Expiación

De MormonWiki

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días enseña que la Expiación de Jesucristo es la doctrina central del gran plan de la vida y salvación. En una ocasión se le preguntó al Profeta José Smith: "¿Cuáles son los principios fundamentales de su religión?". La respuesta del Profeta fue: "Los principios fundamentales de nuestra religión son el testimonio de los apóstoles y profetas concernientes a Jesucristo, que murió, fue sepultado, se levantó al tercer día y ascendió a los cielos; y todas las otras cosas que pertenecen a nuestra religión son únicamente dependencias de esto..." (Enseñanzas del Profeta José Smith. Pág. 141).

En verdad, la misión de Jesús, al final de Su expiación, es el mensaje mas importante del Mormonismo.

No más estará perdido, Usada con autorización, Arte Greg Olsen
No más estará perdido, Usada con autorización, Arte Greg Olsen

Contenido

Por qué fue necesaria la Expiación

Cuando Adán y Eva participaron del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal (Genesis 2:9; 3:1-24), ellos introdujeron la Caída. La Caída de Adán trajo dos tipos de muerte al mundoThe fall of Adam brought two kinds of death into the world: 1) una separación del espíritu del cuerpo físico, o muerte física, y 2) una separación de todas las personas de su perfecto and santo Dios, o muerte espiritual. La Expiación de Jesucristo fue necesaria para superar tanto la muerte física como la muerte espiritual, la muerte física al garantizar la resurrección de la humanidad y la muerte espiritual, al proporcionar una manera para que ellos sean perdonados y purificados, calificando así para entrar en la presencia de Dios.

La expiación, que es el acontecimiento más importante de la historia del mundo, fue lograda a través del sufrimiento de Jesús en el Jardín de Getsemaní y en la cruz. Aunque la mente finita no puede entender por completo cómo Jesús sufrió por nuestros pecados, las escrituras afirman que en el Jardín de Getsemaní, el peso de los pecados de los hombres causaron tal agonía que sangró por cada poro (Lucas 22:39-44).

Después, cuando estaba en la cruz, Jesús sufrió voluntariamente una muerte dolorosa inflingida por uno de los métodos mas crueles que haya concebido el hombre.

El mismo Salvador nos cuenta por qué pasó por esta experiencia: “Porque he aquí, yo ... he padecido estas cosas por todos, para que no padezcan...así como yo;" (Doctrina y Convenios 19:16-17). En otras palabras, aquellos que no aceptan o hacen uso de la expiación que ya se llevó a cabo por ello, deben sufrir por sus propios pecados. La mayor parte de ese sufrimiento es una agonía inextinguible del espíritu, la cual viene cuando ellos se den cuenta de que han ofendido a Dios y deben permanecer eternamente separados de Él.

"Y te vuelvo a decir que no puede salvarlos en sus pecados; porque yo no puedo negar su palabra, y él ha dicho que ninguna cosa impura puede heredar el reino del cielo; por tanto, ¿cómo podéis ser salvos a menos que heredéis el reino de los cielos? Así que no podéis ser salvos en vuestros pecados". (Alma 11:37.
"Mas he aquí, una terrible muerte sobreviene a los inicuos; porque mueren en cuanto a las cosas concernientes a la rectitud; pues son impuros, y nada impuro puede heredar el reino de Dios; sino que son echados fuera y consignados a participar de los frutos de sus labores o sus obras, que han sido malas; y beben las heces de una amarga copa". (Alma 40:26).
"Y nada impuro puede entrar en su reino; por tanto, nada entra en su reposo, sino aquellos que han lavado sus vestidos en mi sangre, mediante su fe, y el arrepentimiento de todos sus pecados y su fidelidad hasta el fin".(3 Nefi 27:19).

La justicia demanda que cuando se quebranta una ley, debe haber una consecuencia. Aquellos que ignoran la expiación, la cual satisfizo las demandas de la justicia, deben, por lo tanto, soportar las consecuencias de sus pecados. Jesus dijo:

"Porque he aquí, yo, Dios, he padecido estas cosas por todos, para que no padezcan, si se arrepienten; mas si no se arrepienten, tendrán que padecer así como yo; padecimiento que hizo que yo, Dios, el mayor de todos, temblara a causa del dolor y sangrara por cada poro y padeciera, tanto en el cuerpo como en el espíritu, y deseara no tener que beber la amarga copa y desmayar. Sin embargo, gloria sea al Padre, bebí, y acabé mis preparativos para con los hijos de los hombres". (Doctrina y Convenios 19:16-19)

Por qué los efectos de la Expiación son condicionales

El significado literal de la palabra “Expiación” en inglés es at-one-ment, que significa la reconciliación de lo que ha sido separado. Dado que Dios garantiza el albedrío de Sus hijos, Él no puede forzarlos a reconocerlo o a seguir Su plan. Muchos de Sus hijos lo rechazan. La Expiación permiten a los hombres y a las mujeres a regresar a la presencia de Dios después de su resurrección, pero sólo si ellos aceptan a Cristo y desean reconciliarse con Dios. Para que se cumpla la Expiación en nuestras vidas, debemos hacer ciertas cosas. Primero, tenemos que tener fe en Cristo; segundo, tenemos que arrepentirnos de nuestros pecados; tercero, tenemos que ser bautizados por alguien que tienen la autoridad del sacerdocio apropiada; cuarto, tenemos que recibir el Don del Espíritu Santo por la imposición de manos y finalmente, tenemos que esforzarnos por obedecer los mandamientos de Dios, hasta nuestros últimos días en la tierra.

Para aquellos que desean tomar los pasos listados antes, Cristo ha pagado la deuda y sufrido las consecuencias de sus pecados. Ellos pueden volver a la presencia de Dios tan puros como si ellos nunca hubieran pecado. El Señor promete que no recordará los pecados que ellos hubieran cometido: "Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados". (Isaías 43:25)

Los Santos de los Últimos Días creen que si los hombres y mujeres hacen estas cosas, los beneficios de la Expiación pueden llegar a sus vidas y permitirles regresar a vivir con Jesucristo y el Padre Celestial por la eternidad. De acuerdo con la doctrina de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, somos salvados por gracia, pero solo después de hacer todo lo que podemos hacer y obedecer los mandamientos de Dios, arrepentirnos de nuestros pecados, y permitir que Su amorosa influencia cambie nuestros corazones para que seamos seres caritativos, y “para que seamos purificados así como El es puro”. (Moroni 7:48)

El Alcance de la Expiación

Cristo no sólo murió para ofrecerse como un rescate por los pecados de la Humanidad, sino que Él tomó sobre Sí todo el dolor, pesar y agonía del alma de cada ser viviente, para que cada hombre pueda encontrar dulce alivio a través de Él.

La Expiación no sólo beneficia al pecador sino a los ofendidos, es decir, a las víctimas. Al perdonar a "aquellos que nos traspasarán" (Traducción de la Biblia de José smith, Mateo 6:13), la Expiación concede paz y consuelo a los que inocentemente han padecido por los pecados de otros. El recurso principal para la curación del alma es la expiación de Jesucristo.
El ofendido debe hacer todo lo posible para superar sus pruebas, y el Salvador socorrerá “a los de su pueblo, de acuerdo con las enfermedades de ellos”(Alma 7:12). Él nos ayudará a llevar nuestras cargas. Algunas heridas duelen tanto y son tan profundas,

que no se pueden curar sin la ayuda de un poder superior y una esperanza en la justicia perfecta y la restitución en la vida venidera. Dado que el Salvador ha padecido todo lo imaginable que nosotros podemos sentir o experimentar, Él puede ayudar a los débiles a fortalecerse. Él lo ha experimentado todo, comprende nuestro dolor y caminará a nuestro lado aun en los momentos más difíciles. (James E. Faust, La Expiación: Nuestra mayor esperanza, Liahona, enero de 2002).

Para hacer nuestra parte, de tal modo que la Expiación pueda curarnos, debemos abrir nuestro corazón y desear olvidar a aquellos que lo han herido. Debemos confiar en el Señor lo suficiente para dejar nuestras cargas a Sus pies.

La capacidad de Jesucristo para realizar el sacrificio

Como el Hijo de Dios, Jesucristo es el único ser que podría haber realizado un sacrificio infinito para expiar por los pecados de la humanidad. Debido a que Él era (y es) el Hijo de Dios, Él tuvo la fortaleza física y espiritual para sufrir por todos nosotros. Ya que era el Hijo de Dios, Él heredó de Su Padre en los cielos, el poder sobre la muerte, y de su madre mortal María, Cristo heredó la habilidad de morir. De modo que Él fue la única persona que podría dar Su vida y luego volverla a tomar en la resurrección. Su resurrección completó Su triunfo sobre la muerte y el pecado.

Jesús en el Jardín de Getsemani Reserva Intelectual
Jesús en el Jardín de Getsemani Reserva Intelectual

Getsemaní y el Gólgota

Frecuentemente, cuando los cristianos (incluyendo a muchos miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días) hablan de la Expiación, enfatizan sus aspectos físicos. A menudo hablan de la corona de espinas que se colocó en la cabeza del Salvador, los latigazos de los soldados romanos, o el dolor que sufrió cuando le colocaron los clavos en sus manos y pies. De seguro estos fueron acontecimientos dolorosos y son aspectos importantes de la Expiación. Sin embargo, también hay una dimensión más espiritual a la redención de Dios.

La noche antes de que fuera crucificado, Jesús fue al Jardín de Getsemaní con Pedro, Santiago y Juan, los tres apóstoles principales. Getsemaní significa “lagar de olivos”. En el lugar, por generaciones se prensan las aceitunas bajo el peso de piedras gigantes para extraer el aceite, una importantes fuente de luz y vida. El sufrimiento expiador de la Luz y Vida del mundo, el Salvador, causó que la sangre sea prensada de cada poro de Su cuerpo bajo el peso aplastante de los pecados del mundo.

Las escrituras indican que cuando Jesús estaba en el Jardín de Getsemaní, El comenzó a sentirse muy triste y apesadumbrado. El dijo a sus apóstoles: “Mi alma esta muy triste, hasta la muerte" (Marcos 14:34). El caminó una cierta distancia de ellos y cayó en el suelo. Luego el Salvador oró fervientemente, llorando a Su Padre "aparta de mí esta copa: Mas no lo que yo quiero, si no lo que tu” (Marcos 14:34-36). Por muchas horas el Señor derramó Su alma en oración y Su sangre goteó al suelo. En un momento un ángel de Dios vino a darle fuerzas y a ayudar al Salvador a completar Su sacrificio. Durante este tiempo desgarrador, Jesús tomó sobre sí todas las enfermedades de toda la humanidad, y entró en un convenio con el Padre y toda la humanidad para asistir a todos que vienen a Él para superar sus pecados o tratos negativos, y remplazarlos con cualidades cristianas positivas. Por eso, la persona que entra en este convenio, de una manera de línea por línea, a través de la gracia y misericordia de Cristo, podrá ser uno con el Padre y su Hijo.

Las escrituras SUD enfatizan que el sufrimiento de Cristo en el jardín, donde Él tomó sobre sí los pecados y el sufrimiento de la humanidad. Uno de los grandes símbolos de la Expiación es la sangre de Jesucristo, que se derramó por todos nosotros. La sangre de Jesucristo es un símbolo del efecto purificador del Espíritu Santo. Cuando ellos son lavados por la sangre de Cristo, o totalmente inmersos en el Espíritu del Señor, ya no tienen más disposición a obrar mal, sino a hacer lo bueno constantemente. (Mosiah 5:2). Aquí están las "buena nuevas" del Evangelio de Jesucristo, y la razón por la que ningún centro de reunión o templo muestra un crucifijo. La Expiación brinda a la humanidad, la promesa o triunfo sobre la muerte, resurrección para todos, la promesa de reunión con Dios y los seres amados por la eternidad, la promesa de gloria eterna, paz y felicidad.

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