Creencias y rituales del mormonismo

De MormonWiki

Confiriendo el don del Espíritu Santo mediante el poder del Sacerdocio. ®Derecho de autor ©Reserva Intelectual
Confiriendo el don del Espíritu Santo mediante el poder del Sacerdocio. ®Derecho de autor ©Reserva Intelectual

Los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, (comúnmente llamada Santos de los Últimos Días o Mormones), creen en Dios el Padre, Su Hijo Jesucristo y en el Espíritu Santo (Artículo de Fe 1). Los Santos de los Últimos Días creen que cada persona en la Tierra es un hijo literal de Dios, y como tal, es capaz de llegar a ser como Él. El Evangelio de Jesucristo incluye las creencias y rituales (principios y ordenanzas) que ayudan a las personas a acercarse a Dios, “Así que, en sus ordenanzas se manifiesta el poder de la divinidad (Doctrinas y Convenios 84:20).

Contenido

Creencias

Dios, Jesucristo y el Espíritu Santo

Los Santos de los Últimos Días creen en “Dios el Eterno Padre, y en su Hijo Jesucristo, y en el Espíritu Santo”. De esta manera, José Smith escribió en la Carta de Wentworth, una parte de lo que ahora constituye los Artículos de Fe. Así pues, ellos son vistos como tres entidades distintas y separadas, no obstante, uno en propósito, pensamiento, acción, obras, etc. Además, los hombres y mujeres son vistos como Sus hijos e hijas espirituales, con la capacidad literal de llegar a ser aun como Él (Dios el Padre, de quien Jesucristo exaltado es una imagen perfecta). Este es el propósito del Evangelio, la obra y gloria de Dios. ([Moisés 1:39]).

Fe y Arrepentimiento

Los Santos de los Últimos Días creen que la fe en Jesucristo es un prerrequisito para la salvación. La fe se describe como una creencia motivadora que mueve a la persona a actuar. Por ejemplo, Santiago 2:17 afirma que “a fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma”. La creencia en Cristo se relaciona necesariamente con el reconocimiento de nuestra condición de haber sufrido la caída (separación de Dios mediante la caída de Adán) y de debilidad (pecados o transgresiones), lo cual mantiene una distancia espiritual entre Dios y el hombre. Esto conduce a lo que se denomina “un corazón quebrantado y un espíritu contrito” ([3 Nefi 9:20]). Este sentido de dependencia en Dios conlleva al arrepentimiento, o a un cambio de corazón desde lo carnal y sensual hasta lo santo. ([i.e. Mosíah 3:19]). Por ejemplo, en el Libro de Mormón, un rey exhorta a su pueblo al arrepentimiento diciendo: “Creed que debéis arrepentiros de vuestros pecados, y abandonarlos, y humillaros ante Dios, y pedid con sinceridad de corazón que él os perdone; y ahora bien, si creéis todas estas cosas, mirad que las hagáis (Mosíah 4:10). Por lo tanto, la fe se ve como una creencia que motiva a la acción, incluso al arrepentimiento. En cierto sentido, la fe puede verse como la fuerza motivadora detrás de toda obediencia a los principios del Evangelio, ya que se requiere fe para aceptar las promesas hechas al obediente.

Rituales

Necesidad de Autoridad

Los rituales, comúnmente llamados ordenanzas, son ritos especiales realizados por miembros varones de la Iglesia que poseen el Sacerdocio. El Sacerdocio se considera la autoridad para actuar en nombre de Dios. Se ha comparado, metafóricamente, con la carta poder (véase “He Trust Us” - “El confía en nosotros”, Stanley G. Ellis, “Ensign”, revista en inglés, Nov. 2006, págs. 51-52). El sacerdocio se considera como una absoluta necesidad para administrar, u otorgar, las ordenanzas del Evangelio (por ejemplo, véase [Doctrina y Convenios 84:19-22]). En algunos casos, es también un prerrequisito necesario para recibir ciertas bendiciones, incluso las bendiciones del templo. La autoridad del Sacerdocio se perdió en la tierra con la muerte de los apóstoles originales en tiempos remotos, y ha sido restaurada a los hombres en la tierra mediante la restauración de todas las cosas en la última dispensación de los tiempos.

Convenios

Las ordenanzas por lo general tienen cierta relación con los convenios. Un convenio es una promesa entre Dios y el hombre, en el cual el hombre se compromete a seguir algunas leyes o preceptos revelados por Dios, y, a cambio, Dios le promete algunas bendiciones. Por ejemplo, en el bautismo, Dios promete salvar a aquellos que convienen (prometen) “que lo serviréis y guardaréis sus mandamientos” y “ser testigos de Dios en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar en que estuvieseis” (Mosíah 18:9.10).

Necesidad de Dignidad

Cada ordenanza se debe llevar a cabo en el nombre de Jesucristo, lo cual significa que aquellos que realizan la ordenanza no sólo deben tener autoridad para actuar en Su nombre (el Sacerdocio) sino que también deben ser dignos de representar al Salvador en calidad oficial. Por lo tanto, se quieren ciertas normas de dignidad de aquellos que realizan las ordenanzas del Sacerdocio, y generalmente también son necesarias en aquellos que reciben las ordenanzas, especialmente las necesarias para la salvación. Estas normas de dignidad incluyen: la Palabra de Sabiduría (abstenerse de alcohol, tabaco, drogas nocivas y el tener un estilo de vida saludable), la Ley de Castidad D. y C 42:22-25 y la Ley de Obediencia [1].

Clasificación

Las ordenanzas se pueden dividir en dos amplias categorías.

  1. Aquellas necesarias para la salvación
  2. Aquellas no necesarias para la salvación

La primera categoría incluye las ordenanzas del bautismo, confirmación, y ordenanzas del templo. La segunda categoría abarca las bendiciones de los niños, Bendiciones Patriarcales y bendiciones de salud y consuelo.

Bautismo

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días enseña que el bautismo por inmersión para la remisión de pecados es una parte esencial del discipulado y necesario para la salvación. Las enseñanzas de las Escrituras afirman la importancia y el significado del convenio bautismal (i.e. Mosíah 18:8-10, 2 Nefi 31:4-13, y 3 Nefi 11:33-39). Doctrina y Convenios (sección 20, versículo 72-74) incluye el método para realizar el bautismo.

72 El bautismo se debe administrar de la siguiente manera a todos los que se arrepientan:
73 El que es llamado por Dios y tiene autoridad de Jesucristo para bautizar, entrará en el agua con la persona que se haya presentado para el bautismo, y dirá, llamándola por su nombre: Habiendo sido comisionado por Jesucristo, yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
74 Entonces la sumergirá en el agua, y saldrán del agua.

El bautismo se realiza para aquellos que han llegado a la edad de responsabilidad, lo cual significa ocho años de edad. Por consiguiente, todos los bautismos se realizan sólo en personas de ocho años o más (Doctrina y Convenios 68:27). Según el Libro de Mormón, los “niños pequeños no necesitan el arrepentimiento, ni tampoco el bautismo” (Mormón 8:11)

Confirmación

Así como Jesús prometió el bautismo por medio del Espíritu Santo y con fuego, como dice en la Biblia (i.e. Mateo 3:11), así también los Santos de los Últimos Días realizan la ordenanza de confirmación, la cual, mediante la autoridad del Sacerdocio, y en el nombre de Jesucristo, “confirma” a la persona como miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días e implica el otorgamiento (conferir) del Espíritu Santo. Se dice que una persona que es confirmada de esta manera ha recibido el don del Espíritu Santo. Según el Diccionario Bíblico (encontrado en el Apéndice de las Ediciones SUD de la Biblia), “El don del Espíritu Santo es el derecho a tener, cuando se es digno, la compañía del Espíritu Santo…el que actúa como un agente limpiador para purificar a una persona y santificarla de todo pecado. Así, con frecuencia nos referimos a él como un fuego” (2 Nefi 31:17, Doctrina y Convenios 19:31).

Ordenanzas del templo

Los Santos de los Últimos Días consideran el templo como el lugar más sagrado de todos los otros lugares terrenales. Se considera literalmente como “La Casa del Señor”, y por lo tanto es consagrado (dedicado) al Señor en reuniones especiales de dedicación antes de realizar ordenanzas en su interior. Las ordenanzas que se realizan en los templos incluyen la investidura y el matrimonio. José Smith, en Doctrina y Convenios 131:1-4, enseñó:

  1. En la gloria celestial [cielo] hay tres cielos o grados;
  1. y para alcanzar el más alto, el hombre tiene que entrar en este orden del sacerdocio [es decir, el nuevo y sempiterno convenio del matrimonio];
  2. y si no lo hace, no puede alcanzarlo.
  3. Podrá entrar en el otro, pero ése es el límite de su reino; no puede tener progenie.

En otras palabras, para entrar al reino más alto del Cielo y ganar una recompensa eterna (i.e. la exaltación), primero se debe entrar al convenio del matrimonio. Solo se puede realizar el “nuevo y sempiterno convenio del matrimonio” en templos dedicados. Así, los Santos de los Últimos Días son animados a ir a templos dedicados para recibir las ordenanzas necesarias para la exaltación (progreso eterno).

Referencias

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