Planchas de Oro
De MormonWiki
Las Planchas de Oro o “Planchas Doradas” (también mencionadas sarcásticamente como la “Biblia de oro”) constituyen el material por medio del cual el antiguo profeta americano Mormón escribió su resumen del registro de su pueblo. El hijo de Mormón, Moroni, enterró las Planchas de Oro en la tierra del Cerro Cumorah, en donde fueron encontradas por José Smith, quien supo de su ubicación por revelación e instrucciones del ángel Moroni. Después las planchas de oro fueron traducidas por José Smith de los textos originales que estaban en Egipcio reformado y luego publicadas como las escrituras que conocemos hoy en día como el Libro de Mormón.
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Descripción de las Planchas
José Smith dijo que los registros antiguos estaban grabados (esculpidos) en planchas que tenían la apariencia de oro, cada plancha tenía seis pulgadas de ancho y ocho pulgadas de largo, y no tan gruesas como la hojalata común. Estaban llenas de grabados, en caracteres egipcios, y unidas en un volumen como las hojas de un libro, con tres anillos que sujetaban el tamaño total. El volumen tenía como seis pulgadas de grosor, y una parte del mismo estaba sellado. Los caracteres en la parte no sellada eran pequeños, y bellamente grabados (esculpidos). Todo el libro mostraba muchas marcas de antigüedad en su construcción y mucha destreza en el arte de esculpir.
La planchas de las que José tradujo el Libro de Mormón se conocen como las “las planchas de oro” y las “planchas doradas” indistintamente ya que no se conoce con exactitud de que estaban hechas. (El término “Biblia de oro” también se utiliza pero con una connotación negativa.) Las críticas se orientan a lo expresado por José debido a que parece haber contradicciones históricas en cuanto a que si las planchas fueron realmente hechas de oro puro. La narración escrita de José menciona “planchas de oro,” pero otras veces solamente dice que “tenían apariencia de oro”. Existe mucha especulación en cuanto a si las planchas de oro estaban hechas de oro “puro”, en lugar de una aleación; ya que si hubieran sido de oro puro probablemente habrían sido demasiado pesadas para que alguien las pudiera cargar.
De cualquier forma, las planchas de oro siguen siendo una curiosidad de la religión mormona y un símbolo de las obras milagrosas del Señor.
La recepción de las Planchas
En 1820, José Smith tuvo su Primera Visión en la que vio a Dios el Padre y a Jesucristo. Unos años después fue visitado por un ángel que se identificó a sí mismo como Moroni y le habló de un registro antiguo. A José se le mostró la ubicación de las planchas de oro en esta visión. Después de cuatro visitas anuales del ángel Moroni, a José Smith se le confió las planchas y el Urim y Tumim para realizar la traducción.Las planchas de oro se recibieron en horas de la mañana del 22 de septiembre de 1827 (como 8 meses después de su matrimonio con Emma Hale el 18 de Enero). José se prestó un caballo y un vagón de un tal Sr. Knight. En el cerro Cumorah se reunió con Moroni, quien le dio instrucciones finales y una advertencia, “que yo sería responsable de ellas; que si las descuidaba y las perdía, o por cualquier otra negligencia mía, sería desechado; pero que si hacía todos mis esfuerzos para conservarlas hasta que, el mensajero, viniera a pedirlas, serían protegidas.”
José no mostró las planchas de oro a nadie sino hasta después que habían sido traducidas, aun cuando mucha gente, incluidos amigos y familiares, manipularon las planchas a través de las mantas con las que él las había ocultado. Poco después de que él había obtenido las planchas, se dispersaron rumores de su existencia en toda el área. Hubo muchos intentos por robar las planchas pero José las mantuvo muy bien escondidas.
Las planchas de oro fueron apartadas de José Smith por un tiempo cuando Martin Harris, quien estuvo trabajando como escribiente, perdió las primeras 116 páginas de la traducción mientras las tenía en su casa para mostrárselas a su esposa. El ángel Moroni se llevó las planchas y el Urim y Tumim hasta que José se arrepintiera por su descuido. Cuando José las recibió de nuevo a Martín Harris no se le permitió más servir como escribiente. La traducción se completó con Oliver Cowdery como escribiente, en cuyo tiempo se devolvió las planchas de oro al ángel. Desde aquel entonces mucha gente ha hablado respecto a la ubicación de las planchas de oro. La explicación más aceptada es que se encuentran en poder de Dios.
Las Planchas de Oro después de la traducción
Después de que se completó la traducción, se señalaron varios testigos para testificar de la veracidad del Libro de Mormón. El ángel mostró las planchas a tres testigos. Y José Smith mostró las mismas a ocho testigos más y les permitió tocarlas y examinarlas. Cada testigo juró por la autenticidad del Libro de Mormón y nunca se retractaron de su testimonio mientras vivieron. Sus testimonios están impresos en cada copia del Libro de Mormón.
La última ubicación conocida de las planchas de oro nos la da Brigham Young en el Diario of Discursos:
El 17de Junio de 1877, Brigham Young relató lo siguiente: “Viví en el mismo campo en donde se encontraron las planchas y de donde se tradujo el Libro de Mormón y yo sé muchas cosas referentes a ese campo. Creo que me tomaré la libertad de decirles de otra circunstancia que será tan maravillosa como nada puede ser. Se trata de un incidente en la vida de Oliverio Cowdery, que él no se tomó la libertad de contarlas en reunión como yo lo hago.
“Les cuento estas cosas, y tengo un motivo para hacerlo. Deseo llevarlas a los oídos de mis hermanos y hermanas, y también de los niños, para que crezcan en el entendimiento de algunas cosas que parecen estar completamente escondidas de la familia humana. Oliverio Cowdery fue con el Profeta José cuando él depositó estas planchas. José no tradujo todas las planchas; hubo una porción de ellas que estaba sellada, lo que ustedes pueden saber por el Libro de Doctrina y Convenios. Cuando José obtuvo las planchas, el ángel le indicó que las llevara de regreso al Cerro Cumorah, lo que cumplió.
“Oliverio dice que cuando José y Oliverio fueron allí, el cerro se abrió, y que entraron a una cueva, en la que había un espacio grande y cómodo. Cuenta que en el momento no pensó, si los alumbraba la luz del sol o una luz artificial, pero que estaba tan iluminado como a la luz del día. Ellos colocaron las planchas en una mesa; era una mesa grande que se hallaba en el cuarto. Debajo de esta mesa había una pila de planchas, tantas como de unos dos pies de alto, y que habían muchas más planchas que juntas probablemente llenarían varias cargas de vagón; se encontraban apiladas en las esquinas y a lo largo de las paredes.
“La primera vez que fueron allí la Espada de Labán colgaba de la pared; pero cuando volvieron a ir había sido colocada sobre la mesa cruzando las planchas de oro; estaba desenvainada, y en ella se leía: “esta espada nunca será enfundada otra vez hasta que los reinos de este mundo lleguen a ser el reino de nuestro Dios y su Cristo”. Les cuento que esto no proviene solamente de Oliverio Cowdery, sino de otros que sabían de esto, y que lo entendieron…Me tomo la libertad de referirme a estas cosas para que no las olviden y se pierdan”. (Diario de Discursos 19, 38)
Hubo muchas mujeres que vieron las planchas de oro y han registrado sus experiencias en sus diarios. La hermana menor de José, Katherine, informó que cuando trajo por primera vez las planchas de oro a su casa, después de haber sido atacados por varios asaltantes desconocidos en el camino, ella tomó el paquete que contenía las planchas de él y las puso sobre una mesa hasta que él pudo recuperar el aliento.
Su esposa Emma, en una entrevista con su hijo José III en 1879, describió sus propias experiencias con las planchas de la siguiente manera:
- P. ¿Estás segura de que [José] tenía las planchas en el momento en que estabas escribiendo para él?
- R. Las planchas a menudo permanecían en la mesa sin intención alguna de ocultarlas, envueltas en un pequeño mantel de lino, el cual yo le había dado para envolverlas. Una vez sentí las planchas, ya que estaban en la mesa, siguiendo su contorno y forma. Parecían ser flexibles como papel grueso, y crujían con un sonido metálico cuando los bordes eran movidos por el pulgar, al igual que uno pasa las hojas de un libro con el pulgar. [Otra aparte de esta misma entrevista aparece en la “Liahona” de Octubre de 2011, págs. 8-9].
En 1842, un visitante de Nauvoo escribió acerca de una conversación con la madre de José, Lucy Mack Smith, en la que ella afirmó: “Yo misma he visto y palpado las planchas de oro; son casi de ocho pulgadas de largo, y seis de ancho; algunas de ellos están selladas entre sí y no se pueden abrir y algunas de ellas están sueltas. Están todos unidos por un anillo el cual pasa por medio de un agujero al final de cada plancha, y están cubiertos con letras hermosamente grabadas”. Sin embargo, otros relatos dicen que Lucy vio las planchas sólo cuando estaban envueltas en la manta, y las sintió en esa condición.
Cuando José, Emma y Oliverio se mudaron con la familia Whitmer para terminar la traducción, la madre en ese lugar, Mary Musselman Whitmer, vio que su carga de trabajo había aumentado significativamente. Su nieto contó la historia de esta manera:
- Mi abuela al tener tantas personas extra por las cuales velar, además de su propia numerosa familia, a menudo estaba sobrecargada de trabajo a tal punto que sentía era todo un agobio. Una tarde, cuando (después de haber hecho su trabajo diario normal en la casa) fue al establo a ordeñar a las vacas, se encontró con un extraño [identificado en otra versión como Moroni] cargando algo en su espalda que parecía una mochila. Al principio estaba un poco asustada de él, pero cuando él le habló en un tono amable y amistoso, y empezó a explicarle la naturaleza del trabajo que se estaba llevando a cabo en su casa, se llenó de un inexplicable gozo y satisfacción. Luego desató su mochila y le mostró un grupo de planchas, que por el tamaño y apariencia correspondían a la descripción posteriormente dada por los testigos en el Libro de Mormón. Esta persona extraña pasó las hojas del compendio de planchas, hoja por hoja, y también le mostró los grabados sobre ellos; luego de lo cual le dijo que sea paciente y tenga fe en llevar su carga un poco más, prometiéndole que si hacía eso, sería bendecida; y que su bendición sería segura, si se mantenía fiel hasta el final. El personaje de pronto desapareció con las planchas, y a dónde fue, ella no podría decir. Desde ese momento mi abuela era capaz de realizar sus tareas hogareñas con comparable facilidad, y no sintió más inclinación a murmurar a causa de su dura carga.
La mayoría de estos relatos anteriores se pueden encontrar en John W. Welch, ed., Opening the Heavens: Accounts of Divine Manifestations, 1820-1844 (Abriendo los Cielos: Relatos de Manifestaciones Dividas. Provo: Prensa de la Universidad Brigham Young, 2005).

