Perdón
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El perdón es el acto de perdonar a un ofensor o una ofensa. Cuando se usa en las escrituras puede significar una forma vertical de perdón, Dios perdonando a un hombre, o una forma horizontal de perdón, el hombre perdonando al hombre. Cuando el hombre recibe el perdón de Dios, este perdón se hace posible solamente mediante la Expiación de Jesucristo.
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La doctrina del perdón de Dios
La necesidad de perdón de Dios viene de ofender a Dios al cometer un pecado, o actuar en forma contraria a la voluntad de Dios. Todos tenemos necesidad del perdón, ya que todos hemos pecado (Eclesiastés 7:20; Romanos 3:23). El perdón viene como un resultado del arrepentimiento (Doctrina y Convenios 58:42) y es solamente posible gracias a la Expiación de Jesucristo (Mosíah 4:2, Doctrina y Convenios 60:7)
Recibir el perdón de Dios
Tal vez el primer elemento necesario para recibir el perdón de Dios es el arrepentimiento [1] (Doctrina y Convenios 138:19). Además del arrepentimiento y junto a éste, otras cosas parecen ser importantes para recibir el perdón por nuestros pecados. Éstas incluyen el reconocimiento de nuestros pecados (Salmos 32: 5), un deseo de adorar a Dios sobre cualquier cosa o cualquier persona (Josué 24: 19), la oración (1 Nefi 7:21, Enós 1: 5) y el perdón a los que nos han ofendido (Lucas 6:37], Doctrina y Convenios 82: 1).
Es interesante señalar que si bien la oración y el reconocimiento del pecado están estrechamente vinculados con la doctrina del arrepentimiento, el principio por el cual se perdona a otros con el fin de obtener la remisión es único para el perdón. A continuación se considera el perdonar a otros por sus pecados u ofensas en contra de nosotros.
Se puede encontrar muchos ejemplos de perdón a lo largo de las Escrituras, incluyendo el perdón de Dios a [[Adan y Eva | Adán], Moisés, Pablo, Alma, José Smith y muchos otros. Otro ejemplo que puede ser útil considerar es Enós, cuyo breve relato se puede encontrar en el Libro de Mormón.
Enós, [2] el hijo del profeta Jacob y el sobrino de Nefi, salió a cazar en los bosques y mientras cazaba, comenzó a reflexionar sobre las enseñanzas de su padre en cuanto a la felicidad y la vida eterna. A medida que reflexionaba, comenzó a sentir una necesidad de orar a Dios, lo cual hizo. Después, Enós recibió la confirmación de que Dios le había perdonado sus pecados, pero no antes de que se sometiera a lo que él llamó una "lucha" con Dios "después de clamar todo el día". Para Enós, el perdón era algo que realmente tenía que desear y por lo que tenía que trabajar además de las medidas que había tomado anteriormente para arrepentirse. Enós 1
Los efectos del perdón de Dios
Cuando una persona obtiene el perdón de Dios, el perdón es absoluto y total. Es tan total que es probable que Dios "olvide" nuestros pecados [3] (Hebreos 8:12), D. y C. 58:42). Además, se compara el pecado con el acto de tomar algo manchado de rojo grana y limpiar completamente la mancha para conseguir un color blanco puro, como la nieve (Isaías 1 : 18).
El perdón del hombre
Como se mencionó anteriormente, un requisito para el perdón que es independiente de los requisitos del arrepentimiento es perdonar a otros. En cuanto a perdonar a otros, las Escrituras enseñan a los hombres a perdonar a aquellos que verdaderamente se arrepienten de las cosas que han hecho (Mosíah 26:29), sin importar quienes sean (Doctrina y Convenios 64:10) o cuantas veces hayan ofendido (Mateo 18:21), Doctrina y Convenios 98:40Moroni 6:8). Si bien una lectura estricta de las Escrituras sugiere que la humanidad sólo está obligada a perdonar a alguien 490 veces, el contexto sugiere que el Salvador intentó enseñar que el perdón no es algo que esté sujeto a un número, como los estudiosos religiosos del tiempo de Cristo intentaron hacer. Estar "contando" el número de veces que una persona fue perdonada, va en contra del principio de perdón mediante el cual se "olvida" la ofensa.
El hecho de no perdonar a otros impacta en la capacidad individual de recibir el perdón. El Salvador enseñó muy claramente que si una persona no está dispuesta a perdonar a otros, esa persona no será perdonada (Mateo 6:15], 3 Nefi 13:14).
El Salvador enseñó una parábola valiosa en relación con el principio que se encuentra detrás del perdonar a otros. Él habló de un rey que descubrió que uno de sus siervos le debía una gran cantidad de dinero, y ordenó que todas las pertenencias del siervo fueran vendidas o incautadas para pagar la deuda. El siervo le suplicó al rey más tiempo, y el rey, teniendo compasión, le perdonó la totalidad de la deuda.
Este mismo siervo dejó al rey y, con el tiempo encontró a alguien que le debía dinero, aunque se trataba de una cantidad menor. De la misma manera que el siervo inicial suplicó misericordia, este deudor también suplicó misericordia. Lamentablemente, la súplica llegó a oídos sordos, y el siervo inicial mandó al deudor, que le debía una pequeña cantidad, a la prisión. Esta información llegó hasta el rey, quien se enojó con el siervo. El rey advirtió que si él estuvo dispuesto a perdonar una gran cantidad de dinero, el sirvo debería estar dispuesto a perdonar una cantidad de dinero menor al deudor. Entonces, el rey revocó su compasión y perdón y entregó al siervo a los “verdugos” hasta que pagase todo lo que le debía.
El Salvador termina la parábola diciendo claramente a sus discípulos, "Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas” (Mateo 18:35).
Pecados que no cumplen los requisitos del perdón
Existen algunos casos lamentables en los que personas han cometido pecados que no cumplen los requisitos del perdón. Se entiende que estos "pecados imperdonables" son el negar al Espíritu Santo (Marcos 3:29) y el homicidio.
El negar al Espíritu Santo
El negar al Espíritu Santo requiere más que un simple endurecimiento del corazón al Espíritu Santo[4] y el testimonio que sólo viene mediante la fe. El Profeta José Smith enseñó que para pecar contra el Espíritu Santo, una persona "debe haber recibido el Espíritu Santo, deben habérsele manifestado los cielos, y después de haber conocido a Dios, pecar contra Él. Después que un hombre ha pecado contra el Espíritu Santo, no hay arrepentimiento para él. Tiene que negar a Jesucristo cuando se le han manifestado los cielos, y renegar del Plan de Salvación mientras sus ojos están viendo su verdad”. [5]. Cuando se compara esta declaración con la descripción de Pablo sobre el pecado imperdonable en Hebreos 6:4-6 y Doctrina y Convenios 76:35, se puede tener una idea de los grandes conocimientos necesarios para cometer el pecado de negar al Espíritu Santo. Se necesita un conocimiento especial, más allá de la fe, que el Salvador es real, que él es el Hijo de Dios, etc. Al rechazarlo después de tener en cuenta este conocimiento certero, es como si en realidad crucificáramos nuevamente al Salvador, que sería derramar la sangre más inocente. Véase Doctrina y Convenios 132:27 para una explicación más detallada sobre las consecuencias del derramamiento de sangre inocente, después de tener el conocimiento más explícito. Es en este aspecto donde los que pecan contra el Espíritu Santo difieren de los soldados romanos que crucificaron al Salvador. Su creencia en su divinidad, si en realidad creían, se habría basado en la fe; el conocimiento necesario para negar al Espíritu Santo parece ser un conocimiento verdadero de la realidad y la divinidad del Salvador. La naturaleza de los grandes conocimientos necesarios para negar el testimonio del Espíritu Santo es tal que pocos obtienen dicho testimonio en su estado de prueba. Las escrituras modernas mencionan a un sólo ser mortal que ha calificado para ser considerado "[[Hijos de Perdición|Hijos de Perdición]", y ése es Caín.
Homicidio
El homicidio, o el tomar de manera ilícita una vida inocente, ocupa el segundo lugar después del negar al Espíritu Santo en términos de pecados imperdonables. Es el segundo luego del ya mencionado pecado debido a una ligera diferencia en las Escrituras relacionada con la consecuencia del homicidio.
Es evidente que una persona que asesina después de haber entrado en el Nuevo y sempiterno Convenio no tendrá su nombre escrito en el Libro de la Vida del Cordero (Doctrina y Convenios 132:13). Sin embargo, Alma 39: 6 narra que a las personas que asesinan, “…”no les es fácil” obtener perdón"(énfasis agregado). La descripción de Alma de que “no les es fácil” obtener perdón es ligeramente diferente a muchas de las otras escrituras relacionadas con la consecuencia de homicidio que sugieren que quizás existan algunos casos raros en los se pueda perdonar el homicidio. Está claro; sin embargo, que aquellos que han entrado en los convenios sagrados y los violan al tomar ilegalmente una vida inocente, no estarán en condiciones de recibir un perdón de Dios por homicidio.
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