Pascua
De MormonWiki
La Pascua en la Iglesia Mormona es una época en la que los miembros vuelcan su atención a la infinita y eterna Expiación de Jesucristo. “Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo”. (Lucas 24:39). Aquellos que odiaban al Salvador y lo crucificaron creen que le han dado fin para siempre. Sin embargo, este fue el Hijo de Dios y mediante Su muerte vino la resurrección y la seguridad de la vida eterna.
Los mormones creen en la resurrección literal del cuerpo. Presentan esta cita:
- “…Jesús murió en la cruz… Su espíritu se separó literal y realmente de Su cuerpo… y fue sólo por el poder de Dios que pudo ser vuelto a la vida. Creemos que en verdad moriremos, y que el espíritu –esa parte inmortal del hombre, que existió antes de que se formara el cuerpo, y que existirá y continuará viviendo después de que el cuerpo se haya descompuesto, ese espíritu tomará de nuevo este tabernáculo de elemento terrestre, inmortalizado, sin embargo, y destinado a servirle como una cobertura adecuada por toda la eternidad”. 1
Ningún mortal puede realmente comprender la agonía por la cual el Salvador pasó desde el principio al fin de Su sufrimiento en Getsemaní y en la cruz. Aquellos que lo amaban, que lo buscaban para pedirle guía, que recibían instrucción a Sus rodillas, ahora lo bajaban de la cruz y colocaban su cuerpo en una tumba sellada. Él les enseñó sobre su cercana muerte y Resurrección, pero ellos no le comprendieron totalmente. Después de Su muerte, ellos sólo se sintieron desesperados y desconsolados.
Cuando pasó el día de reposo Judío vino un nuevo día, un día que iba a ser el Día del Señor –La Pascua. Entristecidos y temerosos de que el Señor hubiera sido llevado de su tumba, María corrió al discípulo Simón Pedro. Leemos:
- “Los [discípulos] vinieron corriendo, y sus temores fueron confirmados. Desconsolados miraron y luego “volvieron los discípulos a los suyos. Pero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro; y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto. Y le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto. Cuando había dicho esto, se volvió, y vio a Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús.
Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré. Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboni! (que quiere decir, Maestro). Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.
Ella que lo había amado tanto, ella que había sido sanada por Él, fue la primera a quien Él apareció. Luego siguieron otros, aún, como Pablo declara, hasta 500 hermanos a la vez. Ahora los apóstoles comprendieron lo que Él había tratado de enseñarles. Tomás, palpando Sus heridas, declaró: ¡Señor mío, y Dios mío!” 2
Es a través de este gran suceso que empezamos a comprender el milagroso amor y misericordia del Señor Jesucristo. Él es el Hijo de Dios quien, por Su eterno poder, venció a la muerte. Él es el Redentor del Mundo que dio Su vida por cada uno de nosotros. Él es nuestro consuelo y sustento en la vida y nuestra esperanza a medida que nosotros o los demás nos acercamos a la puerta de la muerte. Podemos regocijarnos de que el cuerpo mortal y el espíritu se reunirán otra vez y tendrán la oportunidad de la vida eterna gracias a Su gran sacrificio expiatorio y Resurrección.
Un maravilloso himno cantado por las congregaciones de Santos de los Últimos Días declara: “Asombro me da el amor que me da Jesús. Confuso estoy por Su gracia y por Su luz, y tiemblo al ver que por mí Él su vida dio; por mí, tan indigno, Su sangre Él derramó. Cuán asombroso es que por amarme así muriera Élpor mí. Cuán asombroso es lo que dio por mí.” 3
- "Informe de la Conferencia General, Abr 1912, pg. 124-26
- "La Santa Biblia"; Juan 20:2,10-17,28; I Corintios 15:16, 55
- "Himnos" “Asombro me da", pg.118

