Bonnie D. Parkin
De MormonWiki
Bonnie D. Parkin sirvió como Presidenta General de la Sociedad de Socorro, desde el 6 de Abril del año 2002 hasta el 31 de Marzo del 2007. El deseo de la hermana Parkin era que toda mujer de la Iglesia sintiera el amor del Señor cada día en sus vidas.
Vida Familiar
La Hna. Parkin nació en Murray, Utah, y pasó gran parte de su vida en la granja de la familia en Herriman, Utah, juntamente con sus cuatro hermanos. El dinero era escaso, sus dientes permanecieron torcidos ya que la familia no tenía dinero para costearle frenillos. La educación rural le enseñó a Bonnie a valorar el trabajo, obtuvo un título Universitario en Educación Primaria y en Desarrollo a Edad Temprana en la niñez de la Universidad del Estado de Utah en Logan, Utah.
En el año 1963 contrajo matrimonio con Jim Parkin, más tarde se mudaron a Seattle a causa de la residencia médica de Jim en la Universidad de Washington. Jim llegó a ser cirujano especialista otorrinolaringólogo, mientras que Bonie se mantenía ocupada criando a sus cuatro hijos. Ella era activa en su APF local, sirviendo como presidenta y también fue voluntaria en programas de lectura y tutoría.
Bonnie cree que ha tenido muchas experiencias que le han ayudado a prepararse para servir en la Sociedad de Socorro.
- "Ella ha estado sola en el tabajo en casa, ha tenido hijos y ahora nietos, ha sabido de la rebeldía en la terrible adolescencia. Ha cuidado a una madre después de una apoplejía y a un padre con cáncer. Ha enviado a hijos a misiones en tierras extranjeras y ha recibido nueras en su regazo. Ha conocido la vida en el campo, en la ciudad, en la escuela y la vida fuera de Estados Unidos. Ha visto de cerca los efectos del alcohol, la incredulidad, las enfermedades, la decepciones… 'Sé lo que significa tener un esposo ausente por muchas horas a la semana. Sé lo que se siente estar a solas con hijos y nadie con quien hablar".(Peggy Fletcher Stack, Salt Lake Tribune, LDS Leader to Foster 'Global Sisterhood', October 5, 2002)
Experiencia en la Iglesia
Antes de su llamamiento para dirigir la organización de servicio de mujeres en la Iglesia, la Hna. Parkin estuvo sirviendo como misionera de barrio y maestra de las Laureles en su barrio natal en la Ciudad del Lago Salado. Otro servicio en la Iglesia incluye llamamientos como Segunda Consejera en la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes, miembro de la Mesa Directiva de la Sociedad de Socorro, Presidenta de la Sociedad de Socorro del barrio, Presidenta de las Mujeres Jóvenes de estaca, maestra de Mujeres Jóvenes y Presidenta de la Primaria del Barrio. Sirvió al lado de su esposo el Dr. James L. Parking durante su llamamiento como Presidente de la Misión Inglaterra Londres Sur.
Historias de la Vida de Bonnie Parkin
- Cuando Bonnie Parkin tenía 10 años de edad, su madre contrajo una infección en la paredes coronarias. La familia vivía bastante lejos del hospital y en aquel entonces a los niños no se les permitía ir al hospital y visitar a los pacientes. Cuando los niños fueron a visitar a su madre, se quedaron afuera para que ella pudiera verlos por la ventana. Al volver a la casa, su padre reunió a los niños y en grupo se arrodillaron y oraron. De esta experiencia, Parkin comenta: "Eso no siempre se había hecho en nuestro hogar, pero mi padre necesitaba una madre para sus hijos y una esposa para él mismo". (Peggy Fletcher Stack, Salt Lake Tribune, LDS Leader to Foster 'Global Sisterhood', October 5, 2002). Después de un mes en el hospital, la madre de Bonie mejoró. Ella aprendió que "Nuestro Padre Celestial escucha y contesta nuestras oraciones". (Entre amigos:"Trabajemos para Jesús", sección Amigos, Liahona, junio 2004, pág A14).
- Bonnie obtuvó un testimonio del llamamiento de David O. Mckay como Profeta de Dios en un instante:
- "Cuando yo era una jovencita, vine al centro de la ciudad de Lago Salado en un día invernal. Había estacionado mi auto frente al Edificio Administrativo de la Iglesia y estaba a punto de colocar una moneda en el parquímetro, cuando vi a un hombre que salía del edificio. Vestía un abrigo obscuro y un sombrero de lana, pero llevaba algo más: un espíritu que me conmovió el alma. No pude apartar los ojos de su figura, y cuando descendió las escaleras, de pronto me di cuenta de que era el Presidente David O. Mckay. No dijo nada cuando pasó a mi lado, sólo sonrió gentilmente y levantó ligeramente el sombrero. El Espíritu literalmente llenó mi ser; sabía que había visto a un Profeta de Dios".(Bonnie D. Parkin, “Un ancla para la eternidad y para hoy”, Liahona, julio de 1996, pág. 100)
- Bonnie desarrolló un amor por las escrituras al estudiar con una amiga:
- No era muy dedicada al estudio de las escrituras durante mi vida como mujer joven. ¡Desearía haberlo sido! No fue sino hasta que estaba viviendo en Seattle, Washington, que una amiga y yo sentimos estar hambrientas de saber lo que sabían las mujeres fieles de nuestro barrio. Queríamos hijos honrados, "enseñados por sus madres" a ser creyentes (Alma 56:47). Y al igual que una deliciosa cena, el evangelio es más emocionante al compartirlo con una amiga. Yo tenía a Louise Nelson. Nos dimos un banquete juntas.
- Recuerdo sentarme en un viejo y gastado sofá a leer historias de las escrituras a mis hijos. A medida que estudiábamos, un poder empezaba a penetrar en nuestras vidas. Aprendí que Ruth dejó a su familia para unirse a los creyentes, que Saríah crió hijos en el desierto, que Ester arriesgó su vida para salvar a otros, y lo más importante, que María dio a luz en un establo lleno de paja y que acostó al bebé en un pesebre. Aprendí que Dios obraba milagros en la vida de otros, y que podía hacer maravillas en la mía también.
- Descubrí las escrituras mucho después que la mayoría. Pero las descubrí (Bonnie D. Parkin, “Un festín sin dieta,” Liahona, julio de 1995, pág. 102)
- El esposo de Bonnie, Jim, fue llamado a ser el Presidente de la Misión Londres Sur en el año 1997, ella sirvió junto con él. El 11 de julio se encontraban sentados en el estrado de la capilla del centro de Estaca Maidstone, para asistir junto con 75 misioneros, a una conferencia. Al cantar el primer himno, de repente ella empezó a sentirse mal. Jim observó un movimiento abnormal es sus ojos. Rápidamente le pidió a dos misioneros que la ayudaran a salir de la reunión y que la llevaran a un aula para recibir una bendición del sacerdocio de parte de su esposo. La condición empeoró. Bonie empezó a sentir mareo y vértigo. De pronto perdió por completo el equilibrio y no podía oír nada en uno de los oídos. Ella comenta:
- "Sení temor, preocupación y estaba molesta. A pesar de que creía de que mi esposo y yo habíamos sido llamados, de Dios me pregunté: "¿De qué forma puedo ayudar al Señor a trabajar en esta gran obra si no puedo oír ni caminar?. Al no tener conmigo a ningún otro miembro de la familia ni amigos cercanos a quien pedir ayuda, me sentí completamente sola. Necesitaba un milagro. Al creer que había hecho la voluntad de Dios al aceptar llamamientos y al tratar de hacer lo correcto, le supliqué que me curara, estaba segura de que tenía la fe suficiente para obtener un milagro".
Gracias al tratamiento su esquilibrio mejoró poco a poco, pero su habilidad para oír con el oído derecho no volvió, eso hizo que se desanimara aún más y se preguntara:
- "¿Porqué yo? ¡Estaba sirviendo en una misión por tres años!¿Me merecía esto? A diferencia de José, no consideré mis aflicciones como una oportunidad para algo bueno, sino que me sentía más bien como los hermanos de José, quienes al encontrarse el dinero en sus sacos de grano y al temer que fuera parte de un plan maligno, se preguntaron: "…¿Qué es esto que nos ha hecho Dios?" (Génesis 42:28)
- "Había olvidado que el mismo Señor que puede convertir agua en vino puede hacer que nuestras debilidades se conviertan en fortaleza (véase Éter 12:27), que 'todas las cosas con que habéis sido afligidos obrarán juntamente para vuestro bien y para la gloria de mi nombre'(DyC 98:3)".
Más tarde, Bonnie se dió cuenta de las muchas bendiciones como resultado de esas aflicciones. Sin querer, se convirtió en una buena oyente, ya que tenía que enfocarse cuidadosamente en el rostro de las personas. También se volvió más comprensiva con aquellos que sufren de discapacidades. Aprendió que la cura instantánea y milagrosa no siempre es la voluntad del Señor (Bonnie D. Parkin, Lecciones del Antiguo Testamento "Bendecida en Mis Aflicciones" , Liahona, marzo 2006, pág. 27)
- Durante su misión en Inglaterra, su nieto de tres años de edad le preguntó a Bonnie: "Abuela, ¿trabajas para Jesús?. Fué magnífico poder decirle: ¡Sí, trabajamos para Jesús!. Cuando servimos en la Iglesia, estamos trabajando para el Salvador. Lo amo y estaré feliz de servile dondequiera que me encuentre". (Bonnie D. Parkin, Entre amigos "Trabajemos para Jesús", sección Amigos, Liahona, junio 2004, pág A14).
- Cuando Bonie recibió el llamamiento de Presidenta General de la Sociedad de Socorro, su hijo le había mandado un fax desde Bélgica que decía: "Madre, sé que puedes hacerlo. Tal vez no lo recuerdes, pero tenías un pasaje de las Escrituras pegado al refigerador, que decía: 'Yo y mi casa serviremos a Jehová' (Josué 24:15). Yo me pasaba abriendo el refrigerador, y sabía que tú y papá se tomaban muy en serio lo que dice esa Escritura". (Bonnie D. Parkin, "Sientan el amor del Señor", Liahona, julio 2002, pág. 94)
- En su testimonio durante la Conferencia General, Bonnie expresó:
- "Yo sé que el Señor ama a las mujeres de la Iglesia. Si yo pudiera hacer que ocurriera una cosa por las mujeres de la Iglesia, sería que cada una de ellas pudiera sentir a diario el amor del Señor en sus vidas. He sentido el amor del Señor en mi vida y estoy tan agradecida por ello. Estoy agradecida por la paz que he experimentado.
- "Testifico de mi Salvador Jesucristo. Sé que Él vive. He sentido Su amor. He sentido Su perdón. Recuerdo a un misionera que terminaba su misión y que en su último testimonio dijo: 'Me voy más en deuda con Él de lo que haya estado antes de venir'.
- "Doy mi testimonio del poder del Profeta de Dios, el Presidente Gordon B. Hinckley, y me siento agradecida por él y por su amor y por todos los profetas que han depositado confianza en mí. De estas cosas testifico en el nombre de Jesucristo. Amén".(Bonnie D. Parkin, "Sientan el amor del Señor", Liahona, julio 2002, pág. 94)
