Divorcio

De MormonWiki

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días permite el divorcio, pero la Iglesia pone énfasis en el hecho de que las familias felices, fuertes y eternas elevan el matrimonio a un convenio sagrado que no se puede disolver ligeramente.

Sobre el Divorcio, Gordon B. Hinckley dijo: “Ahora y siempre habrá una causa legítima para el divorcio. No soy yo quien diga que nunca se justifica. Pero sí digo, sin duda alguna, que esta plaga entre nosotros, que parece estar creciendo en todo lugar, no es de Dios, si no que se trata del trabajo del adversario en contra de la rectitud y paz y verdad”.

El énfasis que la Iglesia Mormona pone en la vida familiar feliz y en la lealtad matrimonial produce una baja tasa de divorcio en matrimonios donde ambos esposos valoran la sagrada naturaleza del convenio matrimonial:

”Un estudio de 1993 publicado en la revista Demography mostró que los mormones que se casan dentro de su iglesia son los menos probables de todos los americanos en llegar a divorciarse. Solamente el 13 por ciento de las parejas SUD se han divorciado después de cinco años de matrimonio, comparados con el 20 por ciento de uniones de personas de la misma religión entre católicos y protestantes y 27 por ciento entre judíos. Sin embargo, cuando un mormón se casa fuera de su denominación, la tasa de divorcio aumenta hasta el 40 por ciento –ocupando el segundo lugar después de los matrimonios de creencias mixtas que incluye un cónyuge judío (42 por ciento)”. [1]

Un artículo del diario Los Angeles Times informó lo siguiente:

Para aquellos que van al altar este verano, las estadísticas maritales de 1999 para el Condado de Orange son graves: 19,758 matrimonios, 12, 156 divorcios.
Y si usted es una persona religiosa, las cosas no mejoran. De hecho, para los cristianos vueltos a nacer, la tasa de divorcio es más alta (27% de todos los adultos) que para los no-cristianos (24%), de acuerdo a una reciente encuesta por el Grupo de Investigación Barna.
La figura no es más halagüeña para otros cristianos o judíos. La investigación mostró que sus tasas de divorcio son casi las mismas que el promedio nacional.
Sin embargo, hay un rayo de esperanza marital. Y ese viene de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días –específicamente, de aquellos mormones que se casan en el templo. Mientras otros mormones se divorcian a la tasa general, sólo 6% de aquellos que realizan su matrimonio en el templo, terminan en el divorcio, de acuerdo al profesor Daniel K. Judd, de la Universidad de Brigham Young.
No es solo una cuestión de dónde se realiza el matrimonio. La baja tasa de divorcio, dicen muchos mormones, proviene tanto de los requisitos de la Iglesia para tales matrimonios como por el carácter de las personas que están motivadas a cumplirlos. [2]

En los temas del Evangelio encontramos respecto al divorcio:

Cuando un hombre y una mujer se casan, ellos hacen convenios solemnes entre ellos y con Dios. Se debe hacer todos los esfuerzos para guardar estos convenios y preservar el matrimonio. Cuando ocurre el divorcio, las personas tienen la obligación de olvidar en lugar de condenar, de edificar y de ayudar.
La santidad del matrimonio y de las familias se enseña repetidamente en las escrituras. Ha sido reafirmada por los profetas y apóstoles modernos. A pesar de las verdades enseñadas acerca de la santidad del matrimonio, el divorcio se ha vuelto algo común en el mundo. Dado que la familia es central en el plan del Padre Celestial para Sus hijos, Satanás busca destruir matrimonios y familias. Debido a las malas elecciones y egoísmo de una o ambas partes del matrimonio, algunas veces el matrimonio entra en contención, separación y divorcio.
Si en lugar de recurrir al divorcio, cada persona buscara la comodidad y el bienestar de su cónyuge, las parejas aumentarían su amor y unidad. El evangelio de Jesucristo—incluyendo el arrepentimiento, el perdón, la integridad y el amor—provee el remedio para el conflicto en el matrimonio.
Aquellos que han causado un divorcio mediantes sus malas decisiones se pueden arrepentir y ser perdonados. Aquellos cuyos matrimonios han fallado debido a lo que otros han hecho pueden recibir fortaleza y consuelo del Señor, quien prometió: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar… porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”. (Mateo 11: 28, 30)

Los líderes de la Iglesia Mormona prestan una especial atención a nutrir los matrimonios dentro de la Iglesia. Los obispos están para dar consejo. El consejo está disponible para las personas que estén pasando por problemas matrimoniales. Se dan sermones (“discursos”) repetidamente en la Conferencia General reiterando la naturaleza sagrada de la unión familiar y del matrimonio. Gordon B. Hinckley dijo:

”Es una escena muy bella ver a un joven y una joven tomados de la mano ante el altar solemnizando ante Dios el convenio de honrarse y amarse el uno al otro. Pero cuán lúgubre es verlos unos meses o unos años más tarde, diciendo comentarios ofensivos, palabras crueles y ofensivas, con veces altisonantes y amargas acusaciones.
No es necesario que sea así, mis queridos hermanos y hermanas. Podemos elevarnos por encima de “los débiles y pobres rudimentos” (véase Gálatas 4:9). Podemos buscar y reconocer la mutua naturaleza divina que heredamos por ser hijos de nuestro Padre Celestial. Podemos vivir juntos en el modelo de matrimonio que Dios nos dio y lograr aquello de lo que somos capaces, siempre que ejerzamos disciplina personal y nos abstengamos de tratar de disciplinar a nuestro cónyuge”. [3]

El apóstol Dallin H. Oaks dijo:

Los profetas modernos nos han advertido que ver el matrimonio “como un simple contrato que se puede firmar cuando se desee… y romper a la primera dificultad… es un mal que amerita una condenación severa”, especialmente en los casos en los que se hace sufrir a los hijos.
El tipo de matrimonio que se requiere para la exaltación, de duración eterna y de calidad divina, no considera el divorcio. En los templos del Señor, las parejas se casan por toda la eternidad; pero algunos matrimonios no progresan hacia ese ideal. A causa de “la dureza de [nuestros] corazones”, el Señor actualmente no hace valer las consecuencias de la norma celestial. Permite que las personas divorciadas se vuelvan a casar sin la mancha de inmoralidad especificada en la ley superior. A menos que un miembro divorciado haya cometido transgresiones graves, él o ella puede reunir los requisitos para obtener una recomendación para el templo en base a las mismas normas de dignidad que se aplican a los otros miembros.
Encarecidamente les insto a ustedes y a los que los aconsejan que se enfrenten a la realidad de que, para la mayoría de los problemas matrimoniales, el remedio no es el divorcio sino el arrepentimiento. Con frecuencia la causa no es la incompatibilidad, sino el egoísmo; el primer paso no es la separación, sino el cambio. El divorcio no es la solución a todos los problemas y a menudo causa sufrimiento. Un amplio estudio internacional de los niveles de felicidad antes y después de “un acontecimiento importantísimo” descubrió que, por lo general, las personas tienen mucho más éxito en recuperarse tras la muerte de un cónyuge que tras un divorcio. Los cónyuges que tengan la expectativa de que el divorcio resolverá el conflicto suelen darse cuenta de que lo empeora, puesto que las complejidades que siguen al divorcio, en especial cuando hay niños, generan nuevos conflictos.[4]

El presidente Spencer W. Kimball enseñó:

Dos personas que estén considerando el matrimonio deben darse cuenta de que ese estado legal no garantiza automáticamente la felicidad que tanto esperan, sino que ese convenio significa sacrificarse, compartir y aun renunciar a ciertas libertades personales; significa una larga y ardua economía; significa hijos que traen consigo cargas económicas, de servicio, de cuidado y preocupación; pero también significa la más profunda y dulce de todas las emociones. [5]

Referencias

  1. Salt Lake Tribune, Bob Mims, "Mormones: alto conservacionismo, bajo divorcio, gran crecimiento-en inglés," 1999-MAR-6.
  2. "Matrimonio sagrado: En época de divorcio, los matrimonios en el templo mormón se edifican para durar"-en inglés, por William Lobdell, Los Angeles Times, 8 April 2000.
  3. Gordon B. Hinckley, “Las mujeres en nuestra vida”, Liahona, noviembre de 2004, págs. 82–85.
  4. Dallin H. Oaks, “El divorcio,” Liahona, mayo de 2007, págs. 70–73.
  5. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Spencer W. Kimball (2006), 194.

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