Saúl

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Saúl fue el primer rey del antiguo Israel después del Éxodo. El fue ungido por Samuel en un tiempo en el que Israel estaba rogando por un rey a pesar del consejo del Señor en contra del reinado: El pueblo suplicaba: “ahora constitúyenos un reino que nos juzgue como a todas las naciones”. (1Sam.8:5)

Las escrituras indican que Samuel estaba “disgustado” por su pedido, no porque la monarquía sea inherentemente opresiva. Lo que disgustaba a Samuel eran los motivos que los hacía querer un rey: “Y nosotros seremos también como todas las naciones, y nuestro rey nos gobernará, y saldrá delante de nosotros, y hará nuestras guerras.” (1 Sam. 8:20)

Ellos habían fijado sus corazones en un rey terrenal para guiarlos en la batalla y darles un sentido de identidad nacional, seguridad, y unidad. Su pedido reflejaba una falta de fe y confianza en su convenio y relación con el Señor. ¿Pensaban que el Señor no era suficiente Rey? El nunca había roto su promesa de ser su protector, si tan sólo hubieran creído en El, y en repetidas oportunidades les había demostrado Su poder por su bien, ¡incluyendo su reciente victoria sobre los Filisteos!

Sin embargo, el poder y autoridad del reino de Saúl aparentemente comenzaba a corromperlo por cuanto su obediencia cayó hacia el orgullo y después hacia la rebelión. En un incidente significativo, Saúl estaba en una batalla y Samuel iba a venir a ofrecer un sacrificio, algo para lo que Saúl no tenía autoridad. Sin embargo, Saúl se impacientó y ofreció el sacrificio él mismo. Cuando Samuel llegó, Saúl fue reprendido irrevocablemente por su fechoría y su posteridad perdió el derecho al reino.

En un incidente posterior, Saúl desobedeció el mandamiento de Dios de destruir todo lo de los Amalekitas, en cambio guardó lo mejor del saqueo. Cuando Samuel descubrió lo que se había hecho, Saúl dio la excusa de que quería ofrecer sacrificio con lo que había guardado. A esto, Samuel dijo, “Obedecer es mejor que sacrificar y escuchar es mejor que la grasa del cordero.”

El Señor escogió a David como sucesor de Saúl, pero como la fama de David creció, los celos de Saúl se volvieron criminales. Samuel se apenaba por Saúl pero no lo visitó más.


Muchos años después de la muerte de Samuel, Saúl deseó consejo para una batalla que tenía que librar. Saúl se disfrazó y consultó a una bruja que conjuró una aparición que profetizó la destrucción de Saúl en la batalla que se acercaba.

La profecía se cumplió, y por algunos años después de la muerte de Saúl el reino estuvo dividido. Uno de sus hijos tomó las tribus del norte mientras que David tomó las tribus del sur. Después de mucha contención, David, finalmente, se hizo rey de todo Israel. Saúl, al igual que muchos de sus sucesores, comenzó con mucho potencial, pero cayó del poder debido al orgullo y a los celos.