Nacido de nuevo
De MormonWiki
En la Biblia, en el libro de Juan, se registra que Jesús enseñaba a un hombre llamado Nicodemo, que era un fariseo y autoridad entre los judíos. Aún cuando Nicodemo debe haber tenido un amplio conocimiento de la Ley Mosaica, parece haber tenido un conocimiento muy pobre de las obras del espíritu.
- Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos.
- Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.
- Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.
- Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?
- Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.
- Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del espíritu, espíritu es.
- No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de Nuevo.
- El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; más ni sabes de donde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del espíritu. (Juan 3: 1.8, cursiva agregada).
Nicodemo debe haber tenido algún entendimiento en cuanto a “nacer del agua”, porque los judíos practicaban un ritual de inmersión, no solamente para los convertidos, sino para limpieza después de ciertos períodos de impureza, y para prepararse para las festividades. Jesús enseñó a Nicodemo sobre la naturaleza del Espíritu, o Espíritu Santo, usando un juego de palabras. La palabra para “viento” en hebreo es “ruach.” La palabra para Espíritu Santo es “ruach hakodesh,” o “viento santo”. Cristo aludió al hecho de que el espíritu atrae al espíritu; las personas que tienen el espíritu con ellas, siguen al espíritu y se inclinan hacia las cosas espirituales.
- Cuando escoges seguir a Cristo, escoges ser cambiado. “Ningún hombre,” dijo el Presidente David O. McKay“, puede sinceramente resolver aplicar a su vida diaria las enseñanzas de Jesús de Nazaret sin experimentar un cambio en su propia naturaleza. La frase “nacer de nuevo” tiene un significado más profundo que el que mucha gente le atribuye. Este sentimiento cambiado puede ser indescriptible, pero es real.” (En Informe de la Conferencia, abril de 1962, pág.7.)
- Nuestro Señor dijo a Nicodemo que “a menos que un hombre naciere de Nuevo, no podría ver el reino de Dios” (Juan 3:3). De estas palabras el Presidente Spencer W. Kimball dijo: “Esta es la simple y total respuesta a la mayor de todas las preguntas… Para ganar la vida eterna tiene que haber un renacimiento, una transformación.” (En Informe de la Conferencia, abril de 1958, pág. 14.)
- El Presidente McKay dijo que Cristo apeló a una “revolución total” del “ hombre interior” de Nicodemo. “Su manera de pensar, sentir, y actuar con referencia a las cosas espirituales tendrían que concluir en un cambio fundamental y permanente.” (En Informe de la Conferencia, abril de 1960, pág. 26) [1]
- Ahora os digo que debéis arrepentiros y nacer de nuevo; pues el Espíritu dice que si no nacéis otra vez, no podéis heredar el reino de los cielos. Venid, pues, y sed bautizados para arrepentimiento, a fin de que seáis lavados de vuestros pecados, para que tengáis fe en el Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo, que es poderoso para salvar y para limpiar de toda iniquidad. (Alma 7: 14).
El Señor siempre ha requerido que los hombres nacieran de Nuevo, que se volvieran “nuevas criaturas,” que depongan al hombre natural y al hombre carnal, y que desearan hacer el bien continuamente. El Arrepentimiento y el Bautismo son los primeros pasos, ambos nacen del deseo de reconciliarse con Dios y sujetarse del poder redentor de la expiación de Cristo. La escritura anterior es del Libro de Mormón, de Alma, quien fue él mismo un vil pecador. El pasó por el amargo arrepentimiento y verdaderamente nació de nuevo:
- porque, dijo él, me he arrepentido de mis pecados, y el Señor me ha redimido; he aquí, he nacido del Espíritu.
- Y el Señor me dijo: No te maravilles de que todo el género humano, sí, hombres y mujeres, toda nación, tribu, lengua y pueblo, deban nacer otra vez; sí, nacer de Dios, ser cambiados de su estado carnal y caído, a un estado de rectitud, siendo redimidos por Dios, convirtiéndose en sus hijos e hijas;
- y así llegan a ser nuevas criaturas; y a menos que hagan esto, de ningún modo pueden heredar el reino de Dios. (Mosíah 27: 24-26).
Se nos ha instruido que debemos: “[Venir] a Cristo, y [perfeccionarnos] en él, y [abstenernos] de toda impiedad” (Moroni 10:32), convertirnos en “nuevas criaturas” en Cristo (véase 2 Corintios 5:17), despojarnos del “hombre natural” (Mosíah 3:19), y experimentar “un potente cambio en nosotros, o sea, en nuestros corazones, por lo que ya no tenemos más disposición a obrar mal, sino a hacer lo bueno continuamente” (Mosíah 5:2). Tengan a bien notar que la conversión que se describe en esos versículos es potente, no pequeña; es un nacimiento espiritual y un cambio fundamental en lo que sentimos y en lo que deseamos, en lo que pensamos, en lo que hacemos y en lo que somos. En efecto, la esencia del evangelio de Jesucristo supone un cambio fundamental y permanente en nuestra naturaleza, lo cual es posible a través de nuestra dependencia en “los méritos, y misericordia, y gracia del Santo Mesías” (2 Nefi 2:8). Al escoger seguir al Maestro, escogemos cambiar, para nacer de nuevo espiritualmente. [2]
Alma dijo:
- Y ahora os digo que este es el orden según el cual soy llamado, sí, para predicar a mis amados hermanos, sí, y a todo el que mora sobre la tierra; sí, a predicar a todos, ora ancianos o jóvenes, ora esclavos o libres; sí, os digo, a los de edad avanzada y también a los de edad mediana y a la nueva generación; sí, para declararles que deben arrepentirse y nacer de nuevo. (Alma 5:49).
- Porque ciertamente como tú vives, he aquí, he visto a mi Redentor; y vendrá, y nacerá de una mujer, y redimirá a todo ser humano que crea en su nombre. (Alma 19:13).
“El renacimiento spiritual descrito en este versículo realmente no ocurre de manera rápida o todo de inmediato; es todo un proceso—no un suceso aislado. Línea por línea y precepto por precepto, gradualmente y casi imperceptiblemente, nuestros motivos, nuestros pensamientos, nuestras palabras, y nuestros hechos se alinean con la voluntad de Dios. Esta fase del proceso de transformación requiere tiempo, persistencia, y paciencia. Empezamos el proceso de nacer de nuevo por medio del ejercicio de la fe en Cristo, arrepintiéndonos de nuestros pecados, y siendo bautizados por inmersión para la remisión de pecados por aquel que tenga la autoridad del sacerdocio.
- ”Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.” (Romanos 6:4).
“Y después que salimos de las aguas del bautismo, nuestras almas necesitan ser continuamente sumergidas y saturadas con la verdad y la luz del evangelio del Salvador. La inmersión esporádica y superficial en la doctrina de Cristo y una participación parcial en Su Iglesia restaurada no puede producir la transformación espiritual que nos permite caminar en una vida nueva. En cambio, la fidelidad en los convenios, la constancia del compromiso, y el ofrecimiento de toda nuestra alma a Dios son esenciales si queremos recibir las bendiciones de la eternidad.
- “ Y ahora bien, mis amados hermanos, quisiera que vinieseis a Cristo, el cual es el Santo de Israel, y participaseis de su salvación y del poder de su redención, Sí, venid a él y ofrecedle vuestras almas enteras como ofrenda, y continuad aunando y orando, y perseverad hasta el fin; y así como vive el Señor, seréis salvos. (Omni 1:26).
“Una total inmersión y saturación con el evangelio del Salvador son los pasos esenciales en el proceso de nacer de Nuevo.” [3]
“Todos los que se humillen ante Dios, y deseen bautizarse, y vengan con corazones quebrantados y con espíritus contritos, y testifiquen ante la iglesia que se han arrepentido verdaderamente de todos sus pecados, y que están dispuestos a tomar sobre sí el nombre de Jesucristo, con la determinación de servirle hasta el fin, y verdaderamente manifiesten mediante sus obras que han recibido el Espíritu de Cristo para la remisión de sus pecados, serán recibidos en su iglesia por el bautismo. (Doctrina y Convenios 20:37). El bautismo por inmersión en agua es “la ordenanza introductoria del evangelio, y debe ser seguida por el bautismo del Espíritu para estar completa. El beneficio total del perdón de los pecados de la Expiación del Salvador empieza con el arrepentimiento y el bautismo y luego se expande después de recibir el Espíritu Santo. Como dijo Nefi:
- El bautismo es la puerta, “y después viene la remisión de sus pecados por fuego y por el Espíritu Santo (2 Nefi 31:17).
“La puerta bautismal abre el camino para convenios adicionales y bendiciones por medio del sacerdocio y las bendiciones del templo. El don trascendental del Espíritu Santo, junto con la membrecía en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, se otorga por la confirmación, por la imposición de manos por aquellos que tienen la autoridad del sacerdocio.” [4]
- Enséñalo pues, a tus hijos, que es preciso que todos los hombres, en todas partes, se arrepientan, o de ninguna manera heredarán el reino de Dios, porque ninguna cosa inmunda puede morar allí, ni morar en su presencia; porque en el lenguaje de Adán, su nombre es Hombre de Santidad, y el nombre de su Unigénito e el Hijo del Hombre, sí, Jesucristo, un justo Juez que vendrá en el meridiano de los tiempos.
- Que por causa de la transgresión viene la caída, la cual trae la muerte; y como habéis nacido en el mundo mediante el agua, y la sangre, y el espíritu que yo he hecho, y así del polvo habéis llegado a ser alma viviente, así igualmente tendréis que nacer otra vez en el reino de los cielos, del agua y del Espíritu, y ser purificados por sangre, a saber, la sangre de mi Unigénito, para que seáis santificado de todo pecado y gocéis de las palabras de vida eterna en este mundo, y la vida eterna en el mundo venidero, sí, gloria inmortal. (Moisés 6:57,59).
Referencias
- ↑ Ezra Taft Benson, “ Nacido de Dios,” “Ensign”, julio de 1989, pág 2.
- ↑ David A. Bednar, “Os es necesario nacer de Nuevo,” “Liahona”, mayo 2007, pág.19-22
- ↑ lbid.
- ↑ James E. Faust, “Nacer de Nuevo,” “Liahona”, mayo de 2001, pág. 54.[1]
Enlaces externos
"Experimentando un cambio de corazón", por Élder Keith K. Hilbig
