Plenitud del evangelio

De MormonWiki

La palabra “Evangelio” proviene del griego eu que significa “bueno” y angelion que significa “noticia” y quiere decir literalmente el buen aviso o la buena noticia. Las Buenas Noticias sobre Jesucristo es que Él sufrió por nuestros pecados, murió y resucitó de entre los muertos. Esto constituye la Expiación de Jesucristo a través de la cual toda la humanidad puede salvarse en el Reino de los Cielos gracias a la fe, al arrepentimiento, al bautismo, la imposición de manos para comunicar el don del Espíritu Santo y la perseverancia en rectitud hasta el final. El Libro de Mormón por lo general se refiere a éste como la Doctrina de Cristo.

Contenido

La plenitud del Evangelio de Jesucristo

Los mormones enseñan que la plenitud del Evangelio o las enseñanzas plenas del Evangelio necesarias para la salvación y la exaltación, así como la autoridad de realizar el bautismo y los convenios que Dios hace con el hombre, se perdieron en la tierra en los siglos posteriores a la muerte y resurrección de Cristo, y además que estas enseñanzas y esta autoridad fueron restauradas a través de los profetas de los tiempos modernos comenzando con José Smith. Una parte de la restauración consistía en el llamamiento de profetas que reciben directamente la revelación de Dios y difunden verdades a sus seguidores, predican el arrepentimiento al mundo y confieren la autoridad para llevar a cabo las ordenanzas que pueden sellarse tanto en la tierra como en el cielo. De igual manera, una parte de la restauración fue la aparición del Libro de Mormón, que el Señor entregó para aclarar y exponer con mayores detalles esta doctrina esencial. En una revelación dada a José Smith, Jesucristo dijo, "Los élderes, presbíteros y maestros de esta iglesia enseñarán los principios de mi evangelio, que se encuentran en la Biblia y en el Libro de Mormón, en el cual se halla la plenitud del evangelio” (Doctrina y Convenios 42:12).

El Libro de Mormón explica lo que significa esta plenitud. Poco después de su resurrección, Jesucristo apareció ante algunos de los antiguos habitantes de las Américas y dijo lo siguiente:

He aquí, os he dado mi evangelio, y “éste es el evangelio que os he dado: que vine al mundo a cumplir la voluntad de mi Padre, porque mi Padre me envió”. Y mi Padre me envió para que fuese levantado sobre la cruz; y que después de ser levantado sobre la cruz, pudiese atraer a mí mismo a todos los hombres, para que así como he sido levantado por los hombres, así también los hombres sean levantados por el Padre, para comparecer ante mí, para ser juzgados por sus obras, ya fueren buenas o malas; y por esta razón he sido levantado; por consiguiente, de acuerdo con el poder del Padre, atraeré a mí mismo a todos los hombres, para que sean juzgados según sus obras. Y sucederá que cualquiera que se arrepienta y se bautice en mi nombre, será lleno; y si persevera hasta el fin, he aquí, yo lo tendré por inocente ante mi Padre el día en que me presente para juzgar al mundo. Y aquel que no persevera hasta el fin, éste es el que también es cortado y echado en el fuego, de donde nunca más puede volver, por motivo de la ajusticia del Padre (…)” Y “nada impuro puede entrar en su reino; por tanto, nada entra en su reposo, sino aquellos que han clavado sus vestidos en mi sangre, mediante su fe, y el arrepentimiento de todos sus pecados y su fidelidad hasta el fin”. (3 Nefi 27:13-17, 19).

Esto describe los elementos básicos del Evangelio:

  1. Jesús vino al mundo a cumplir la voluntad del Padre.
  2. La voluntad del Padre fue que Jesús muriera en la cruz y condujera a los hombres a Él mediante la Expiación y Resurrección.
  3. Los hombres regresarán al Padre para ser juzgados por sus obras.
  4. Aquellos que tengan fe, se arrepientan, se bauticen y perseveran hasta el fin podrán lograr que la expiación actúe para ellos y podrán recibir la exaltación.

El Apóstol Pablo dijo algo muy similar acerca de la naturaleza básica y el énfasis del Evangelio. Dijo a los corintios: “Nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura” (1 Corintios 1:23). Para los romanos dijo: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego” (Romanos 1:16). A través del poder del Evangelio, el sacrificio expiatorio de Jesucristo se activa en la vida de una persona y se limpia de todo pecado. Esta es la buena noticia que eleva los corazones adoloridos, trae esperanza a los desesperados, conforta y restaura almas perdidas y hace posible cada cosa buena. Esta es la base de las enseñanzas de la Iglesia Mormona. El profeta José Smith dijo:

Los principios fundamentales de nuestra religión son el testimonio de los apóstoles y de los profetas concernientes a Jesucristo: que murió, fue sepultado, se levantó al tercer día y ascendió a los cielos; y todas las otras cosas que pertenecen a nuestra religión son únicamente apéndices de eso. Pero en relación con esos principios creemos en el Don del Espíritu Santo, en el poder de la fe, en disfrutar de los dones espirituales de acuerdo con la voluntad de Dios, en la restauración de la casa de Israel y en el triunfo final de la verdad” (José Smith, Historia de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 7 vol. 3:30)

El cuarto Artículo de Fe de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (Iglesia Mormona) dice:

Creemos que los primeros principios y ordenanzas de Evangelio son: primero, Fe en el Señor Jesucristo; segundo, Arrepentimiento; tercero, Bautismo por Inmersión para la remisión de los pecados; cuarto, Imposición de Manos para comunicar el Don del Espíritu Santo.

Esto representa el fundamento básico del Evangelio de Jesucristo como lo enseña la Iglesia Mormona. Una persona debe realizar estos pasos para tener un convenio con Cristo y entrar al camino que conduce a la vida eterna.

Fe

La fe es más que creer que Jesús existe, significa creer en Él cuando Él dice que usted será perdonado de sus pecados y salvo en su Reino. Esta fe incluye dos partes:

  1. La creencia de que a todos los que viven en la Tierra se les otorgará la salvación de la muerte física (resurrección física) a través de la Expiación.
  2. Que la salvación del pecado (o muerte espiritual) se obtiene mediante el arrepentimiento sincero, lo cual resulta en el perdón del pecado a través de Su misericordia y del seguir las enseñanzas y mandamientos de Jesucristo.

Se anima a que los mormones desarrollen su fe a través del estudio, la oración, el servicio y la obediencia a los mandamientos de Dios. La fe es una forma de obrar y perfila el carácter, junto con el milagro de la Expiación de Cristo. El Libro de Mormón aborda cómo desarrollar la fe (Alma 32:18-43). Se comienza por ser humilde y aprender fácilmente. Si uno es arrogante, el Espíritu de Dios no puede obrar dentro de él. A continuación se encuentra el deseo de creer. El Libro de Mormón compara esto al hecho de plantar una semilla y regarla. Una persona siembra las semillas deseando creer en Jesucristo y en el Libro de Mormón, que enseña de Él. La semilla se nutre a través de la oración, el estudio de las Escrituras, el servicio a los demás y guardando los mandamientos. A medida que se hace esto, el Espíritu Santo entrará en el corazón y sabrá que lo que está estudiando y haciendo es verdadero.

Arrepentimiento

Una vez que una persona comienza a desarrollar la fe, el siguiente paso es el arrepentimiento. El arrepentimiento es un maravilloso regalo de un Padre amoroso en el Cielo. A través del arrepentimiento se puede superar las debilidades y avanzar más allá de los errores que se han cometido en el pasado.

Una persona debe reconocer sus errores y debilidades para arrepentirse. Debe asumir la responsabilidad de sus propias acciones y reconocer que lo que hizo lastimó a otros y ofendió a Dios. Luego, debe abandonar el pecado. Esto significa que debe dejar de hacerlo y nunca regresar a él nuevamente. La persona debe, si es posible, hacer restitución. Esto significa que si uno roba algo debe devolverlo o pagar a la persona por lo que tomó. Si una persona mintió o hirió los sentimientos de alguien debe disculparse. La restitución no siempre es posible, pero uno siempre debe disculparse y pedir perdón a los se ha ofendido o lastimado. Dios es capaz de curar todas las heridas, y cuando uno confía en Él, puede perdonar. Por último, hay que pedir perdón a Dios a través de la oración.

Cuando una persona ha hecho esto, recibe la siguiente promesa de Dios:

He aquí, quien se ha arrepentido de sus pecados es perdonado; y yo, el Señor, no los recuerdo más. Por esto sabréis si un hombre se arrepiente de sus pecados: He aquí, los confesará y los abandonará (Doctrina y Convenios 58:42-43, p. 106)

Cuando alguien se ha arrepentido sinceramente tiene la promesa de Dios, y Dios no puede mentir, de que es perdonado. Para estar limpio de todos los pecados y convertirse en una nueva criatura en Cristo, debe seguirse el arrepentimiento con el bautismo. Sin embargo, ya que todos continúan cometiendo errores deben arrepentirse durante toda su vida y dirigirse continuamente a Dios para pedir fuerza y perdón. A través del sacramento, en el que los mormones participan todos los domingos, los miembros renuevan los convenios contraídos en el bautismo y, por lo tanto, renuevan la limpieza del Espíritu Santo. Doctrina y Convenios de la Iglesia Mormona dice:

Sí, arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros para la remisión de sus pecados; sí, bautizaos en el agua, y entonces vendrá el bautismo de fuego y del Espíritu Santo. He aquí, de cierto, de cierto os digo, éste es mi evangelio; y recordad que deberán tener fe en mí, o de ninguna manera podrán salvarse; y sobre esta roca edificaré mi iglesia; sí, sobre esta roca estáis edificados, y si perseveráis, las puertas del infierno no prevalecerán contra vosotros (Doctrina y Convenios 33:11-13)

Ya que este Evangelio es la roca sobre la cual se edifica la Iglesia Mormona, éstos son los primeros pasos que toman los conversos a la fe mormona. Después de la fe y el arrepentimiento, una persona se bautiza por inmersión para la remisión de los pecados.

Bautismo

El bautismo por inmersión es un símbolo de la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo. El Apóstol Pablo dijo: “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección” (Romanos 6:3-5) El bautismo también sirve como un signo del convenio con Jesucristo para ser llamados su pueblo, servirlo y mantener Sus mandamientos hasta la muerte. Los mormones lo denominan convenio bautismal, e incluye:

  1. Tomar el nombre de Jesucristo y convertirse en uno de Su pueblo.
  2. Llevar las cargas los unos de los otros.
  3. Llorar con los que sufren y consolarlos.
  4. Ser testigo de Dios en todo tiempo y en todo lugar.
  5. Servir a Dios y guardar Sus mandamientos.(Véase Mosíah 17:8-10)

A cambio Dios promete que los que mantienen sus convenios bautismales:

  1. Recibirán una gran parte de Su Espíritu Santo.
  2. Serán redimidos (o se salvarán).
  3. Se levantarán en la primera resurrección, la resurrección de los justos.
  4. Heredarán la Vida Eterna.

Dado que una persona debe practicar la fe siguiendo los mandamientos y arrepintiéndose de sus pecados, los mormones no bautizan a los niños hasta que éstos alcancen la edad de la responsabilidad, la que se considera aproximadamente a los ocho años.

El bautismo en agua para la remisión de los pecados

Cuando una persona es bautizada se compromete a seguir a Jesucristo. Aquellos que se bautizarán llevan puesta ropa blanca como símbolo de humildad y pureza. La persona que bautiza debe tener el Sacerdocio, que es la autoridad de Dios para llevar a cabo las ordenanzas en la Iglesia. Todos los miembros adultos dignos de sexo masculino de la Iglesia Mormona pueden ser ordenados al sacerdocio. La oración para el bautismo es sencilla y directa. El oficiante sostiene su brazo derecho levantado, inclina su cabeza y dice:

Habiendo sido comisionado por Jesucristo, yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Entonces, el oficiante sumerge a la persona completamente en el agua para simbolizar la muerte del antiguo ser, el sepulcro y la resurrección prometida mediante Jesucristo.

Bautismo por Fuego y el Espíritu Santo

El bautismo en realidad está compuesto de dos partes: el bautismo en el agua y el bautismo por fuego. Juan el Bautista dijo: "Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego” (Mateo 3:11). Es a través del bautismo del Espíritu Santo que una persona se limpia de sus pecados. En la Iglesia Mormona, esta ordenanza se llama confirmación, y por lo general se realiza en los servicios dominicales la semana posterior al bautismo, o a la "orilla del agua" (inmediatamente después del bautismo).

En la confirmación también llamada imposición de manos, un poseedor del sacerdocio coloca sus manos sobre la cabeza del nuevo miembro y le da una bendición. Él llamará a la persona por su nombre y a través de la inspiración del Espíritu Santo, confirmará a la persona como un miembro de la Iglesia. Entonces el poseedor del sacerdocio actúa como un vehículo para otorgar el don del Espíritu Santo, lo que significa el derecho a tener el Espíritu Santo como un compañero constante. Por último, pronuncia bendiciones y promesas a medida que el Espíritu le inspira y, a continuación, finaliza en el nombre de Jesucristo.

Perseverar hasta el final

Jesucristo dijo a sus discípulos: "estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mateo 7:14). El bautismo en el nombre de Jesucristo es la puerta que conduce al Camino. El Libro de Mormón enseña esto más claramente:

Porque la puerta por la cual debéis entrar es el arrepentimiento y el bautismo en el agua; y entonces viene una remisión de vuestros pecados por fuego y por el Espíritu Santo. Y entonces os halláis en este estrecho y angosto camino que conduce a la vida eterna; sí, habéis entrado por la puerta; habéis obrado de acuerdo con los mandamientos del Padre y del Hijo; y habéis recibido el Espíritu Santo, que da testimonio del Padre y del Hijo, para que se cumpla la promesa hecha por él, que lo recibiríais si entrabais en la senda (2 Nefi 31:17-18).

Una vez que la persona esté en el camino, debe continuar en el camino que conduce a la Vida Eterna. Los mormones llaman a esto perseverar hasta el final. Nuevamente, el Libro de Mormón proporciona una buena explicación sobre esto. Dice:

Por tanto, debéis seguir adelante con firmeza en Cristo, teniendo un fulgor perfecto de esperanza y amor por Dios y por todos los hombres. Por tanto, si marcháis adelante, deleitándoos en la palabra de Cristo, y perseveráis hasta el fin, he aquí, así dice el Padre: Tendréis la vida eterna (2 Nefi 31:20)

Uno debe perseverar con firmeza en la obediencia a los mandamientos de Jesucristo, estando lleno de esperanza y amor. Debe deleitarse en las palabras de Cristo, lo que significa que debe seguir estudiando Sus palabras en las Escrituras y dadas por revelación mediante los profetas vivientes. Esto corresponde a lo que el Apóstol Pablo dijo cuando hablaba sobre la fe, la esperanza y la caridad (véase 1 Corintios 13).

Perseverar hasta el fin no quiere decir que los mormones esperan ser perfectos. Parte de la perseverancia es seguir mejorando uno mismo a través del arrepentimiento, siempre que algo no esté en armonía con la voluntad de Dios. Debido a que las personas continúan cometiendo errores, el Señor ha proporcionado una forma de renovar los convenios. Todos los domingos, los mormones participan de la Santa Cena, por lo general llamado Eucaristía o Cena del Señor en otras iglesias. La Santa Cena consiste de pan partido y agua para simbolizar el cuerpo y la sangre de Jesucristo. Para los mormones creyentes, esto representa una renovación de los convenios y los compromisos contraídos en el bautismo y una oportunidad de meditar sobre la misión expiatoria de Jesucristo.

Perseverar hasta el final también requiere servir a los demás. El Libro de Mormón enseña "para que sepáis que cuando os halláis al servicio de vuestros semejantes, sólo estáis al servicio de vuestro Dios” (Mosíah 2:17). Una persona persevera al crecer en los atributos divinos. El élder Dallin H. Oaks, un Apóstol de la Iglesia Mormona dijo:

El apóstol Pablo enseñó que se nos han dado las enseñanzas y los maestros del Señor para que todos podamos alcanzar "la medida de la estatura de la plenitud de Cristo" (Efesios 4:13). Ese proceso implica más que la adquisición de conocimiento. No es siquiera suficiente para nosotros estar convencidos de la veracidad del Evangelio; debemos actuar y pensar a fin de ser convertidos por medio de él. A diferencia de las instituciones del mundo, que nos enseñan a saber algo, el Evangelio de Jesucristo nos desafía a llegar a ser algo (“El desafío de lo que debemos llegar a ser”, Conferencia General, Octubre 2000)

Además, dice:

De tales enseñanzas concluimos que el juicio final no es simplemente una evaluación de la suma total de las obras buenas y malas, o sea, lo que hemos hecho. Es un reconocimiento del efecto final que tienen nuestros hechos y pensamientos, o sea, lo que hemos llegado a ser. No es suficiente que cualquiera tan sólo actúe mecánicamente. Los mandamientos, las ordenanzas y los convenios del Evangelio no son una lista de depósitos que tenemos que hacer en alguna cuenta celestial. El Evangelio de Jesucristo es un plan que nos muestra cómo llegar a ser lo que nuestro Padre Celestial desea que lleguemos a ser.

Pedro dijo algo similar en su epístola. Él exhortó en su época a los seguidores justos de Cristo a ser “participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia” (2 Pedro 1:4). Para hacer esto, él dice, nosotros debemos “añadir a nuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor (2 Pedro 1:5-7)

El Libro de Mormón describió a una persona que perseveró justamente. Su nombre fue Éter y fue un profeta para las personas débiles. Sobre él, el Libro de Mormón dice:

Porque aclamaba desde la mañana hasta la puesta del sol, exhortando a los del pueblo a creer en Dios para arrepentimiento, no fuese que quedaran destruidos, diciéndoles que por medio de la fe todas las cosas se cumplen: de modo que los que creen en Dios pueden tener la firme esperanza de un mundo mejor, sí, aun un lugar a la diestra de Dios; y esta esperanza viene por la fe, proporciona un ancla a las almas de los hombres y los hace seguros y firmes, abundando siempre en buenas obras, siendo impulsados a glorificar a Dios (Eter 12:3-4)

Este camino de esperanza y fe en Dios que lleva a los hombres a hacer el bien es el camino estrecho del que Jesús habló, el mismo que nos conduce a la vida eterna, lo cual es conocer a Cristo y a Dios (véase Juan 17:3) porque seremos semejantes a ellos (1 Juan 3:2). Entonces, mediante el poder de la Expiación y la Resurrección de Jesucristo, aquellos que siguieron este camino serán limpiados de sus pecados y llevados finalmente al cielo para habitar para siempre con Cristo y Dios.

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