Ley de Castidad
De MormonWiki
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, comúnmente llamada Iglesia Mormona, toma una posición firme e inquebrantable respecto del tema de la castidad. La posición tomada por la Iglesia no solamente defiende los Diez Mandamientos y el Evangelio de Cristo, sino también la revelación constante de los últimos días. La Ley de Castidad constituye un aspecto importante en la manera de ver el matrimonio y la familia de un Santo de los Últimos Días, como instituciones santas y sagradas. (Ver La Familia: Una Proclamacion para el Mundo. La Ley de Castidad es simplemente esto: las relaciones sexuales pertenecen a los derechos de un matrimonio legal. Esto implica que no debe haber relaciones sexuales antes del matrimonio, y después del matrimonio sólo debe haber relaciones sexuales entre el esposo y la esposa. El matrimonio, por definición, es la unión legal entre un hombre y una mujer:
- La relación física entre un esposo y una esposa es ordenada por Dios para la procreación de niños y para la expresión del amor dentro del matrimonio: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Génesis 2:24)
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El Don de la Procreación
Los mormones creen que la para procrear es un don otorgado por Dios, de hecho uno de los dones más grandes de Dios. Los mormones creen en un Plan de Salvación, en el que Dios es el padre literal de los espíritus de todos los que moran en la tierra. Los hombres y las mujeres son co-creadores con Dios en proveer cuerpos para Sus hijos espirituales. Dios ha establecido leyes que gobiernan el uso de este sagrado poder. Por el contrario, Satanás, introduce miles de formas para comprometer, arruinar, o corromper el don de la procreación.
- Como lo expresó el Presidente Joseph F. Smith: “La unión sexual es lícita dentro del matrimonio, y si se realiza con una intención correcta es honorable y santificante. Pero sin los lazos del matrimonio, la indulgencia sexual es un pecado degradante, abominable a la vista de la Deidad”. (Doctrina del Evangelio, 5ta. Ed., pág. 309).
Esta cita de un profeta mormón revela mucho sobre la visión Mormona respecto al cuerpo físico. Aun cuando Satanás tienta al hombre a través de sus apetitos carnales y pasiones, los mormones no ven al cuerpo como inherentemente corrupto o malo. El trabajo del hombre en la tierra consiste en gobernar sus apetitos carnales y mantenerlos dentro de los límites que el Señor ha fijado.
Las Consecuencias del Pecado Sexual
Los Mandamientos como la Ley de Castidad no pretenden afligir a la humanidad, sino proteger a los hombres y mujeres de los males que acompañan el quebrantamiento de esta ley.
- Como lo manifestó el Presidente Joseph Fielding Smith, “El cuerpo y el alma de la sociedad de hoy no más se ve tan desfigurada por el aborrecible cáncer como por la temible aflicción del pecado sexual. Ello vicia las mismas fuentes de la vida, y lega sus porquerizos efectos a los por nacer como una herencia de muerte. Ello acecha en las pueblos y en las ciudades, en la mansión y en el muladar como una bestia hambrienta en espera de su presa; y merodea y se esconde por la tierra en desafío blasfemo a las leyes de Dios y del hombre.” (Según se cita en Joseph Fielding McConkie y Robert L. Mollet, Comentario Doctrinal en el Libro de Mormón, 4 vols., vol.3: 5-6, originalmente en el Improvement Era, vol.20, p. 739.)
- Es más: “Como muchas enfermedades del cuerpo, el crimen sexual arrastra consigo un tren de otros males. Tal como los efectos físicos de la bebida conllevan al deterioro del tejido, y la perturbación de funciones vitales, y vuelven al cuerpo sensible a cualquier mal al que pueda ser expuesto, y al mismo tiempo disminuye la capacidad de resistencia hasta una deficiencia fatal, así también es la falta de castidad, expone al alma a enfermedades espirituales profundas, y la sustraen tanto de la capacidad de resistencia como de la de recuperación. La generación adúltera de los días de Cristo estaba sorda a la voz de la verdad, y a través del estado de enfermedad de su mente y corazón, ignoraron las señales y prefirieron oír cuentos vacíos en lugar del mensaje de salvación (Bruce R. Mcconkie, Doctrina Mormona, 2da. Ed., pág.709).
Estas citas proféticas son bastante enérgicas. Aquellos que guardan los mandamientos de Dios reciben la habilidad de ver, de discernir lo correcto de lo incorrecto, de percibir las reales consecuencias del pecado. Los que viven la Ley de Castidad están concientes de que la promiscuidad trae soledad; que la sexualidad mata el romance; que la actividad sexual ilegal mata la confianza y conduce a las mentiras, que la pornografía es adictiva, absorbe la vida de las relaciones humanas, y promueve un comportamiento aberrante: el sexo libre bloquea las emociones y causa enfermedad física y psicológica; y el adulterio arruina las familias.
La Ley Mayor
Regidos por la Ley de Castidad, los mormones están sujetos a la ley mayor de Cristo contemplada en el Nuevo Testamento.
- Oísteis que fue dicho: no cometerás adulterio
- Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. (Mateo 5:27,28)
A los mormones se les anima a evitar todos los pensamientos, intentos, y acciones que provoquen pasiones que conduzcan a una conducta sexual impropia. A ellos se les manda no alimentar emociones que pueden ser expresadas solamente entre esposo y esposa. Un comportamiento orientado a ver pornografía y practicar la masturbación está en contra de la Ley de Castidad. A los mormones se les dice que deben aprender a controlar sus pensamientos y no alimentar sentimientos sexuales antes o fuera del matrimonio. A la juventud mormona se le enseña a evitar los besuqueos, besos apasionados, y tocamientos indebidos. (Ver “Para la Fortaleza de la Juventud”
El Sentimiento de Culpa
Es importante mencionar que, de acuerdo al mormonismo, las víctimas de violación, incesto, u otro abuso sexual, no son culpables de pecado, y necesitan ayuda para sobreponerse de las indeseadas consecuencias del pecado ajeno. Las escrituras confirman estas enseñanzas. Es también importante notar que los pecados sexuales son varios y no todos tienen la misma carga de seriedad y culpa;
- La inmoralidad sexual se compone de ofensas contra Dios de todo tipo y grado. Todas son viles y condenables en su naturaleza, en algunos casos, sin embargo, algunas son peores que otras. “Somos de la opinión que hay mas grados o degrados de pecado asociados con la relación impropia de los sexos que cualesquier otra acción equívoca de la que tengamos conocimiento”. De acuerdo con el élder McConkie, “Todas ellas conllevan una grave ofensa- el pecado contra la castidad, pero en gran número de situaciones este pecado se intensifica con el quebrantamiento de convenios sagrados, a lo que a veces se añade el engaño, la intimidación o inclusive violencia. (Bruce R. McConkie, Doctrina Mormona, 2da ed. pág.708).
El Arrepentimiento del Pecado Sexual
El arrepentimiento del pecado sexual es muy difícil, debido a que es casi imposible restituir. ¿Cómo se podría restaurar la virtud robada? No obstante, por medio de la expiación, se puede limpiar la mancha de la inmoralidad. Los mormones consideran el adulterio un pecado de gran seriedad, después del asesinato. El pecado sexual es grave cuando es cometido por una persona que tiene un conocimiento y entendimiento total de las leyes de Dios, especialmente aquellos que han hecho convenios en el Templo. Su nivel de responsabilidad es diferente de aquellos que han sido desviados por las falsas enseñanzas del mundo y de aquellos que aún no han hecho convenios sagrados, aún cuando estos permanecen en seria violación de la ley:
- “Conforme estos pecados son denunciados y deplorados, por nosotros mismos podemos ver mucha diferencia tanto en intención y consecuencia entre la ofensa de una joven pareja, que , estando comprometidos, en un momento de descuido, sin premeditación, cae en pecado, y de un hombre, quien habiendo entrado a lugares sagrados, y habiendo realizado convenios sagrados, premedita a robar la virtud de la esposa de su prójimo, ya sea con astucia o por fuerza y [quien] logra su vil acción.” (Doctrina del Evangelio, 5ta. Ed., pág. 310)