adán cayó para que los hombres existiesen; y existen los hombres para que tengan gozo.
Y el Mesías vendrá en la plenitud de los tiempos, a fin de redimir a los hijos de los hombres de la caída" (2 Nefi 2:22–26; véase también 2 Nefi 2:19–21, 27).

Los Santos de los Últimos Días creen que la “caída” de Adán y Eva fue un hito primordial y necesario en el Plan de Salvación, y que el plan eterno proporcionó un Salvador, Jesucristo, para redimir a la humanidad de la caída. Los Santos de los Últimos Días creen que Adán y Eva cumplieron un gran y difícil llamamiento como el primer hombre y la primera mujer, y que se les debe la gratitud “porque cayeron”. Eva expresó su gratitud por la caída, aunque su vida se tornó considerablemente más difícil a causa de ella:

Y Adán bendijo a Dios en ese día y fue lleno, y empezó a profetizar concerniente a todas las familias de la tierra, diciendo: Bendito sea el nombre de Dios, pues a causa de mi transgresión se han abierto mis ojos, y tendré gozo en esta vida, y en la carne de nuevo veré a Dios.
Y Eva, su esposa, oyó todas estas cosas y se regocijó, diciendo: De no haber sido por nuestra transgresión, nunca habríamos tenido posteridad, ni hubiéramos conocido jamás el bien y el mal, ni el gozo de nuestra redención, ni la vida eterna que Dios concede a todos los que son obedientes ". (Moisés 5:10-11).

El Presidente Joseph Fielding Smith (1876-1972), Décimo Presidente de la Iglesia, dijo lo siguiente:

Adán sólo hizo lo que tenía que hacer: Comió de aquel fruto por un buen motivo, que era abrir la puerta para traernos a este mundo, a ustedes, a mí y a todos los demás, porque él y Eva habrían podido quedarse en el Jardín de Edén; podrían estar allí todavía si Eva no hubiese hecho algo.
Uno de estos días, si alguna vez llego al lugar en donde puedo hablar con nuestra madre Eva, quiero agradecerle el haber tentado a Adán para que comiera el fruto. Él aceptó la tentación, cuyo resultado fue el nacimiento de niños en este mundo... Si ella no hubiese tenido esa influencia en Adán, y si él hubiese actuado de acuerdo con el primer mandamiento que se les había dado, todavía estarían en el Jardín de Edén y nosotros no estaríamos aquí; no habríamos venido a este mundo. Por eso, los que pusieron las notas al pie en la Biblia cometieron un gran error al escribir... “la vergonzosa caída del hombre”.

Bien, eso era lo que el Señor esperaba que Adán hiciera, porque su acción abrió la puerta a la condición mortal; y vinimos aquí, a este mundo terrenal, para recibir capacitación en esa condición que no podíamos obtener en ninguna otra parte ni de ninguna otra manera. Vinimos a este mundo a tomar parte en todas las vicisitudes, para recibir las lecciones que se reciben en un cuerpo terrenal y de un mundo terrenal; así es como estamos sujetos al dolor, a la enfermedad. Somos, además, bendecidos por obedecer los mandamientos del Señor, con todo lo que Él nos ha dado, y si lo seguimos y somos constantes y fieles, eso nos llevará de regreso a la presencia de Dios nuestro Padre Eterno, como Sus hijos e hijas con el derecho de recibir la plenitud de la gloria celestial.[1]

Los Santos de los Últimos Días consideran que Adán y Eva deben estar entre los hijos e hijas de Dios más nobles. Adán fue el arcángel Miguel en el mundo premortal, quien peleó en contra de los seguidores de Satanás, y quien peleará nuevamente contra él después del milenio. Eva es su igual y está sellada a él en matrimonio por la eternidad. Ellos enseñaron fervorosamente a su posteridad y estuvieron en comunión con Dios todos sus días. Ellos tuvieron y criaron hijos sin ningún ejemplo de paternidad terrenal y establecieron el modelo de vida familiar para todos los futuros seres de la tierra.

Eva era “ayuda idónea” para Adán (Génesis 2:18). El término original hebreo para idónea da a entender que Eva era adecuada para Adán o igual a él. No era su esclava ni su subordinada. La palabra hebrea para ayuda en la expresión “ayuda idónea” es “ezer”, y significa que Eva se valió de las bendiciones del cielo cuando aportaba a su matrimonio los instintos espirituales inherentes a la mujer por razón de su sexo.
En Génesis 3:16 se expresa que Adán debe “enseñorear[se]” de Eva, pero eso no lo convierte en un dictador. El que es dueño y señor es también el ejemplo a seguir, por lo que Adán debía vivir de tal modo que los demás determinaran la rectitud de su propia conducta basándose en la rectitud de él. Ser dueño o señor no es tanto un privilegio de poder como una obligación de llevar a la práctica lo que se predica. Además, la expresión hebrea incluye la partícula bet, que aporta el matiz de gobernar con y no sobre. Si cualquier hombre ejerce “dominio... en cualquier grado de injusticia” (D. y C. 121:37; cursiva agregada), Dios cesa la autoridad de dicho hombre.[2]

Adán y Eva: modelo de relación entre esposos

La Iglesia emplea el ejemplo de Adán y Eva como un modelo tipo para la relación deseable entre una esposa y esposa:

Debido tal vez a las falsas enseñanzas que tergiversaron el verdadero significado original del pasaje, el presidente Spencer W. Kimball (1895–1985) prefería el término “presidir” a “enseñorearse”. Y dijo: “Ninguna autoridad de la Iglesia ha pedido jamás a mujer alguna que siga a su esposo de cabeza al infierno. [Sólo] debe seguirle tal y como él sigue y obedece al Salvador del mundo, si bien siempre debe actuar con equidad a la hora de decidir [si su marido está obedeciendo al Cristo]”. A este respecto, el presidente Kimball veía el matrimonio como una “sociedad total”, llegando a decir: “No queremos que las mujeres de la Iglesia sean socias silenciosas o limitadas”, sino más bien “que contribuyan... de manera total”.[3]

Referencias

  1. Joseph Fielding Smith, “La función de Adán al hacernos llegar la vida terrenal”, Liahona, enero de 2006, pág. 8–9.
  2. Bruce C. Hafen y Marie K. Hafen, “Crucemos el umbral y seamos iguales”, Liahona, agosto 2007, 27–31.
  3. Ibid.