Planchas de Bronce

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Las Planchas de Bronce fueron grabadas con escrituras antiguas, muchas de ellas coinciden con los libros del Antiguo Testamento que el profeta Lehi y su familia llevaron a la tierra prometida de las Américas.

Estas planchas se encontraban en posesión de Labán, un sabio élder de Jerusalén. Nefi explica que “Labán también era descendiente de José, por lo que él y sus padres habían llevado los anales” (1 Nefi 5:16). Aunque a Lehi, un profeta que alerta a Judá antes de la cautividad babilónica, se le advirtió huir al desierto con su familia por motivos de seguridad, el Señor mandó a los hijos de Lehi que regresaran a Jerusalén para obtener las planchas.

Aunque la información sobre el origen de las planchas de bronce es escasa, el Libro de Mormón proporciona muchos detalles relacionados con el contenido de las mismas. Según Nefi, las planchas de bronce contenían los libros de Moisés y la ley mosaica (véase 1 Nefi 4:15-16; 1 Nefi 5:11), los cuales vinculan a los nefitas con sus parientes del Viejo Mundo tanto en prácticas culturales como en creencias. Además contenían la genealogía de los padres de Lehi, la descendencia de José (véase 1 Nefi 5:14), los cuales relacionan la colonia de Lehi genealógicamente con Abraham, Isaac y Jacob, por lo tanto perpetuán el pacto patriarcal –“las promesas hechas a los padres” (Doctrina y Convenios 2:2; Historia de José Smith 1:39)– en un nuevo hemisferio. Por último, las planchas contenían un amplio relato de los pueblos del Antiguo Testamento y los acontecimientos de la Biblia (véase 1 Nefi 5:12-13; 1 Nefi 13:23), aunque sólo se encuentran unos pocos pasajes valiosos de este relato en el Libro de Mormón.[1]
Entre estos relatos se encuentran las enseñanzas de cuatro profetas que no se mencionan en la Biblia: Zenos, Zenock, Neum, y Ezias. Sabemos muy poco acerca de estos hombres, sólo conocemos que vivían “desde los días de Abraham” (Helamán 8:19). Estamos conscientes de su existencia debido a que sus palabras u obras son en muchos casos citados o mencionados por los líderes nefitas.

Lehi y su familia llevaron las planchas con ellos todo el camino a la “tierra prometida” en las Américas.

El rey Benjamin [posteriormente] explicó a sus hijos que “si no fuera por estas planchas, que contienen estos anales y estos mandamientos, habríamos padecido en la ignorancia, aun ahora mismo, no conociendo los misterios de Dios” (Mosíah 1:3).

Cuando el padre del rey Benjamin, Mosíah, descubrió el pueblo de Mulek, que también había huido de Jerusalén a las Américas, su lengua se había convertido en corrupta y no tenía nada de la palabra de Dios.

De igual manera, Alma explicó a su hijo Helamán que las planchas de bronce “han ensanchado la memoria de este pueblo, sí, y han convencido a muchos del error de sus caminos, y los han traído al conocimiento de su Dios para la salvación de sus almas”(Alma 37:8).

... las planchas de bronce contenían escritos de [José, quien fue vendido en Egipto], los mismos que no figuran en la Biblia. Cuando Lehi en su vejez habló y bendijo a su hijo José, recordó numerosos convenios que el Señor había hecho con José... incluida la promesa “de que del fruto de sus lomos el Señor Dios levantaría una rama justa a la casa de Israel; no el Mesías, sino una rama…sería recordada en los convenios del Señor”(2 Nefi 3:5).
Lehi también citó muchas profecías de José acerca del registro que la semilla de José escribiría, un gran José que traduciría aquel registro en los últimos días, y también acerca de Moisés. Las profecías se refieren a la posteridad de Lehi a través de la restauración del evangelio y la traducción del Libro de Mormón (Véase 2 Nefi 3:6-24). Nefi añade un detalle a estas palabras, diciendo: “Porque he aquí, él verdaderamente profetizó acerca de toda su posteridad; y no hay muchas profecías mayores que las que él escribió. Y profetizó concerniente a nosotros y nuestras generaciones venideras; y está escrito en las planchas de bronce”(2 Nefi 4:2).

Considerando que las profecías del Antiguo Testamento de Cristo a menudo son veladas, los profetas de las planchas de bronce son audaces al dar testimonio de la venida de Jesucristo y son específicas en cuanto a su ministerio. Ofrecen abundantes pruebas de las palabras del Salvador a sus apóstoles: “que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos” (Lucas 24:44; véase también Lucas 24:25-27; Doctrina y Convenios 20:6-26). [2]

Referencias

  1. Robert L. Millet, “The Plate fo Brass: A Witness of Christ”, “Las planchas de bronce: un testigo de Cristo”, “Ensign”,revista en inglés, enero de 1988, pág. 26.
  2. Ibid.