J. Golden Kimball
De MormonWiki
Jonathan Golden Kimball nació el 9 de junio de 1853 en la Ciudad de Lago Salado, Utah. Fue hijo de Heber C. Kimball y Christeen Golden. Sirvió en la Misión de los Estados del Sur tanto siendo misionero como presidente. Fue ordenado Setenta el 21 de julio de 1886 y fue uno de los Primeros Siete Presidentes el 5 de abril de 1892. Murió en un accidente automovilístico el 2 de septiembre de 1938, cerca de Reno, Nevada, cuando tenía 85 años de edad. Algunos miran a J. Golden como un tipo de héroe popular. Su manera sincera de hablar y su estilo modesto le hacían ganar el cariño de los muchos que le escuchaban hablar. Lo conocían a veces por utilizar el sentido del humor e incluso juraba sutilmente en su discurso. Cuando las emisiones radiales comenzaron, algunas personas estaban preocupadas por su lenguaje (Una vez cuando le preguntaron si estaba temeroso porque su lenguaje haría que lo alejen de la Iglesia, se cuenta que Kimball respondió: ¡No puedo ser separado de la Iglesia; me arrepiento muy endemoniadamente rápido!) Él fue un hombre con sentido del humor, aunque raramente se reía de sus propios comentarios. Existen muchas historias cortas que nos dan una idea de quién era. Él siguió el camino guiado por el Espíritu, aunque en ocasiones parecía estar reñido con las reglas.
Citas e historias
Tres hombres entraron a la oficina de los Setenta en la Ciudad de Lago Salado. “Hermano Kimball”, dijo el interlocutor, “hemos venido por algunos libros”.
“Pero”, respondió el Hermano Kimball, en ese entonces secretario general de los Setenta, “No vendemos libros los domingos”.
“Estamos muy lejos de casa”, insistió uno de los hombres, “y nos gustaría mucho hacer nuestro pedido ¿No habría una posibilidad de que pueda alojarnos?
“Disculpe”, respondió el secretario “me gustaría darles hospedaje. Me doy cuenta de su situación, pero tenemos una regla rígida; ustedes pueden ver que no sería correcto para nuestra oficina hacer negocios los domingos. -¿Cuán grande es su pedido? (Claude Richards, J. Golden Kimball: The Store of a Unique Personality, p. 100)
“Si tuviera un millón de dólares, sería el hombre más codiciado de la Iglesia. ¡Pero no lo tengo-caramba! (Claude Richards, J. Golden Kimball: The Store of a Unique Personality, p. 97)
