Cautiverio babilónico

De MormonWiki

Los babilonios conquistaron el Reino de Judá y Jerusalén en tres sitios sucesivos, y se llevaron a sus mejores y más brillantes ciudadanos en cautiverio en Babilonia,

Contenido

Sucesos que conllevaron al Cautiverio Babilónico

Después de que Israel se dividió en dos reinos: El reino de Israel al norte con su capital en Samaria, y el reino de Judá al sur con su capital en Jerusalén, Asiria atacó el reino del Norte. Samaria finalmente cayó el año 722 a.C. Los habitantes de Israel fueron asesinados o llevados a Asiria (Véase Doce Tribus). El reino de Judá no pudo escapar del mismo destino. El rey Ezequías fue un rey justo y destruyó los objetos de adoración idólatra en el reino del sur y llamó a sus ciudadanos al arrepentimiento y acercarse al Señor. El Señor compensó a Jerusalén de manera milagrosa:

Y aconteció que aquella misma noche salió el ángel de Jehová, y mató en el campamento de los Asirios a ciento ochenta y cinco mil; y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos. (2 Reyes 19:35-37)

Conforme Asiria disminuía en poder, los imperios de Babilonia y Egipto crecían. En tanto, Ezequías había muerto y su hijo Manasés y después Amón reinaron en Judá, dos de los reyes más malvados que gobernaron en la Tierra Santa.

Manasés condujo a su pueblo a adorar a “los huéspedes del cielo” (las estrellas, la luna, y el sol), sacrificando niños, involucrándose en espiritualismo satánico y asesinando a ciudadanos inocentes que se rehusaban a participar en tales perversiones. Por el propio juicio de Dios Manasés fue calificado peor que todos los que habían sido sacados de la tierra por lo que los israelitas podían heredarla. –ref- “Jerusalén: La Ciudad Eterna”, Galbraith et al., Deseret Book Company, Salt Lake City, 1996, p. 101. -/ref-

Aunque el rey Josías intentó instituir reformas religiosas y hacer que la gente se arrepienta, los ciudadanos de Judá eran muy malos para convertirse. Josiah fue asesinado en Meguido (Armagedón) al tratar de evitar que los egipcios se unieran a los ejércitos Babilonios contra Asiria. Asiria fue derrotada por Nabucodonosor el año 609 a.C.


Por décadas los profetas habían venido advirtiendo a los ciudadanos de Judá que la maldad los conduciría a inefables horrores de destrucción (por ejemplo: Isaías, Mica, Nahúm, Habacuc). Los sucesos que rodean al Cautiverio Babilonio constituyen un testimonio del interés de Dios en Sus hijos. El envió muchos profetas a Jerusalén, incluyendo a Jeremías, quien tuvo acceso a la corte del rey así como al pueblo. Lehí, cuya historia da comienzo al Libro de Mormón, fue uno de esos profetas.

El Libro de Mormón dice,

Llegaron muchos profetas ese mismo año profetizando al pueblo que se arrepintiera, o la gran ciudad de Jerusalén sería destruida (1Nefi 1:4)

Los profetas testificaron a los judaítas seriamente, detallándoles respecto a sus pecados. Sus pecados incluían el haber marcado el interior de las paredes del templo con símbolos de deidades paganas. Los sacerdotes de Jerusalén miraban al cielo cuando oraban, adorando a los “huéspedes del cielo”. La usura era una cosa común, y los ricos pisoteaban a los pobres. La idolatría con sus prácticas degradantes, como el sacrificio de niños y la prostitución del templo, eran comunes. La vida familiar perdió su naturaleza sagrada. La gente se casaba fuera de la fe y prevalecía el adulterio. Además de estos pecados el comercio deshonesto y la violencia abundaban. Y el pueblo asesinaba a los profetas.

Babilonia toma control

Nabucodonosor de Babilonia siguió las mismas políticas de los asirios al conquistar no solo mediante la guerra, sino que favoreció las deportaciones de los conquistados. Babilonia sitió a Jerusalén en tres invasiones mayores, en el 605, 597, y el 586 a.C. Al mismo tiempo, el Señor empezó a castigar a la gente. Una sequía causó escasez de cosechas y hambruna, y causó que los animales dejaran su hábitat e hicieran presa de la gente.

Las invasiones de Babilonia eran cada vez más violentas, conforme Nabucodonosor se impacientaba contra los reyes rebeldes de Judá. La primera invasión se caracterizó por la deportación de los más talentosos de Judá a Babilonia. El Señor, por medio de sus profetas, dijo a los Judaítas exactamente cuánto tiempo permanecerían en Babilonia: 70 años. Les dijo que se casaran allí y que formaran familias para el Señor, preparando su retorno para cuando terminara el cautiverio. El Señor continuó advirtiendo a la gente por medio de los profetas, pero ellos se rehusaban a arrepentirse. El Señor les habló de las tragedias que recaerían sobre ellos, pero en vano. El último sitio fue especialmente horrible, con saña y asesinato, y hasta con canibalismo entre los hambrientos judíos. El templo fue destruido, Jerusalén fue devastada y solamente los más pobres y los menos inteligentes fueron dejados atrás para levantar lo que quedaba.

La mano del Señor

Una vez más, el Señor hizo lo que pudo. Guió a Lehí y a su familia fuera al desierto para salvación y después los guió a las Américas, en donde pudieran establecer una rama justa de Israel. También permitió a Mulek, hijo del rey Sedequías, escapar con su grupo. También fueron conducidos a las Américas y descubiertos por los descendientes de Lehí. El Señor estableció profetas en Babilonia, también, no solamente para predicar a los judaítas (Ezequiel), sino también a los reyes de la corte de Babilonia (Daniel). Colocó profetas en la corte Persa, cuando Babilonia cayó ante Medes y Persia. El rey Persa permitió después a los judaítas regresar a Jerusalén y reconstruir el templo. Entonces el Señor proporcionó profetas y grandes líderes para que guíe a aquellos que regresaran. (Hageo, Zacarías, Ezra, Nehemías)

El Cautiverio

De alguna manera los judíos florecieron durante el cautiverio. Sin el templo como centro de oración, se construyeron sinagogas. Los judíos instruidos o sabios, empezaron a enseñar a la gente lo complejo de la ley en las sinagogas. Babilonia se convirtió en el centro del conocimiento judío, y permaneció así por cientos de años. La “diáspora”, o dispersión de los judíos, se extendió, conforme se establecían centros en Alejandría, Egipto y otros lugares. Estos centros ganaron gran importancia. Como muchos judíos en estos centros perdieron su habilidad para hablar en hebreo, arameo el griego se hizo importante, y las escrituras y otros escritos aparecieron en esas lenguas. Cuando fue tiempo de regresar, muchos judíos se quedaron en Babilonia, y sus descendientes emigraron a Europa y Asia.

Referencias

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