Brújula Liahona

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Para la revista llamada Liahona, véase Revista Liahona

La Liahona fue un objeto que Dios dio a Lehi, un profeta en el Libro de Mormón, y a su familia como una guía. Es mencionada en 1 Nefi 16:10. La Liahona es descrita como una bola redonda, hecho de metal, con dos flechas que daban las direcciones, semejante a una brújula. En el idioma de Lehi, "Liahona" significaba "una brújula" (ver el Alma 37:38). Sin embargo la Liahona se diferenció de una brújula porque sólo trabajó si Lehi y su familia eran justos (véase 1 Nefi 16: 28-29, y Alma 37:40) y ejercían la fe apropiada. Ellos recibieron también la instrucción por medio de la Liahona. En 1 Nefi 16:29 dice que había un lugar por fuera del Liahona donde aparecían escrituras y que cambiaba de vez en cuando. Esto también fue mencionado y descrito a veces en las flechas.

La Liahona pasó de Lehi a su hijo Nefi (2 Nefi 5:12), y entonces de generación en generación hasta Mosíah, quien la dio a su hijo Benjamín. La Liahona continuó pasándose a los profetas hasta que Moroni la obtuvo, el último profeta Nefita. En el siglo quinto d.C., Moroni escondió la Liahona en una colina junto con el registro del Libro de Mormón. En 1823, le fue dicho al profeta José Smith por revelación donde encontrar estos artículos.

Los tres hombres escogidos para ser testigos especiales de las Planchas de Oro( David Whitmer, Oliver Cowdery y Martin Harris) vieron también la Liahona (ver en Doctrina y Conviene 17:1).

La palabra Liahona ha tomado gran significado simbólico para miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. A menudo es utilizado para dar la idea ser justos, permitiendo al Padre Celestial ser nuestra guía, y cualquier otra brújula figurada que nos señala a Cristo. Es también el nombre dado a la [Revista Internacional]] de la Iglesia. Este simbolismo proviene de una lectura dada por un profeta del Libro de Mormón llamado Alma a su hijo Helamán. Alma dice:

Y ahora, hijo mío, tengo algo que decir concerniente a lo que nuestros padres llaman esfera o director, o que ellos llamaron Liahona, que interpretado quiere decir brújula; y el Señor la preparó.
Y he aquí, ningún hombre puede trabajar con tan singular maestría. Y he aquí, fue preparada para mostrar a nuestros padres el camino que habían de seguir por el desierto.
Y obró por ellos según su fe en Dios; por tanto, si tenían fe para creer que Dios podía hacer que aquellas agujas indicaran el camino que debían seguir, he aquí, así sucedía; por tanto, se obró para ellos este milagro, así como muchos otros milagros que diariamente se obraban por el poder de Dios.
Sin embargo, por motivo de que se efectuaron estos milagros por medios pequeños, se les manifestaron obras maravillosas. Mas fueron perezosos y se olvidaron de ejercer su fe y diligencia, y entonces esas obras maravillosas cesaron, y no progresaron en su viaje.
Por tanto, se demoraron en el desierto, o sea, no siguieron un curso directo, y fueron afligidos con hambre y sed por causa de sus transgresiones.
Y ahora quisiera que entendieses, hijo mío, que estas cosas tienen un significado simbólico; porque así como nuestros padres no prosperaron por ser lentos en prestar atención a esta brújula (y estas cosas eran temporales), así es con las cosas que son espirituales.
Pues he aquí, tan fácil es prestar atención a la palabra de Cristo, que te indicará un curso directo a la felicidad eterna, como lo fue para nuestros padres prestar atención a esta brújula que les señalaba un curso directo a la tierra prometida.
Y ahora digo: ¿No se ve en esto un símbolo? Porque tan cierto como este director trajo a nuestros padres a la tierra prometida por haber seguido sus indicaciones, así las palabras de Cristo, si seguimos su curso, nos llevan más allá de este valle de dolor a una tierra de promisión mucho mejor.
Oh hijo mío, no seamos perezosos por la facilidad que presenta la senda; porque así sucedió con nuestros padres; pues así les fue dispuesto, para que viviesen si miraban; así también es con nosotros. La vía está preparada, y si queremos mirar, podremos vivir para siempre.

(Alma 37:38-46).