Muerte Espiritual

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La muerte espiritual es una "separación de la presencia del Señor", la frase utilizada varias veces en las Escrituras para definir el término (2 Nefi 9:6; Alma 42:9; Helamán 14:16). La separación de la presencia del Señor puede significar en realidad una separación de Dios en sí misma o un alejamiento de los caminos de Dios debido a un estilo de vida pecaminoso (como "morir en cuanto a las cosas que atañen a la rectitud"; Alma 12:16, 32; 40:26).

Dos tipos de muerte espiritual

Hay dos formas en que somos apartados o separados de la presencia del Señor, y esta distinción a veces causa confusión. La Guía para el Estudio de las Escrituras hace esta distinción al definir la muerte espiritual como "el estar separado de Dios y de su influencia. En otras palabras, la separación ya sea del Padre Celestial o del Espíritu Santo puede ser llamada "muerte espiritual". Los profetas del Libro de Mormón utilizan las etiquetas "temporal" y "espiritual" cuando delimitan estos dos tipos de separación:

Nuestros primeros padres fueron separados de la presencia del Señor, tanto temporal como espiritualmente (Alma 42:7).
La resurrección… redime todo el género humano de la primera muerte, esa muerte espiritual; porque, hallándose separados de la presencia del Señor por la caída de Adán, todos los hombres son considerados como si estuvieran muertos, tanto en lo que respecta a cosas temporales como a cosas espirituales (Helamán 14:16).

En otras palabras, el estar separados de la presencia del Padre Celestial es una "separación temporal", y el estar separados de la presencia del Espíritu Santo es una "separación espiritual". La separación temporal (de nuestro Padre Celestial) se denomina a veces primera muerte espiritual, o primera muerte (2 Nefi 9:15; Alma 11:45, 12:36, Helamán 14:16; D. y C. 29:41). La separación espiritual (del Espíritu Santo) se denomina a veces segunda muerte espiritual, o segunda muerte (Apocalipsis 2:11; 20:6, 14; 21:8; Jacob 3:11; Alma 12:16, 32; 13:30; Helamán 14:18-19; Doctrina y Convenios 63:17; 76:37). Esta terminología puede haber sido elegida porque se refiere a la secuencia en que ocurren las dos muertes en la vida de todo individuo – primero somos separados de nuestro Padre Celestial cuando llegamos a la tierra para vivir nuestra vida terrenal (la primera muerte); después somos separados por grados del Espíritu Santo cuando pecamos (la segunda muerte).

Es importante entender la definición y la causa de los dos tipos de muerte espiritual, así como cuál tipo de separación es necesaria para nuestro crecimiento y exaltación y cuál no lo es. También es importante entender cómo se resuelve cada separación, y las condiciones que deben cumplirse para que ocurra la resolución.

Separación temporal

Definición

La separación temporal se refiere a la separación de nuestro Padre Celestial de una manera física, en el sentido literal que Él está en el cielo mientras que nosotros estamos aquí en la tierra. Por ejemplo, antes de la Caída, Adán y Eva caminaban y hablaban con Dios el Padre frente a frente, eran capaces de estar en su presencia física. Después de la Caída, experimentaron una separación temporal en el sentido que la tierra cayó y dejaron de estar en su presencia literal; podían conversar con Él en oración, pero "no lo veían" (Moisés 5:4). El élder Earl C. Tingey explica:

La [muerte] espiritual es la separación de la presencia de Dios. Adán y Eva conversaban libremente con Dios en el Jardín del Edén. Después de su transgresión, perdieron ese privilegio. A partir de entonces, la comunicación de parte de Dios venía sólo por medio de la fe y del sacrificio, en conjunto con ruegos sinceros.
En la actualidad, todos estamos en un estado de muerte espiritual; nos encontramos separados de Dios. Él mora en el cielo; nosotros vivimos en la tierra. Queremos regresar a Él.[1]

Causa

Esta separación temporal es causada por la caída de Adán y afecta a todos los descendientes de Adán, incluidos los niños pequeños que no han alcanzado la edad de la responsabilidad. Es decir, todos los descendientes de Adán nacen en un mundo que se encuentra apartado de la morada celestial de Dios el Padre. Al ser un descendiente de Adán, incluso el mismo Jesucristo experimentó esta separación temporal cuando dejó el cielo y vino a la tierra.

Necesidad de

La separación temporal es absolutamente necesaria para nuestro crecimiento eterno y progreso para llegar a ser como Dios. Tenemos que salir de la presencia del Padre para ser probados a fondo. El élder D. Todd Christofferson explica:

Era necesario en el plan de Dios para nuestra felicidad y gloria futura que nos convirtamos en moralmente libres y responsables. Para que esto sucediera, necesitábamos una experiencia separados de él, donde nuestras decisiones determinarían nuestro destino. La caída de Adán proporcionó la muerte espiritual necesaria para separarnos de Dios y colocarnos en esta condición mortal.[2]

Por ello, Alma le dice a su hijo que "no era” prudente que el hombre fuese rescatado de esta muerte temporal, porque esto habría destruido el gran plan de felicidad (Alma 42:8).

Resolución

La separación temporal se vence cuando todas las personas regresan a la presencia de Dios para el juicio. Este retorno no sería posible sin la expiación: "Por motivo de la intercesión hecha por todos, todos los hombres vienen a Dios; de modo que comparecen ante su presencia para que él los juzgue"; "la expiación… lleva a los hombres de regreso a la presencia de Dios; y así son restaurados a su presencia, para ser juzgados" (2 Nefi 02:10, Alma 42:23). En ese momento, están en la presencia física de Dios otra vez, y se vence el aspecto temporal de la muerte espiritual.

El Salvador fue la primera persona en vencer la separación temporal. Esto ocurrió cuando ascendió al cielo después de su resurrección. La magnitud de este evento - un miembro de la raza humana llegando a la morada de Dios, en lugar de permanecer en el mundo espiritual, alejado de de Dios- es enfatizada por los antiguos profetas porque fue tan singular y sin precedentes. Abinadí profetizó no sólo de la Resurrección de Cristo, sino también su Ascensión, y ambos eventos son considerados como importantes doctrinas por otros profetas como Alma y Nefi hijo de Nefi.

Condiciones

Debido a que la separación temporal es impuesta por la Caída de Adán, involuntariamente, sus efectos se vencen de manera incondicional. Samuel el Lamanita enseña que todo el mundo vence esta primera muerte espiritual, sin importar las decisiones que se tomen en la vida, cuando dice: "[Cristo] redime todo el género humano de la primera muerte, esa muerte espiritual;… Cristo redime el género humano, sí, a toda la humanidad, y la trae de vuelta a la presencia del Señor" (Helamán 14:16 - 17). Gerald N. Lund enfatiza la importancia de este punto:

No sólo la redención de Cristo trae la resurrección de todos sin condición, sino que también trae a todos los hombres a la barra de juicio, donde son puestos en la presencia de Dios para presentarse ante Él para ser juzgados. Si nos traen de vuelta a la presencia de Dios, entonces la muerte espiritual, o nuestra separación de Dios, se vence en ese punto. ¿Qué tiene que hacer un hombre para que esto suceda? Absolutamente nada. Es, también, incondicional. Así, los efectos de la Caída de Adán [la muerte física y la separación temporal] son automáticamente redimidos por el Salvador.[3]

Separación espiritual

Definición

La separación espiritual se refiere a la separación del Espíritu Santode una manera espiritual, en el sentido figurado que, dado que el Espíritu Santo es un miembro de la Trinidad, la separación del Espíritu Santo es la separación de Dios. Por ejemplo, antes de pecar, podemos tener libremente la influencia del Espíritu Santo. Después de pecar, el Espíritu Santo se retira y somos apartados del Espíritu, o "separados... espiritualmente...de la presencia del Señor".

Causa

Esta separación espiritual es causada por los pecados individuales - mientras que la primera separación se debe a la Caída, "la segunda es [causada por] nuestra propia desobediencia".[4] La separación espiritual sólo afecta a aquellos que pecan, excluyendo así a los niños pequeños que no han alcanzado la edad de la responsabilidad.

La única excepción a este hecho fue cuando el Salvador voluntariamente experimentó la separación espiritual como parte de la Expiación, aún cuando, sin pecado, Él no lo merecía. El élder Jeffrey R. Holland, explica: "Para que Su expiación fuese infinita y eterna, Él tenía que sentir lo que era morir no sólo física sino espiritualmente, sentir lo que era el alejamiento del Espíritu divino, al dejar que la persona se sintiera total, vil y completamente sola".[5]

Necesidad de

La separación espiritual es absolutamente innecesaria para nuestro crecimiento eterno y progreso para llegar a ser como Dios. Es sinónimo de pecado, y el pecado nunca es necesario para llegar a ser más sabios, más fuertes, o más similares a nuestro Padre Celestial en modo alguno, tal como múltiples profetas han atestiguado. Es por eso que Alma le dice a su hijo que era prudente que el hombre fuese rescatado de esta muere espiritual" (Alma 42:9).

Resolución

Se vence la separación espiritual cuando una persona vuelve y vive en la presencia espiritual de Dios. Recuperamos la presencia del Espíritu Santo en grados a medida que nos arrepentimos y mantenemos los mandamientos, pero el único paso más grande en este retorno sucede a través del bautismo y la recepción del don del Espíritu Santo.

Cuando alguien recibe el don... del Espíritu Santo, él ha vencido la muerte espiritual hasta cierto punto, porque ha llegado a la presencia de un miembro de la Trinidad. El papel del Espíritu Santo, por supuesto, es ayudarnos a continuar en las condiciones previas de esta parte de la Expiación y vencer totalmente la muerte espiritual regresando a la presencia del Padre y el Hijo.[6]

Adán fue el primero en saber y superar la separación espiritual al recibir esta ordenanza:

Adán clamó al Señor, y lo arrebató el Espíritu del Señor, y fue llevado al agua, y sumergido en el agua, y sacado del agua. Y de esta manera fue bautizado, y el Espíritu de Dios descendió sobre él, y así nació del Espíritu, y fue vivificado en el hombre interior (Moisés 6:64 - 65).

Cuando somos bautizados y confirmados, entramos en un convenio que puede potencialmente unirnos al Espíritu Santo y permitirnos disfrutar de su presencia de manera constante. Esta ordenanza y el convenio son los medios que permiten vencer la muerte espiritual.

Condiciones

Debido a que la separación espiritual es causada por las decisiones individuales, de manera voluntaria, sólo vencemos sus efectos condicionalmente, en los términos del arrepentimiento. La resolución de ambas muertes espirituales es posible gracias a la expiación. Sin embargo, aún cuando vencemos la separación temporal incondicionalmente, sólo vencemos la separación espiritual a medida que hacemos y mantenemos los convenios sagrados.

Aquellos que no ejercen la fe, el arrepentimiento, no se bautizan, no reciben el Espíritu Santo y no perseveran hasta el fin no vencen la separación espiritual. Mientras regresan a la presencia temporal de Dios para el Juicio, rechazan el Espíritu Santo, la presencia espiritual de Dios. De este modo, vencen la primera muerte espiritual, pero la segunda muerte espiritual todavía tiene poder sobre ellos, y siguen siendo expulsados de la presencia de Dios. A este estado se le conoce a menudo como la segunda muerte (Apocalipsis 2:11; 20:6, 14; Apocalipsis 21:8; Jacob 3:11; Alma 12:16, 32; Alma 13:30; Helamán 14:18-19; Doctrina y Convenios 63:17; Doctrina y Convenios 76:37). Sin embargo, el Señor hace todo lo posible para darnos a todos la oportunidad de hacer convenios y arrepentirnos, incluso ampliando la oportunidad a aquellos que ya han muerto y que son espíritus que esperan la resurrección y el juicio. Esto garantiza que aquellos que nunca han tenido la oportunidad en el mundo de los mortales, finalmente y con justicia la recibirán.

Comparación de los dos tipos

Separación temporal Separación espiritual Fuente
Definición en las Escrituras "Separación temporal de la presencia del Señor" "Separación espiritual de la presencia del Señor" Alma 42:7; Helamán 14:16
Separación del Padre Celestial
("Dios")
El Espíritu Santo
("sus influencia")
Guía para el Estudio de las Escrituras, "Muerte espiritual"
Causada por La transgresión de Adán Nuestros pecados individuales Leales a la fe, "Muerte, Espiritual"
Necesidad de Completamente necesario (para ser probados y crecer) Completamente innecesario para el crecimiento y la prueba Alma 42:8–9
Vencida durante El juicio final El convenio del bautismo 2 Nefi 2:10; Alma 42:23; Moisés 6:64–65
Condiciones requeridas para vencer Ninguna Arrepentimiento Gerald N. Lund, “Salvation: By Grace or by Works?,” Ensign-revista SUD en inglés, abr. 1981, pág. 17
Presencia tipificada por El rostro del Señor La voz del Señor Génesis 3:8; Deuteronomio 4:12; Enós 1:4, 27; Éter 3:6, 13; Doctrina y Convenios 93:1; Moisés 5:4
Separación tipificada por El infierno El demonio 2 Nefi 9

Por lo tanto, la muerte espiritual puede referirse a cualquiera de las dos separaciones. En las escrituras, la presencia temporal del Señor es a menudo simbolizada por su rostro, y su presencia espiritual es a menudo simbolizada por su voz (véase Génesis 3:08; Enós 1:4, 27; Éter 3:6, 13; Doctrina y Convenios 93: 1; Moisés 5:4).

La separación temporal, la separación de nuestro Padre Celestial, es causada por la transgresión de Adán y afecta a toda su posteridad incondicionalmente, incluso a los niños inocentes. Por lo tanto, se vence incondicionalmente a través de la Expiación, cuando todos, incluso los hijos de la perdición, regresan a la presencia del Padre para ser juzgados.

La separación espiritual, la separación del Espíritu Santo, es causada por los pecados individuales, y sólo afecta a aquellos que son responsables y rompen los mandamientos. Por lo tanto, se vence condicionalmente a través de la Expiación sólo para aquellos que se arrepienten, cuando reciben el don del Espíritu Santo y permanecen en su presencia mediante la continua sumisión a la voluntad de Dios.


Explicaciones simplificadas

Han surgido confusiones en el pasado debido a las simples explicaciones de la muerte espiritual que no entran en tanto detalle como el Libro de Mormón. En muchas explicaciones de la muerte espiritual dentro de las publicaciones de la Iglesia, se da una noción simplificada que sólo representa a la separación espiritual. Es decir, la muerte espiritual se explica como la separación de Dios por causa del pecado, que sólo se vence en las condiciones de fe y arrepentimiento. La separación temporal (causada por Adán y vencida incondicionalmente en el juicio) no se menciona en absoluto como "muerte espiritual".

Según estas explicaciones, todos vencen la muerte física, sin importar lo que hagan, cuando resuciten, mientras que hay ciertos requisitos que las personas deben cumplir para vencer la muerte espiritual. Por ejemplo, el presidente Ezra Taft Benson dijo:

Así fue como llegó a ser nuestro Redentor, al redimirnos a todos de la muerte física, y al redimir de la muerte espiritual a los que obedezcamos las leyes y ordenanzas del Evangelio

Técnicamente, sin embargo, la muerte física no es el único obstáculo que se vence incondicionalmente. La primera muerte espiritual también se vence sin requisitos o condiciones, porque todos regresan a la presencia del Padre para el juicio. Por lo tanto, no es del todo exacto decir que somos sólo nos salvaremos de la muerte espiritual si cumplimos ciertas condiciones. Gerald N. Lund explica por qué este detalle es importante:

El regreso a la presencia condicional de Dios (venciendo la muerte espiritual), cuando nuestra

separación de Él fue causada originalmente por la Caída de Adán, significaría sufrir el castigo por la transgresión de Adán, y éste no es el caso... Así, los efectos de la Caída de Adán [la muerte física y separación temporal] son automáticamente redimidos por el Salvador.[7]

Declaraciones sobre la muerte espiritual como aquella realizada por el Presidente Benson pueden considerarse como una explicación simplificada. Esta explicación no tiene en cuenta el aspecto temporal de la muerte espiritual, ni tampoco aclara el hecho de que somos redimidos de esa separación temporal incondicionalmente (en contraste, el Libro de Mormón aclara ese hecho, como en Helamán 14:16). Esta forma simplificada de enseñanza no debe considerarse inexacta, en cuanto imprecisa o incompleta, como ocurre a menudo cuando se separan doctrinas profundas para que puedan ser entendidas por las personas nuevas en el Evangelio restaurado.

Explicaciones simplificadas de la muerte espiritual como aquella realizada por el Presidente Benson excluyen la separación temporal probablemente debido a la prioridad y conveniencia. Es decir, dado que la separación temporal ya ha sido vencida incondicionalmente por el Salvador (cuando todo el género humano regresa a la presencia del Padre para el juicio), podría parecer redundante explicar un problema que ya ha sido resuelto por completo. Por el contrario, muchas exposiciones doctrinales responden al propósito de persuadir al oyente a fin de que tome decisiones sabias mientras perdura su período de prueba terrenal. Por lo tanto, es más importante explicar la doctrina de la separación espiritual, ya que cada mortal aún tiene que vencerla a través de sus elecciones. Cuando el tiempo del hablante y el espacio del artículo se ven limitados, a menudo se describirá la muerte espiritual como sólo la separación espiritual, omitiendo la descripción técnica más precisa de ésta tanto como separación espiritual y temporal.

Dado que algunos profetas modernos parecen dispuestos a pasar por alto una explicación más técnica, usted se podría preguntar, ¿por qué los antiguos profetas como Samuel el Lamanita, Alma, y Jacob consideraron que vale la pena emplear una parte significativa de sus discursos explicando que se ha vencido incondicionalmente la separación temporal? Una posible razón fue para evitar las prácticas poco ortodoxas como el bautismo infantil (véase Moroni 8). Tal vez algunos nefitas, comprendiendo que los niños experimentaban la muerte espiritual (es decir, la separación temporal) y que era necesario el bautismo para vencer la muerte espiritual (es decir, la separación espiritual), concluyeron que los niños necesitaban ser bautizados. Una manera de detener esta práctica es explicar claramente que hay dos tipos de muerte espiritual. Dado que el bautismo infantil no es un error generalizado entre los santos modernos, puede haber menos necesidad de aclarar este detalle doctrinal.

Otra posible razón es que los antiguos públicos eran más conscientes de su separación temporal de Dios. Al estar más cerca en tiempo y más familiarizados con la historia del Edén o el reino de lo sobrenatural, pueden haber entendido más claramente que la sociedad moderna que algo no estaba bien con la condición humana, y que hemos sido creados para disfrutar de la presencia del Padre. Sintiendo esta verdad, puede haber surgido con mayor frecuencia que en la actualidad la pregunta del por qué estamos separados del Padre antes de que seamos lo suficientemente responsables de hacer cualquier cosa para merecer tal condición. Por lo tanto, sus profetas tendrían que haber abordado la condición al parecer injusta y explicar por qué es vencida incondicionalmente.

Simbolismo en el Tabernáculo

Cuando se entiende que "el rostro del Señor" puede representar la presencia del Padre Celestial, y que "la voz del Señor" puede representar la presencia del Espíritu Santo, se puede reconocer los principios claves para vencer la muerte espiritual en las ceremonias que tuvieron lugar en el antiguo tabernáculo (este simbolismo también está presente en los templos modernos).

Las salas en el tabernáculo simbolizan la presencia de Dios (el Lugar Santísimo) y la forma en que estamos separados de Su presencia tanto de manera temporal ( el Lugar Santo) y espiritual (el Patio).
  • El asiento de la misericordia, el equivalente del trono de Dios donde moraba el mismo Señor, estaba en el Lugar Santísimo"' (Santo de los Santos), la sala posterior más lejana en el tabernáculo. Si una persona se encontrara en esa habitación, sería capaz de ver el rostro de Dios ya que estaría parado directamente en la presencia del Señor.
  • En la sala de al lado, el Lugar Santo, estaba separado del Lugar Santísimo por un velo, una cortina gruesa. Si una persona se encontraba en esa habitación, no podría ver el rostro de Dios, ya que el velo podría bloquear su visión del asiento de la misericordia, donde Dios se sentaba; sin embargo, la persona sería capaz de oír la voz del Señor, ya que sólo una cortina estaría entre ellos.
  • La siguiente área del tabernáculo era el Patio, un recinto al aire libre más allá del Lugar Santo donde los animales eran sacrificados. Si una persona se encontraban en el Patio, no sería capaz de ver el rostro de Dios, ni sería capaz de oír la voz de Dios, ya que ahora estaría demasiado lejos y rodeado del balido de los animales.

Del mismo modo, cuando vivíamos en el cielo antes de esta vida (el Lugar Santísimo), disfrutábamos de la presencia de nuestro Padre Celestial y del Espíritu Santo (viendo su rostro y escuchando su voz). El período de prueba terrenal exige que pasemos al otro lado del velo, donde ya no disfrutamos de la presencia de nuestro Padre Celestial (viendo su rostro). Sin embargo, si nos acercamos a Dios y mantenemos nuestros convenios (de pie en los Lugares Santos), todavía podremos disfrutar de la presencia del Espíritu Santo (escuchando su voz). Si no somos capaces de hacer o mantener los convenios sagrados, permaneciendo "sin Dios en el mundo" (en el patio), perderemos la presencia de nuestro Padre Celestial y del Espíritu Santo (no veremos su rostro ni escucharemos su voz).

En el tabernáculo, con el fin de acercarse al asiento de misericordia (el trono donde Dios se sentaba), dejando el Patio y entrando en el Lugar Santo, una persona tenía que pasar delante del altar del sacrificio. Una vez más, con el fin de abandonar el Lugar Santo y entrar en el Lugar Santísimo, tenía que pasar delante del altar del incienso. Ambos altares nos recuerdan que con el fin de acercarnos más al Señor, tenemos que hacer convenios, sacrificando los pecados que tenemos para escuchar mejor su voz, o tener al Espíritu Santo con nosotros con más fuerza. Mientras estemos en la vida terrenal, la presencia de nuestro Padre Celestial siempre será velada para nosotros. Pero al final, si hemos escuchado su voz, venciendo la separación espiritual, estaremos preparados para cruzar el velo en los reinos celestiales donde Él mora y veremos su rostro, venciendo la separación temporal y disfrutando de su presencia personal para siempre.


Referencias

  1. Earl C. Tingey, “El gran plan de felicidad”, Liahona, mayo de 2006, p. 72–74
  2. D. Todd Christofferson, “Moral Agency,” Ensign-revista SUD en inglés, junio de 2009, p. 46– 53.
  3. Gerald N. Lund, “The Fall of Man and His Redemption,” The Book of Mormon: Second Nephi, the Doctrinal Structure, p. 95–96
  4. Leales a la fe, Death, Spiritual
  5. Jeffrey R. Holland, "Nadie estuvo con Él," Liahona, mayo de 2009.
  6. Gerald N. Lund, "Salvation: By Grace or by Works?,” Ensign-revista SUD en inglés, abril de 1981, pág. 17
  7. Gerald N. Lund, “The Fall of Man and His Redemption,” The Book of Mormon: Second Nephi, the Doctrinal Structure, p. 95–96