Común acuerdo

De MormonWiki

Común acuerdo El principio de “común acuerdo” es eterno. Fue empleado por el Señor en la concilio de los cielos para ratificar el Plan de Salvación, y es empleado en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días para sostener a los siervos y programas de Dios.

  • “Y todas las cosas se harán de común acuerdo en la iglesia, con mucha oración y fe, porque recibiréis todas las cosas por la fe” (Doctrina y Convenios 26:2).
  • “Porque es preciso que todas las cosas se hagan con orden y de común acuerdo en la iglesia, por la oración de fe” (Doctrina y Convenios 28:13).
  • [Común acuerdo] el principio por el cual los miembros de la Iglesia sostienen a los que son llamados a servir en la Iglesia y apoyan otras decisiones de la Iglesia que requieran su sostenimiento, que por lo general se indica alzando la mano derecha. Por medio de la inspiración del Espíritu Santo, Él dirige a los líderes de la Iglesia en sus hechos y decisiones importantes. Sin embargo, todos los miembros de la Iglesia tienen el derecho y el privilegio de sostener o no los hechos y decisiones de sus líderes. (Guía para el estudio de las Escrituras: Común acuerdo)
  • El principio de común acuerdo es el principio por el cual los miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días participan en las decisiones de la Iglesia (véase Éxodo 24:3, Doctrina y Convenios 20:65). Todos los miembros de la Iglesia tienen el derecho a sostener o no los hechos y decisiones de sus líderes. Los miembros que sostienen, o están de acuerdo con la decisión muestran su aprobación levantando su mano derecha cuando se les solicita hacerlo. Aquellos que se oponen a la decisión pueden levantar su mano derecha después del voto de sostenimiento.
  • En los Consejos de la Iglesia todas las decisiones deben ser unánimes. En el mundo, “la mayoría gobierna” y la minoría es ignorada. Es posible obtener unanimidad en los Consejos de la Iglesia porque allí no hay nadie que tenga deseos egoístas por los cuales “luchar”. En estas asambleas se hace todo, cuando el Espíritu del Señor prevalece, “con toda rectitud, con santidad y humildad de corazón, mansedumbre y longanimidad, y con fe, y virtud, y conocimiento, templanza, paciencia, piedad, cariño fraternal y caridad”. Cuando cada miembro se esfuerza por ajustar sus puntos de vista sobre cada asunto en consideración, a estos requerimientos, y elimina todas las preferencias personales, se puede mantener la unidad. En estos Consejos, cada miembro manifiesta libremente su opinión, pero cuando se establece la opinión de la mayoría, se descubre que ésta siempre está basada en la verdad, y la minoría gustosamente acepta. Mediante estos Consejos se puede decir la verdad absoluta, vox populi, vox Dei” (Doctrine and Covenants Commentary (Comentario de Doctrina y Convenios), Deseret Book Company, 1951, pág. 701)
  • Nuestra unanimidad de pensamiento y acción no surge, como algunos suponen, de la presión o la compulsión de cualquier tipo. Nuestro acuerdo proviene de un convenio universal con principios rectos y una respuesta común a la acción del Espíritu de nuestro Padre. No se actúa por temor excepto uno. Es el temor de ofender a Dios, el Autor de nuestra obra” (Presidente Stephen L. Richards, Informe de la Conferencia, Octubre 1938, p. 116).
  • Cuando nuestros líderes hablan es para que nosotros obedezcamos, cuando ellos dirigen debemos ir, cuando llaman debemos responder. No como seres esclavizados o en esclavitud, no debemos obedecer ciegamente, como instrumentos o herramientas. Ningún Santo de los Últimos Días actúa de esa manera; ningún hombre o mujer que haya aceptado el Evangelio ha actuado alguna vez de esta manera; por el contrario, ellos han escuchado alegremente los consejos de los siervos de Dios en la medida en la que eran capaces de comprenderlos. La dificultad no está en hacer que los Santos de los Últimos Días hagan lo correcto, sino que comprendan lo que es correcto” (José Smith, Journal of Discourses, vol. 12, p. 329)
  • Una asamblea solemne otorga a los miembros el derecho a participar en el principio de común acuerdo, instituido por revelación, autorizando a los miembros a sustentar a aquellos llamados a desempeñarse en posiciones oficiales (David B. Haight, “Un Profeta escogido por el Señor”, Ensign -revista en inglés- Mayo 1986, pág. 7)

“Ayer sostuvimos a los líderes generales de la Iglesia según el principio del común acuerdo. Ninguno de estos líderes de la Iglesia busca un puesto ni ninguno rehúsa el llamamiento porque todos ellos saben que éste viene por revelación de Dios” (Dieter F. Uchtdort, “La oportunidad de testificar”, Liahona, noviembre, 2004, págs. 74-76).

Común acuerdo en la vida premortal

  • “Ésta es la manera conforme a la cual fueron ordenados, habiendo sido llamados y preparados desde la fundación del mundo de acuerdo con la presciencia de Dios, por causa de su fe excepcional y buenas obras;… por lo que, habiendo escogido el bien y ejercido una fe sumamente grande, son llamados con un santo llamamiento” (Alma 13:3).
  • El Profeta José Smith enseñó: “Todo hombre que recibe el llamamiento de ejercer su ministerio a favor de los habitantes del mundo fue ordenado precisamente para ese propósito en el Gran Concilio celestial, antes que este mundo fuese” (Enseñanzas del Profeta José Smith, p. 544).
  • En el Gran Concilio de los Cielos, durante la presentación del gran plan de salvación para los hijos de Dios, Jesús respondió: “Heme aquí; envíame”, y “Padre, hágase tu voluntad, y sea tuya la gloria para siempre”. Fue así como se convirtió en nuestro Salvador. En contraposición, Satanás, a quien se había tenido en alta estima como “un hijo de la mañana”, respondió que él descendería “redimiría a todo el género humano, de modo que no se perdería ni una sola alma”. Satanás tenía dos condiciones: la primera era denegar el albedrío, y la segunda era que él recibiría toda la honra. En otras palabras, él tenía que beneficiarse de alguna manera; y así se convirtió en el padre de las mentiras y la fuente del egoísmo (James E. Faust, “¿Cómo me beneficia a mi?, Liahona, noviembre 2002, pág. 19).
  • Las referencias en las revelaciones dan evidencia de que el Gran Concilio se realizó durante nuestra vida premortal. Todos los hijos espirituales del Padre Celestial estaban allí. El propósito del concilio fue prepararnos para las experiencias terrenales. Nos enseñaron todo lo que necesitaríamos saber para regresar a la presencia del Padre Celestial algún día. Por lo tanto recibimos “(nuestras) primeras lecciones en el mundo de los espíritus, y fuimos preparados para venir en el debido tiempo del Señor (L. Lionel Kendrick, “Nuestro albedrío moral,” Liahona, marzo 1996, pág. 28)”
  • Abraham, nuestro padre, quien también se encontraba presente en este concilio, tuvo el privilegio de ver en una visión la forma de las inteligencias preexistentes. “Entre todas éstas”, dijo, “…había muchas de las nobles y grandes”, a las que describió como “buenas” (Abraham 3:22). Abraham vio que Dios el Padre Eterno “estaba en medio de ellas” y me dijo “Abraham, tú eres uno de ellos; fuiste escogido antes de nacer” (Abraham 3:23)
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