Propósito de la Vida

De MormonWiki
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A medida que nos aventuramos en esta vida, todos, en un momento u otro, nos hemos preguntado, 'Cuál es mi propósito en la vida?. Podemos disgregar esa pregunta en tres preguntas separadas -que son, ¿De dónde vengo? ¿Por qué estoy aquí? Y ¿Hacia dónde voy? Son preguntas que cada ser humano se hace alguna vez durante su vida mortal aquí en la tierra. Muchas veces estas preguntas se hacen cuando uno ha tenido alguna enfermedad o muerte en la familia. Cada uno de nosotros desea saber que cuando dejemos esta vida, hay más de lo que conocemos ahora. También deseamos saber cuál es el propósito de la vida, qué debo aprender y qué debo hacer que valga la pena.

Todas las respuestas a estas preguntas están profundamente dentro de cada uno de nosotros. Somos progenie de un amoroso Padre Celestial que nos ama y que no nos ha dejado solos para divagar en nuestro propio desierto. Exactamente igual a nuestros padres terrenales desean lo mejor para nosotros, nuestro Padre y Madre celestiales también lo desean. Nosotros vivimos con ellos mucho antes de venir a esta tierra, se nos instruyó en sus rodillas, y se nos envió a la tierra en este tiempo con un propósito.

Con la Luz de Cristo con la que nacemos, nosotros podemos orar y pedir las respuestas que tanto deseamos saber. El Señor no nos deja varados. Él está allí para responder cada pregunta que nos acose. Aquellas respuestas pueden venir mediante un ardor en nuestro corazón, a través un miembro de nuestra familia, un amigo o alguien que tal vez ni conozcamos. Nuestra responsabilidad es abrir nuestros corazones y mentes a las respuestas que el Señor desea darnos y escucharlas sinceramente.

Nuestro Padre en los Cielos nos proveyó un plan a seguir. Él es el creador de ese plan. Está diseñado para el progreso del hombre y tiene como fin la salvación y la exaltación.

El [{Padre Celestial]] es el Padre de nuestros espíritus. Somos sus hijos literales y vivimos con Él antes de que naciéramos. Sin embargo, no somos como Él y no podemos serlo y gozar de todas las bendiciones de las cuales Él goza, sin la experiencia de vivir con un cuerpo mortal en esta tierra.

Vivimos en un mundo en el que somos bombardeados por numerosos mensajes de numerosas personas e iglesias. ¿Cómo decimos qué es la verdad y que no lo es? El Apóstol Pablo predijo hace siglos que “!vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que, teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias pasiones, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas” (2 Timoteo 4:3-4). No hay necesidad de confusión. Se nos han dado las respuestas a nuestras preguntas respecto al propósito de esta vida en las escrituras.

En Abraham 3:26 dice que nosotros tomamos conocimiento del plan de salvación antes de nacer y es lo que llamamos nuestro primer estado. "Y a los que guarden su primer estado les será añadido; y aquellos que no guarden su primer estado no tendrán gloria en el mismo reino con los que guarden su primer estado; y a quienes guarden su segundo estado, les será aumentada gloria sobre su cabeza para siempre jamás”.

Nosotros vivimos como hijos espirituales con nuestro Padre en los Cielos y logramos ciertos pasos de progreso para prepararnos para la oportunidad de albergar nuestros espíritus en nuestros cuerpos terrenales. Nosotros tomamos conocimiento de que nuestro Padre realizó un concilio para explicar el propósito de la vida terrenal. Cada uno de nosotros tuvo la oportunidad de aceptar o rechazar el plan de salvación. ¡Cada uno de nosotros ejerció su albedrío! El plan consistió en que cada uno tuviera la oportunidad de trabajar por su propia salvación sobre la tierra con la ayuda de Dios.

Tanto Jesucristo como Satanás tenían un plan para ayudarnos a regresar a nuestro Padre Celestial. El plan de Satanás era forzarnos a todos a volver, mientras que el plan de Cristo era enseñarnos cómo seguir el plan y permitirnos ejercer nuestro albedrío.

¡Cristo fue elegido como el líder! Él nos enseñaría cómo seguir el plan y Él sería el Escogido para redimirnos del pecado y la muerte. Pero, he aquí, mi Hijo Amado, que fue mi Amado y mi Escogido desde el principio, me dijo: Padre, hágase tu voluntad, y sea tuya la gloria para siempre. (Moisés 4:2)

Debido a que escogimos el plan del Salvador, estamos hoy aquí en nuestro segundo estado. Cuando aceptamos el plan y sus condiciones, ganamos el derecho de venir a la tierra.

A cada uno se nos ha dado dos propósitos para la vida en esta tierra, ganar un cuerpo de carne y huesos, y tener experiencias que no podríamos ganar de ningún otro modo. Cada uno de nosotros estamos teniendo experiencias que nos prueban para ver si haremos todas las cosas que el Señor nos ha mandado hacer. Estos mandamientos se condensan en los principios y ordenanzas del evangelio de Jesucristo. Cada principio y ordenanza que se nos ha dado nos ayuda a prepararnos para regresar a nuestro Padre Celestial y volvernos más como Él.

Gracias al Salvador Jesucristo, todo esto se hizo posible. ‘Él es el centro del plan de nuestro Padre Celestial. Fue Él quien proveyó el rescate para toda la humanidad. Él vino a la tierra como nuestro Salvador y Redentor, el Padre Celestial envió a Su Hijo Jesucristo para vencer la Caída de Adán y Eva; el venció el obstáculo de la muerte física por nosotros al darnos Su propia vida. Cuando Él murió en la cruz, Su espíritu se separó de Su cuerpo. Al tercer día Su espíritu y Su cuerpo se reunieron eternamente, para no separarse jamás’. 1

Nuestra vida en la tierra es limitada. Vendrá un tiempo cuando cada uno de nosotros morirá y donde el espíritu y el cuerpo se separarán con la muerte. Sin embargo, gracias a la resurrección de Jesucristo, todos resucitaremos, ya sea que hayamos sido buenos o malos. La muerte no es el fin, es sólo una puerta por la cual todos pasaremos. Mediante la resurrección, nuestro cuerpo y espíritu se reunirán. Entonces tendremos un cuerpo perfecto, un cuerpo inmortal de carne y huesos que nunca experimentarán dolor o muerte otra vez. La gloria que logremos en la próxima vida estará sujeta a nuestras elecciones en esta vida. Es sólo a través de la Expiación y nuestra obediencia al evangelio de Jesucristo que podemos volver y vivir con el Padre Celestial y Jesucristo una vez más.

Después de la Resurrección del Salvador, los Apóstoles fueron y predicaron este mensaje a la gente. El Cristianismo empezó a expandirse en muchas tierras. Pero, a medida que pasó el tiempo, la Iglesia cayó en una gran apostasía en la cual se rompió la sucesión del sacerdocio. La autoridad para actuar en el nombre de Dios para realizar las ordenanzas espirituales había cesado de existir sobre la tierra.

Un Profeta de los tiempos modernos Gordon B. Hinckley dijo:

“De alguna manera, en ese largo tiempo de oscuridad, se encendió una luz. La edad del Renacimiento trajo consigo un florecimiento del aprendizaje, el arte y la ciencia. Apareció un movimiento de hombres y mujeres valientes y de coraje quienes buscaron el viaje de regreso a los cielos en el conocimiento de Dios y Su divino Hijo. Hablamos de ello como la Reforma. Y luego, después de que pasaron muchas generaciones por la tierra – muchas de ellas en conflicto, odio, oscuridad y maldad – entonces llegó el gran y nuevo día de la Restauración. Este glorioso evangelio fue traído con la aparición del Padre y del Hijo al joven José [Smith]. El alba de la dispensación del cumplimiento de los tiempos se levantó al mundo. Todo lo bueno, lo bello, lo divino de todas las dispensaciones anteriores se restauró en ésta, la época más extraordinaria”.

Después de la Primera Visión presentada a José Smith, el registro sagrado del Libro de Mormón se entregó al Profeta. Este libro fue un nuevo testigo, un segundo testigo del Señor Jesucristo y Su misión a la gente de la tierra.

El Profeta del Libro de Mormón Amulek testificó: “Y ahora bien, hermanos míos, después de haber recibido vosotros tantos testimonios, ya que las Santas Escrituras testifican de estas cosas, yo quisiera que vinieseis y dieseis fruto para arrepentimiento. Sí, quisiera que vinieseis y no endurecieseis más vuestros corazones; porque he aquí, hoy es el tiempo y el día de vuestra salvación; y por tanto, si os arrepentís y no endurecéis vuestros corazones, inmediatamente obrará para vosotros el gran plan de redención. Porque he aquí, esta vida es cuando el hombre debe prepararse para comparecer ante Dios; sí, el día de esta vida es el día en que el hombre debe ejecutar su obra. (Alma 34:30-32)

El Padre ama a cada uno de Sus hijos – no hay nadie excluido de Su amor y de Su plan. Él desea que cada uno de Sus hijos regrese a Él.

1 "El Plan of Salvación", Perry, Nov 2006,