Crucifixión de Jesucristo

De MormonWiki

Los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días creen firmemente de que Jesucristo vivió y aún continua viviendo. También creen que la Expiación, Crucifixión y Resurrección de Cristo ha permitido al hombre arrepentirse de sus pecados y también poder resucitar.

La crucifixión, común en la época del Nuevo Testamento, era una de las formas de ejecución más crueles realizadas por los romanos. La persona que era crucificada era por lo general primeramente azotada y fustigada. Luego era forzada a cargar su propia cruz hasta el sitio de crucificación. Sus ropajes a menudo eran repartidos entre los soldados que lo ejecutarían. Sus manos y pies eran atados o clavados a la cruz y ésta era enterrada de manera que los pies de la persona quedasen a solo uno o dos pies sobre del suelo. Este tipo de ejecución podía tomar por lo menos tres días, y a veces los guardias fracturaban las piernas de los prisioneros para acelerar el proceso. Las personas que colgaban de la cruz normalmente morían de asfixia.

El encarcelamiento y la crucifixión de Cristo fueron prácticamente ilegales en todas las formas. Cristo fue arrestado durante la noche y su juicio ante el Sanedrín no incluyó a todos sus miembros, ni fue conducido en el lugar apropiado. La corte fue llevada a cabo antes de la mañana del sacrificio y en día santo, lo cual también era ilícito. Cuando el pueblo pidió que se le crucificase, Él ya había sido apaleado, humillado y azotado. El Presidente W. Kimball dijo al respecto:

En absoluto refreno y divina dignidad se levantó mientras lo escupían a la cara. Se mantuvo sereno. Ni una palabra de ira salió de sus labios. Abofetearon su rostro y golpearon su cuerpo. No obstante se mantuvo resuelto, sin temor ("Jesús de Nazaret, Liahona, 1980, 6-8)

Luego, fue forzado a cargar con la cruz, pero estaba tan débil que no podía con ella, de tal manera que Simón de Galilea lo ayudó a llevarla. El Presidente Spencer W. Kimball añadió sobre lo que sucedió:

Los clavos penetraron sus manos y pies, a través de su blanda y temblorosa carne. La agonía aumenta, se deja caer la cruz en el hoyo; la carne se desgarra, ¡que intolerable dolor!. Nuevos clavos se colocan en las muñecas para asegurarse de que el cuerpo no caiga a tierra y se recupere.
Nuevamente mofándose: "A otros salvó, y a sí mimo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, que descienda ahora de la cruz, y creeremos en él". (Mateo 27:42). ¡Qué tentación debió haber sido para el Señor, quien pudo haber bajado completo, sin rasguño!, que reto debió haber sido, y sin embargo, ya lo había decidido así y había sudado grandes gotas de sangre durante su agonía al enfrentar su misión- para avanzar a través de toda deshonra y encontrarse al final con la muerte, para traer vida al hombre y a sus hijos, si lo escucharan.

Aún en su agonía Cristo dijo: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen"(Lucas 23:34). Entregó su espíritu, habiendo permanecido perfecto y cumplido con su misión. Su crucifixión fue parte esencial en su misión. En Juan 10:15-18 Cristo dijo a Pilatos:

"Yo pongo mi vida para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de ,í mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar."

El que Jesús haya dado su vida voluntariamente fue fundamental para salvarnos a todos de la muerte.

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