Primera Visión
De MormonWiki
En su juventud, José Smith ocupaba su tiempo ayudando en los oficios de la casa, oficios necesarios para mantener constante el orden, la limpieza, y el alimento en la meza. Lucy, su madre, relata que el joven José se inclinaba a la meditación y que a menudo pensaba en el bienestar de su alma. La preocupación mas grande del joven era averiguar cual de todas las iglesias era la correcta, tal como lo expresó con sus propias palabras: “Durante estos días de tanta agitación, invadieron mi mente una seria reflexión y gran inquietud; pero no obstante la intensidad de mis sentimientos, que a menudo eran punzantes, me conservé apartado de todos estos grupos, aunque concurría a sus respectivas reuniones cada vez que la ocasión me lo permitía. Con el transcurso del tiempo llegué a inclinarme un tanto a la secta metodista, y sentí cierto deseo de unirme a ella, pero eran tan grandes la confusión y la contención entre las diferentes denominaciones, que era imposible que una persona tan joven como yo, y sin ninguna experiencia en cuanto a los hombres y las cosas, llegase a una determinación precisa sobre quién tenía razón y quién no… “Agobiado bajo el peso de las graves dificultades que provocaban las contiendas de estos grupos religiosos, un día estaba leyendo la Epístola de Santiago, primer capítulo y quinto versículo, que dice:
Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.“
Ningún pasaje de las Escrituras jamás penetró el corazón de un hombre con más fuerza que éste en esta ocasión, el mío. Pareció introducirse con inmenso poder en cada fibra de mi corazón. Lo medité repetidas veces, sabiendo que si alguien necesitaba sabiduría de Dios, esa persona era yo; porque no sabía qué hacer, y a menos que obtuviera mayor conocimiento del que hasta entonces tenía, jamás llegaría a saber; porque los maestros religiosos de las diferentes sectas entendían los mismos pasajes de las Escrituras de un modo tan distinto, que destruían toda esperanza de resolver el problema recurriendo a La Biblia. “Finalmente llegué a la conclusión de que tendría que permanecer en tinieblas y confusión, o de lo contrario, hacer lo que Santiago aconsejaba, esto es, recurrir a Dios” (José Smith—Historia 1:8, 11–13). En una hermosa mañana primaveral de 1820, José se retiro a una arboleda cercana a su hogar, José Smith se arrodilló y comenzó a orar y expresarle a Dios los deseos de su corazón, pidiéndole guía. José describe con sus propias palabras su experiencia: “…súbitamente se apoderó de mí una fuerza que me dominó por completo, y surtió tan asombrosa influencia en mí, que se me trabó la lengua, de modo que no pude hablar. Una densa oscuridad se formó alrededor de mí, y por un momento me pareció que estaba destinado a una destrucción repentina” (JS—H 1:15). El adversario, Satanás, sabiendo que José tenía una gran obra por realizar, intentó destruirlo, pero José, empleando toda su fuerza, invocó a Dios e inmediatamente fue liberado:
“…precisamente en este momento de tan grande alarma vi una columna de luz, más brillante que el sol, directamente arriba de mi cabeza;
y esta luz gradualmente descendió hasta descansar sobre mí. “No bien se apareció, me sentí libre del enemigo que me había sujetado. Al reposar sobre mí la luz, vi en el aire arriba de mí a dos Personajes, cuyo fulgor y gloria no admiten descripción. Uno de ellos me habló,
llamándome por mi nombre, y dijo, señalando al otro: Éste es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo!” (JS—H 1:16–17).
Tan pronto como se hubo recobrado, José le preguntó al Señor lo que su alma anhelaba saber, cuál de todas las religiones era la verdadera y a cuál debía unirse. El Señor le respondió que no debía unirse a “ninguna, porque todas estaban en error” y que “todos sus credos eran una abominación a su vista”. Dijo que tenían “apariencia de piedad”, pero que negaban “la eficacia de ella” (JS—H 1:19). También le dio a José Smith muchas otras enseñanzas y direcciones.
Después que la visión terminó, José gradualmente recuperó sus fuerzas y regresó a su casa. José había orado con verdadera intención y con fe, nunca se imagino la respuesta y el llamamiento al cual fue llamado. Dios de nuevo había escogido un profeta en la tierra, y era él. Igual como Dios había llamado a profetas en la antigüedad, Dios llamo a un simple hombre, de humildes comienzos para llevar a cabo la obra maravillosa y el prodigio de restaurar el Evangelio y la Iglesia de Jesucristo sobre la tierra.

