Enoc

De MormonWiki

Enoc fue un profeta del Antiguo Testamento, hijo de Jared, séptimo patriarca en la línea de Adán. Enoc está rodeado de una mística especial fuera de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días debido a la profundidad de sus experiencias visionarias. Los Santos de los Últimos Días, sin embargo, por el registro en el Libro de Moisés en la Perla de Gran Precio saben mucho más sobre Enoc, la naturaleza de sus visiones y su rol en la tierra.

Conforme crecía la maldad y la violencia en el mundo, literalmente madurando en iniquidad, el Señor determinó juntar a los justos y sacarlos del mundo antes de destruirlo con el diluvio. Llamó a Enoc a predicar y profetizar. A pesar del linaje real que Enoc poseía y del sacerdocio, él no se sintió a la altura del encargo.

Y aconteció que Enoc viajaba por la tierra, entre el pueblo, y mientras viajaba, el Espíritu de Dios descendió del cielo y reposó sobre él.
Y oyó una voz del cielo que decía: Enoc, hijo mío, profetiza a los de este pueblo y diles: Arrepentíos, porque así dice el Señor: estoy enojado contra este pueblo, y mi furiosa ira está encendida en contra de ellos, pues se han endurecido sus corazones, y sus oídos se han entorpecido, y sus ojos no pueden ver lejos;
y durante estas muchas generaciones, desde el día en que los creé, se han desviado, y me han negado y buscado sus propios consejos en las tinieblas; y en sus propias abominaciones han ideado el asesinato, y no han guardado los mandamientos que yo di a su padre Adán.
Por consiguiente, se han juramentado entre sí, y a causa de sus propios juramentos han traído la muerte sobre sí mismos, y tengo preparado un infierno para ellos, si no se arrepienten;
y éste es un decreto que he enviado, de mi propia boca, desde el principio del mundo, desde la fundación de éste; y lo he decretado por boca de mis siervos, tus padres, tal como ha de ser enviado al mundo, hasta sus confines.
Y cuando Enoc oyó estas palabras, se humilló a tierra ante el Señor, y habló ante él, diciendo: ¿Por qué he hallado gracia ante tu vista, si no soy más que un jovenzuelo, y toda la gente me desprecia, por cuanto soy tardo en el habla; por qué soy tu siervo? (Moisés 6: 26-31)

El Señor le dijo a Enoc que no temiera, que él estaría protegido, y que el Señor llenaría su boca con las palabras que tendría que decir. “Y aconteció que cuando lo oyeron, ninguno puso las manos en él, porque el temor se apoderó de todos los que lo oían; porque andaba con Dios.” (Moisés 6: 39). El Señor mostró a Enoc muchas visiones, algunas de ellas extremadamente deprimentes a la vista. Enoc vio la destrucción de los malos, así como también la crucifixión de Cristo. También vio que los cielos lloraron por la caída de los hijos de los hombres.

Enoc…lloró por la condición humana, pero se le dijo: “Anímese tu corazón, regocíjate y mira” (Moisés 7:44). Si Enoc no hubiese mirado y no se le hubiese informado espiritualmente, el habría visto la condición humana de manera muy diferente a la verdadera realidad. Si Dios no hubiera estado allí, la gran “interrogante” de Enoc se habría tornado en un desgarrador grito de desesperanza.
En un inicio, Enoc se resistió a “ser consolado” (Moisés 7:44). Finalmente, el vio el plan de Dios, la futura llegada del Mesías en el meridiano de los tiempos, y el triunfo de los propósitos de Dios. Enoc vio como el trono de Dios irradiaba justicia y misericordia. (Ver Moisés 7:31).
Significativamente, se explicó a Enoc las consecuencias de no usar el albedrío humano : se había dado un mandamiento a los mortales “que se amaran unos a otros,” sin embargo aquellos se habían convertido en un pueblo “sin afecto” que “odiaba su propia sangre” (Moisés 7:33). [1]

Evidentemente, Enoc tenía un “libro de recuerdos” que llevaba desde los tiempos de Adán. Estas escrituras proporcionaban continuidad al plan del evangelio para traer a los hombres al arrepentimiento. A Enoc mismo se le reconocía por llevar sus propios registros:

Empezamos con Enoc llevando los libros de Adán, recordando que las palabras y profecías de Adán estaban “todas escritas en el libro de Enoc” (Doctrina y Convenios 107:57), quien recordaba a su pueblo, “y conocemos aún el primero de todos, sí, Adán. Porque hemos escrito un libro de memorias entre nosotros…” (Moisés 6:45-46). Ahora bien, de acuerdo con el Zohar, “Enoc también tenía un libro que provenía del mismo lugar que el libro de las Generaciones de Adán.” El Rabí Eleazar dijo que Adán escondió el libro que el ángel Raziel, el proveedor de los secretos del cielo, le entregó, y que Enoc posteriormente encontró, y que posteriormente fue entregado a Noé por Rafael y posteriormente pasó a Shem y así de una generación a la siguiente. Se encuentra implícito en Génesis 5: 1-2 que la raza humana fue lanzada recién después que el libro de las generaciones de Adán fuera inaugurado, desde que Adán y Eva fueran apartados (bara), y se les diera un nombre y una bendición. Una tradición muy antigua sitúa a la verdadera humanidad con Enoc el registrador, un hombre más completo que el mismo Adán. Los primeros cristianos eran muy asiduos al Libro de Adán de acuerdo con Epifanio y A. Vaillant, la autoridad en el Eslavo Enoc, quien sostenía que el libro cristiano de Enoc no provenía de fuentes judías sino de un viejo libro de Adán y Set. [2]
En la línea secretarial, la preeminencia recae en Enoc, “a quien los ángeles le mostraron y enseñaron todas las cosas tanto en el cielo como en la tierra … y él escribió todo” (Jubileo 4:21), “ el hombre de la inteligencia, el gran escribiente, a quien el Señor escogió para ser el veedor de la vida por venir …” (2 de Etíope Enoc. Intd.), quien fue mandado por Dios para “regresar estos libros que yo he escrito a la tierra para tus hijos… para que los lean y me conozcan como el Creador de todas las cosas, y distribuyan los libros de hijo a hijo, de generación en generación, nación por nación…” (2 de Etíope Enoc 88: 6-9). Inevitablemente el comentario se dispersó en la tierra que había un hombre “que por primera vez aprendía a leer y escribir y fue hallado digno de revelar los misterios divinos.”

El Señor enseñó a Enoc el Plan de Salvación, la razón para la caída de Adán y el valor de redención de la ulterior expiación de Cristo[1]

El Señor también bendijo a Enoc con las llaves del poder del sacerdocio:

He aquí mi espíritu reposa sobre ti; por consiguiente, justificaré todas tus palabras; y las montañas huirán de tu presencia, y los ríos se desviarán de su cauce; y tú permanecerás en mí, y yo en ti; por tanto, anda conmigo. (Moisés 6:34).
Y tan grande fue la fe de Enoc que dirigió al pueblo de Dios, y sus enemigos salieron a la batalla contra ellos ; y el habló la palabra del Señor, y tembló la tierra, y huyeron las montañas, de acuerdo con su mandato; y los ríos de agua se desviaron de su cauce, y se oyó el rugido de los leones en el desierto; y todas las naciones temieron en gran manera, por ser tan poderosa la palabra de Enoc, y tan grande el poder de la palabra que Dios le había dado. (Moisés 7:13)

El “poder de la palabra” que se menciona en la escritura también sustenta la fortaleza de Enoc como escribiente y registrador.

A Enoc se le mandó que llamara al pueblo al arrepentimiento y luego los bautizara “en el nombre del Padre, y del Hijo, que está lleno de gracia y verdad, y del Espíritu Santo, que lleva el registro del Padre y del Hijo” (Moisés 7:11). Es evidente, de la escritura, que Enoc, así como todos los profetas de la antigüedad, sabían de Cristo y predicaban en su nombre. Conforme los justos se reunían, ellos edificaban una ciudad, llamada la Ciudad de Enoc, o Sión. La gente allí eran los puros de corazón. Ellos vivían la Ley de Consagración, una ley celestial, de tal manera que no había pobres entre ellos. En un tiempo, el pueblo era tan justo, que el Señor se los llevó y se convirtieron en Seres trasladados

Y Enoc continuó su predicación en justicia al pueblo de Dios. Y aconteció que en sus días él edificó una ciudad que se llamó la Ciudad de Santidad, a saber, Sión.
Y aconteció que Enoc habló con el Señor, y le dijo: Ciertamente Sión morará segura para siempre. Mas el Señor le dijo a Enoc: He bendecido a Sión, pero he maldecido al resto de la gente.
Y aconteció que el Señor le mostró a Enoc todos los habitantes de la tierra; y vio, y he aquí, con el transcurso del tiempo, Sión fue llevada al cielo. Y el Señor dijo a Enoc: he allí mi morada para siempre. (Moisés 7: 19-21).

Antes del diluvio, otros habitantes justos de la tierra fueron escogidos y trasladados, para unirse a los ciudadanos de Sión.

Y Enoc vio que descendían ángeles del cielo, dando testimonio del Padre y del Hijo; y el Espíritu Santo cayó sobre muchos, y fueron arrebatados hasta Sión por los poderes del cielo. (Moisés 7:27).

Desde el cielo, Enoc continuaba teniendo visiones y contemplaba el futuro de la humanidad.

y el Señor le mostró a Enoc todas las cosas, aún hasta el fin del mundo; y el vio el día de los justos, la hora de su redención, y recibió la plenitud de gozo (Moisés 7:67).

El Señor prometió a Enoc que la Sión en los cielos se reuniría con la Nueva Jerusalén en la tierra durante el milenio.

Y justicia enviaré desde los cielos; y la verdad haré brotar de la tierra para testificar de mi Unigénito , de su resurrección de entre los muertos, sí, y también de la resurrección de todos los hombres; y haré que la justicia y la verdad inunden la tierra como con un diluvio, a fin de recoger a mis escogidos de las cuatro partes de la tierra a un lugar que yo prepararé, una Ciudad Santa, a fin de que mi pueblo ciña sus lomos y espere el tiempo de mi venida; porque allí estará mi tabernáculo, y se llamará Sión, un Nueva Jerusalén.
Y el Señor dijo a Enoc: tú y toda tu ciudad los recibiréis allí, y los recibiremos en nuestro seno, y ellos nos verán; y nos echaremos sobre su cuello, y ellos sobre el nuestro, y nos besaremos unos a otros;
y allí será mi morada, y será Sión, la cual saldrá de todas las creaciones que he hecho; y por el espacio de mil años la tierra descansará. (Moisés 7:62-64).

Referencias

  1. Neal A. Maxwell, “Aún Estás Allí”, “Ensign”-revista en inglés, noviembre de 1987, pág. 30
  2. Hugh Nibley, “A Strange thing in the Land: The Return of the Book of Enoc-Algo extraño en la Tierra:El retorno del lIbro de Enoc, Parte 5” “Ensign”-revista en inglés, abril de 1976, pág. 60.
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