Arca del Convenio

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El Arca del Convenio fue un símbolo en el Antiguo Testamento de la presencia de Dios con Su pueblo. También ha sido llamada arca del Señor y arca del testimonio. Un pacto o convenio es una promesa bilateral con Dios y un arca es el “contenedor” de esa promesa. Los hijos de Israel fueron liberados de la esclavitud por lo cual siempre recordarían y harían reverencia a Dios que milagrosamente los había liberado. El arca del convenio fue un recordatorio físico de su liberación y de las continuas bendiciones.

Dios instruyó a Moisés para preparar tanto el tabernáculo como el arca del convenio que estaba allí. El tabernáculo servía como un templo portátil ya que las personas lo podían transportar cuando viajaban por el desierto después de su huida de Egipto. En este tabernáculo, había un baúl de madera de aproximadamente un metro con diez centímetros de largo por setenta centímetros de ancho y setenta centímetros de alto. Estaba construido de acacia, estaba cubierto de oro y se encontraba provisto de un asiento de oro, el propiciatorio, lugar donde Dios se sentaría para dirigir a Su pueblo. Dos querubines estaban en ambos extremos de esta tapa o cobertura, uno frente al otro, y cubrían el propiciatorio con sus alas. El diseño del arca fue revelado por Dios y (al igual que la serpiente en el bastón de Moisés) era inusual por el uso de una imagen tallada – el querubín. Esta arca se guardaba en la parte interior del tabernáculo y más tarde en el templo, el lugar más sagrado llamado Santísimo. En el interior del cofre estaban los símbolos de la interacción de Dios con Israel – las tablas de la ley que Moisés trajo del Sinaí, la vara de Aarón que milagrosamente reverdeció y luego dividió el Mar Rojo en las manos de Moisés, y el maná, la comida dada al pueblo de Moisés para preservarlos en el desierto. Se montaron varas en los anillos de cada esquina para levantar el arca. Las varas también fueron hechas de madera de acacia cubiertas de oro y los cargadores del arca fueron los miembros de la familia de Kehath, de la tribu de Leví. Ellos llevarían el arca sobre sus hombros utilizando estas varas.

Los pueblos del Antiguo Testamento eran muy receptivos a los símbolos físicos de Dios, y aquellos que entienden este simbolismo pueden ver que son figura y sombra (símbolo) del mismo Jesucristo. Los escritos judíos contienen los relatos del poder milagroso del Arca del Convenio:

Según un midrash, el arca aclararía el camino para la nación ya que quemaría serpientes, escorpiones y espinas con dos chorros de fuego desde su inferior (T. VaYakhel, 7); otro midrash dice que el arca levantaba a sus cargadores unos centímetros del suelo en lugar de que éstos la transportaran (Sotah 35 a). Cuando los israelitas fueron a la guerra en el desierto y durante la conquista de Canaán, el Arca los acompañó ya sea porque su presencia era simbólica para proporcionar motivación a los judíos o porque en realidad les ayudaba a luchar. Esto todavía es motivo de debate entre los comentaristas [judíos].
Cuando Dios habló de entre los Querubines, hubo una brillante nube visible (Éxodo 40:35); cuando los judíos viajaron fueron guiados por el arca y un pilar de nubes (Números 10:34); por la noche, el pilar de nubes fue remplazado por un pilar de fuego, otro común referente de la aparición de Dios (Éxodo 24:17), y cuando el Sumo Sacerdote entró en presencia del arca en Yom Kippur, lo hizo sólo al amparo de una nube de incienso, tal vez con la intención de ocultar la vista de la “shekhina”(o resplandor de Dios) en toda su gloria (Levítico 16:13).
La santidad del arca también era peligrosa para los que entraban en contacto con ella. Cuando Nadav y Avihu, los hijos de Aarón, trajeron un fuego extraño a fin de ofrecer un sacrificio en el Tabernáculo fueron devorados por un fuego que emanaba “del Señor” (Levítico 10:2). Durante la captura del arca por los filisteos, numerosas personas, incluidas algunas que simplemente miraban, murieron por su poder. Del mismo modo, los Sacerdotes que sirvieron en el Tabernáculo y en el Templo sabían que ver el arca en un momento inadecuado tendría como resultado la muerte inmediata (Números 4:20). [1]

Los estudiosos modernos han especulado que la construcción del arca lograba el aprovechamiento de electricidad ya que el oro es un buen conductor y la madera es un aislante. La posición de los querubines podría causar que pase una corriente eléctrica entre ellos.

También es significativo que el Arca del Convenio en sí haya sido un medio para llevar a los hijos de Israel a su tierra prometida a través del río Jordán (http://scriptures.lds.org/es/josue/3/3-17 Josué 3: 3-17]). Liderados por Josué, los sacerdotes levitas levantaban el arca. A medida que sus pies tocaban el río, éste se convertía en tierra firme, fácil de cruzar. Una vez más, el simbolismo es inconfundible. Más tarde, cuando la ciudad de Jericó fue conquistada, se llevó el arca siete veces alrededor de los muros mientras sonaban las trompetas (Josué 6:1-21).

Cuando se construyó el templo de Salomón, se puso el arca en este sagrado edificio. Allí permaneció hasta que fue destruido o escondido.

El arca permaneció en el Templo hasta su destrucción a manos del imperio babilónico, encabezada por Nabucodonosor. Se desconoce qué pasó después y se ha debatido y reflexionado durante siglos. Es poco probable que los babilonios lo hayan tomado, como hicieron con otros vasos del Templo, porque las listas detalladas de lo que tomaron no hacen ninguna mención del Arca. Según algunas fuentes, Josías, uno de los últimos reyes del reinado del período del Primer Templo, se enteró de la inminente invasión de los babilonios y escondió el Arca. Dónde lo escondió también es discutible - de acuerdo con un midrash, él hizo un agujero bajo el depósito de madera en el Monte del Templo y lo enterró allí (Yoma 53b). Otro registro dice que Salomón preveía la posible destrucción del Templo y reservó una cueva cerca del Mar Muerto, en el que Josiah finalmente escondió el Arca (Maimónides, Leyes del Templo, 4:1). [2]

El Arca del Convenio es una especie de “Santo Grial de Aqueología”, ya que se especulan muchos lugares de escondite. Los cristianos de Etiopía en Axum, Etiopía, afirman ser los vigilantes cercanos del arca en la Iglesia de Santa María de Sión. El arqueólogo Leen Ritmeyer afirma haber encontrado el terreno en el Monte del Templo de Jerusalén, donde el Santísimo se ubicó en el período del Primer Templo. Existe un espacio profundo en la roca que podría ocultar el arca. La leyenda irlandesa sostiene que el arca está enterrada bajo la Colina de Tara, cerca de Dublín, llevada allí por Jeremías u otras personas en el cautiverio babilónico. Al menos una tribu indio-norteamericana afirma tener el arca.

El Arca del Convenio en sí no desempeña ningún papel en la vida judía de hoy. No obstante, sigue siendo un potente símbolo del pasado judío y de la era mesiánica que muchos creen está a la espera del futuro. [3]

El Arca del Convenio se mantuvo en el lugar céntrico de adoración israelita–el Santísimo en el Templo, y fue llevada al frente de su ejército como un poderoso símbolo, e incluso como una manifestación literal del poder de Dios. Debido a esto, el arca es un profundo estereotipo de Cristo, que se encuentra en el centro de la verdadera adoración, y también es el poder que guía al creyente y literalmente lucha por él.

Referencias

  1. David Shyovitz, “El Arca Perdida del Convenio” Jewish Virtual Library.org
  2. Ibid.
  3. Ibid.