Getsemani
De MormonWiki
La doctrina de [[La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días] sostiene que la expiación realizada por nuestro Salvador Jesucristo fue llevada a cabo mediante Su sufrimiento en el Jardín de Getsemaní y por la entrega voluntaria de Su vida en la cruz.
Getsemaní se ubica al pie del Monte de los Olivos, justo en el Valle de Kidron de la “Antigua Ciudad” de Jerusalén. Jerusalén en tiempos de Cristo tenía solamente 230 acres (93 hectáreas) al interior de sus murallas. Un área de una milla cuadrada abarca 640 acres (258 hectáreas). Era una ciudad muy pequeña, sólo con 40,000 habitantes, pero famosa en todo el mundo conocido. Getsemaní era solamente un pequeño lugar al este del Monte del Templo. Fue allí, después de compartir la Pascua con Sus apóstoles, a donde Cristo se retiró a orar. Mateo escribió que un espíritu abatido dominó al Salvador.
- Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera.
- Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo.
- Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú (Mateo 26:37-39).
El sufrimiento que Jesús padeció en el Jardín es incomprensible para el hombre. En Getsemaní, Él tomó sobre Sí todos los pecados, penas y sufrimientos de cada ser humano que había vivido, vivía entonces o alguna vez viviría en la tierra. Él padeció la ira de Dios en nombre de ellos, de manera que si sólo se arrepienten y creen en Su nombre, puedan salvarse de un castigo justo debido a sus pecados y calificar para recibir la misericordia de Dios:
- Así que, te mando que te arrepientas; arrepiéntete, no sea que te hiera con la vara de mi boca, y con mi enojo, y con mi ira, y sean tus padecimientos dolorosos; cuán dolorosos no lo sabes; cuán intensos no lo sabes; sí, cuán difíciles de aguantar no lo sabes.
- Porque he aquí, yo, Dios, he padecido estas cosas por todos, para que no padezcan, si se arrepienten;
- Más si no se arrepienten, tendrán que padecer así como yo;
- Padecimiento que hizo que yo, Dios, el mayor de todos, temblara a causa del dolor y sangrara por cada poro y padeciera, tanto en el cuerpo como en el espíritu, y deseara no tener que beber la amarga copa y desmayar.
- Sin embargo, gloria sea al Padre, bebí, y acabe mis preparativos para con los hijos de los hombres. (Doctrina y Convenios 19:15-19).
El élder Bruce R. McConkie fue un miembro del Quórum de los Doce Apóstoles. Él habló brevemente en la Conferencia General antes de su muerte. Sabía que iba a morir en poco tiempo y este discurso fue su último testimonio. Él dijo lo siguiente:
- No sabemos, no podemos decir, ni ninguna mente mortal puede concebir la plena importancia de lo que Cristo hizo en Getsemaní. Sabemos que sudó grandes gotas de sangre de cada poro, mientras bebía hasta los sedimentos aquella copa tan amarga que su Padre le había dado. Sabemos que sufrió, tanto en cuerpo como en espíritu, más de lo que a un hombre le es posible sufrir con excepción de la muerte. Sabemos que de alguna manera, incomprensible para nosotros, ese sufrimiento satisfizo las exigencias de la justicia, rescató a las almas penitentes de los dolores y los castigos del pecado y puso la misericordia al alcance de aquellos que creyeran en su santo nombre. Sabemos que quedó postrado en el suelo a causa de los dolores y la agonía de una carga infinita, que lo hicieron temblar y desear no tener que beber la amarga copa. Sabemos que un ángel de las cortes de gloria llegó para fortalecerlo en su tribulación. Hasta donde nos es posible averiguar, esa agonía infinita, este sufrimiento incomparable, continuó durante unas tres o cuatro horas.
- … en Getsemaní, veremos al Hijo de Dios rescatar al hombre de la muerte temporal y espiritual que recibió como consecuencia de la Caída. Y finalmente, ante un sepulcro vacío, llegaremos a saber que Cristo nuestro Señor rompió las ligaduras de la muerte y reina para siempre triunfante sobre el sepulcro. De esta manera, la Creación es autora de la Caída; y mediante esta vinieron la mortalidad y la muerte; y por Cristo vinieron la inmortalidad y la vi da eterna. Si no se hubiera llevado a cabo la caída de Adán, la cual trajo consigo la muerte, no hubiera sido posible la expiación de Cristo, mediante la cual se obtiene la vida. Y ahora, en lo que concierne a esta expiación perfecta, realizada mediante el derramamiento de la sangre de Dios, testifico que tuvo lugar en Getsemaní y en Gólgota. Y con respecto a Jesucristo, testifico que es el Hijo del Dios viviente y que fue crucificado por los pecados del mundo. El es nuestro Señor, nuestro Dios y nuestro Rey. Esto lo sé por mí mismo, independiente de cualquier otra persona. Soy uno de Sus testigos, y en un día cercano palparé las marcas de los clavos en Sus manos y en Sus pies y bañaré Sus pies con mis lágrimas. Pero en ese momento mi conocimiento no será más firme de lo que actualmente lo es, de que El es el Hijo Todopoderoso de Dios, que es nuestro Salvador y Redentor, y que solamente recibimos la salvación mediante su sangre expiatoria. [1]


