Libro de Moisés

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Libro de Moisés El Libro de Moisés es un extracto de la revisión inspirada de José Smith de la Santa Biblia, que intenta corregir las cosas que se han perdido a través de los errores de traducción o por cambios deliberados perpetrados a través de los siglos. El Libro de Moisés cubre el período desde Adán hasta Noé, incluyendo el ministerio de Enoc y la edificación de Sión. Se utiliza mucho en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días o Iglesia Mormona—como parte de las Obras Estándar de las escrituras y ofrece muchas contribuciones doctrinales. Se pueden leer gratuitamente en línea here.

Historia del Libro de Moisés

El Libro de Moisés fue escrito por José Smith desde junio de 1830 a febrero de 1831 como el inicio de la Traducción de José Smith de La Biblia. Se publicó como parte de La Perla de Gran Precio en 1851 a solicitud de nuevos Santos de los Últimos Días convertidos en Bretaña. La Perla de Gran Precio es una de las cuatro obras que componen las escrituras del Mormonismo, incluyendo la Santa Biblia, el Libro de Mormón, y la Doctrina y Convenios.

Contenidos del Libro de Moisés

El Libro de Moisés es la traducción inspirada de José Smith del Génesis de los capítulos uno hasta el cinco, como también hasta la mitad del capítulo seis.

Capítulo Uno: Visión de Moisés

El primer capítulo del Libro de Moisés se centra alrededor de una visión que Moisés tuvo y registró, pero que se perdió a la humanidad debido a su iniquidad. Aprendemos más sobre la relación entre el hombre y Dios. Moisés ve el mundo entero en una visión. Por un tiempo, Dios se aparta de Moisés y permite que Satanás lo tiente. Moisés ordena a Satanás que se aparte en el nombre del Unigénito. Satanás se marcha, Dios retorna, y la visión continúa mientras Moisés hace preguntas a Dios.

Capítulos Dos y Tres: La Creación

Aquí la historia de la Creación se repite, básicamente la misma que en la versión del Rey Santiago de la Biblia.

Capítulos Cuatro y Cinco: Adán y Eva, Caín y Abel

Aquí la historia de la Caída de Adán y Eva, así como la mayor caída de Caín y el asesinato de Abel, se narran con mayor detalle que en otras traducciones de la Biblia. Por ejemplo, se aclara que Adán y Eva eran nobles y justos, y que ellos se arrepintieron tan pronto dejaron el Jardín del Edén. Hablando de un tiempo “muchos días” después de que Adán dejara el Jardín, el libro dice: “Y en ese día descendió sobre Adán el Espíritu Santo, que da testimonio del Padre y del Hijo, diciendo: Soy el Unigénito del Padre desde el principio, desde ahora y para siempre, para que así como has caído puedas ser redimido; y también todo el género humano, sí cuantos quieran.” (Moisés 5:9). La tragedia de Caín también muestra que él inició una combinación secreta, o una organización criminal secreta, que también es un tema del Libro de Mormón.

Capítulos seis y Siete: Enoc y Sión

En uno de los pasajes más fascinantes de la escritura revelada por medio del profeta José Smith, el ministerio de Enoc está mucho mejor detallado que en la Biblia tradicional. Estos capítulos del Libro de Moisés muestran que los profetas de la antigüedad sabían que vendría un Redentor y Enoc hasta lo llama por su nombre, Jesucristo. Enoc y sus conversos edificaron una ciudad, “Y el Señor llamó a su pueblo Sión, porque eran de un solo corazón y pensamiento, y vivían en rectitud y no había pobreza entre ellos.” (Moisés 7:18). 365 años después de que Enoc empezara a predicar, Sión alcanzó un grado de rectitud tal que Dios los arrebató a los cielos.

Capítulo ocho: de Matusalén a Noé

El capítulo final de Moisés lleva a la historia del Diluvio, casi lo mismo que en la traducción del Rey Santiago. Sin embargo, existen algunas adiciones y modificaciones que añadan claridad.

Contribuciones Doctrinales

Jesucristo era conocido por los Profetas del Antiguo Testamento

El mormonismo enseña que la verdad es eterna, que existimos y vivimos con Dios antes de nacer en la tierra y que el gran Plan de Salvación de Dios se instituyó antes de que el mundo fuese, con Jesucristo escogido como el Salvador del Mundo. La Perla de Gran Precio enseña que Dios enseñó a Adán respecto al redentor que vendría por nombre, y que todos los profetas después de Adán también sabían y enseñaron del Salvador y Mesías, Jesucristo.

Edificando Sión

Quizás la mayor contribución del Libro de Moisés es la explicación referente a cómo la gente de la antigüedad edificó Sión, la ciudad de la rectitud. Este ha sido un tema importante en la historia de la Iglesia mormona. A los primeros Santos de los Últimos Días se les prometió que ellos construirían Sión en Jackson County, pero el Señor postergó esa bendición cuando el pueblo no fue lo suficientemente fiel. Sin embargo, el tema de congregar a los Santos duró por mucho tiempo, y culminó en la congregación en Utah. Actualmente, sin embargo, los líderes mormones animan a la Iglesia a edificar Sión como sociedades dondequiera que vivan. Un principio importante que se puede aprender del Libro de Moisés es que una sociedad utópica no viene solamente de un sistema ideal. Viene del poder del Espíritu Santo conforme cada persona acepte individualmente a Jesucristo. (Ver el sermón de Enoc en Moisés 6:48-68).

La Caída de Adán

Mientras que la escritura mormona más importante sobre la Caída de Adán y Eva se encuentra en el Libro de Mormón, en 2 Nefi capítulo 2, el Libro de Moisés es también una fuente muy importante para entender las creencias mormonas sobre la Caída. Primero, demuestra que Dios reconocía su libertad de escoger si obedecían o no sus mandamientos. Segundo, demuestra que Adán escuchó el evangelio de los ángeles, se arrepintió, ofreció sacrificio de animales, fue bautizado por agua y por el Espíritu Santo, fue totalmente perdonado, y enseñó el evangelio de Jesucristo a sus hijos. Como mormones, nosotros honramos a Adán y Eva como nuestros nobles y justos primeros padres.

Resistiendo al diablo

El Libro de Moisés proporciona algunos de los mejores ejemplos en toda la escritura sobre cómo funciona la tentación, con la excepción de las tentaciones de Jesús en el desierto. Primero, y más dramáticamente, Moisés resiste al diablo confirmando su identidad personal como un hijo de Dios, rehusándose a creer las mentiras de Satanás, orando por ayuda y arrojando a Satanás en el nombre de Jesucristo. Segundo, Eva sucumbe a compartir el fruto paso por paso—primero mira el fruto, y luego lo come. Tercero, Caín es engañado por el diablo cuando él ofrece un sacrificio al Señor por las razones equivocadas. Finalmente, Enoc y su pueblo escapan del poder de Satanás por medio de la [[Fe] y unidad.

Hijos de Dios

En las conversaciones personales de Moisés con Dios, Dios le dice, “He aquí, tu eres mi hijo… Y tengo una obra para ti, Moisés, hijo mío; y tú eres a semejanza de mi Unigénito…” (Moisés 1:4,6) Como otros cristianos, los mormones creen que cada persona es un hijo de Dios. Esto significa que cada persona tiene algo de divino dentro de sí. El prominente teólogo cristiano C.S. Lewis escribió, “es cosa seria vivir en una sociedad de posibles dioses y diosas, recordar que aún la persona más insignificante con la que uno puede conversar puede un día convertirse en una criatura a la que, si la vieras ahora, podrías sentirte inclinado a adorar, o por el contrario sentir horror y corrupción tal como se vive ahora, como si fuera una pesadilla. De algún modo, nos encontramos todo el día ayudándonos unos a otros a lograr estos destinos. Es a la luz de estas ineludibles posibilidades, y al temor y recato inherentes a ellas, que debemos conducirnos en todos nuestros tratos del uno con el otro, todas las amistades, todos los amores, todos los juegos, toda la política. No existen personas ordinarias. Nunca se ha hablado con un simple mortal. Las naciones, las culturas, las artes, las civilizaciones—estas son mortales, y sus vidas son para nosotros como la vida de un mosquito. Pero es con inmortales con los que bromeamos, con los que trabajamos, con los que nos casamos, a los que rechazamos y explotamos…Al lado mismo del Sacramento Bendecido, tu prójimo es lo más santo que se presenta a tus sentidos.” [1]

Referencias

  1. C.S. Lewis, “El Peso de la Gloria” (New York: Collier Books, Macmillan Publishing Co., 1980), págs. 18-19

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