Salvador

De MormonWiki

La doctrina mormona proclama que el Salvador es “uno que salva. Jesucristo, por medio de su expiación, ofreció redención y salvación a toda la humanidad. “Salvador” es uno de los títulos de Jesucristo.” La misión y la expiación del Salvador, Jesucristo, es el acto central en la historia de la humanidad y, de acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia Mormona, provee la única manera en que el hombre puede ser perdonado de sus pecados y ganar la salvación en el reino de Dios. Doctrina y Convenios, uno de los cuatro libros que los mormones consideran escritura, contiene estas palabras de Jesucristo, dichas a José Smith: “Escuchad estas palabras. He aquí, soy Jesucristo, el Salvador del mundo. Atesorad estas cosas en vuestro corazón, y reposen en vuestra mente las solemnidades de la eternidad.” (Doctrina y Convenios 43:34).

El Salvador es la figura central en la doctrina de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Elder Jeffrey R. Holland compartió su testimonio acerca del papel del Salvador en la Iglesia: En un mundo de agitación y temor, de confusión política y de desviación moral, testifico que Jesús es el Cristo, que Él es el Pan vivo y el Agua viva, todavía y siempre el gran Escudo de seguridad en nuestra vida, la poderosa Roca de Israel, el Ancla de ésta, Su divina Iglesia. Testifico de Sus profetas, videntes y reveladores que constituyen el fundamento constante de esa Iglesia y doy testimonio de que esos oficios y esos oráculos están actualmente en funcionamiento, bajo la dirección del Salvador de todos nosotros, en estos días de tanta necesidad. Doy testimonio de estas verdades y de la divinidad de esta obra. (Jeffrey R. Holland, "Prophets, Seers, and Revelators," Liahona, Nov. 2004).

Cada persona que ha nacido en este mundo es separada física y espiritualmente de Dios como consecuencia de la caída de Adán y Eva. Jesucristo es nuestro único salvador porque el rescató el cuerpo de cada persona de la muerte física, al resucitar y ha proveído los medios por medio de los cuales las personas pueden ser rescatados de sus pecados y disfrutar la vida eterna con Él y el Padre. La Resurrección o la vida inmortal con un cuerpo de carne y huesos, es un don que todos recibiremos gracias a la resurrección de Cristo. La muerte espiritual que significa estar separados de la presencia de Dios, es el otro obstáculo que nos impide disfrutar de la vida eterna. Esta separación se debe a nuestra maldad, ya que ninguna cosa impura puede entrar en la presencia de Dios. Jesucristo también nos salvo de este destino horrible por medio de su Expiación. Primero expió por la caída de Adán, que significa que el hombre nace en este mundo puro y sin ser contaminado por el pecado. Los mormones no comparten la doctrina del pecado original. Así como Jesucristo declaró a sus discípulos: “De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.” (Mateo 18:3). La doctrina mormona proclama que todos los niños son salvos por la expiación de Jesucristo, pero que los adultos son responsables por sus pecados. El segundo Artículo de Fe lee: “todos los hombres serán castigados por sus propios pecados y no por la transgresión de Adán.” Jesús sufrió por nuestros pecados para que nosotros podamos arrepentirnos y seamos capaces de regresar a vivir con Dios. Jesús es la única persona por medio de la cual podemos se salvos de la muerte física y la espiritual. Su papel como nuestro Salvador fue asignado antes de la creación del mundo. El fue “Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” (Apocalipsis 13:8) quien fue escogido para ser el Salvador del Mundo.

La Primera Presidencia de la Iglesia dio el siguiente testimonio de la misione del Salvador: Al conmemorar el nacimiento de Jesucristo hace dos milenios, manifestamos nuestro testimonio de la realidad de Su vida incomparable y de la virtud infinita de Su gran sacrificio expiatorio. Ninguna otra persona ha ejercido una influencia tan profunda sobre todos los que han vivido y los que aún vivirán sobre la tierra. Él fue el Gran Jehová del Antiguo Testamento y el Mesías del Nuevo Testamento. Bajo la dirección de Su Padre, Él fue el Creador de la tierra. "Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho" (Juan 1:3). Aun cuando fue sin pecado, fue bautizado para cumplir toda justicia. Él "anduvo haciendo bienes" (Hechos 10:38) y, sin embargo, fue repudiado por ello. Su Evangelio fue un mensaje de paz y de buena voluntad. Él suplicó a todos que siguieran Su ejemplo. Recorrió los caminos de Palestina, sanando a los enfermos, haciendo que los ciegos vieran y levantando a los muertos. Enseñó las verdades de la eternidad, la realidad de nuestra existencia premortal, el propósito de nuestra vida en la tierra y el potencial de los hijos y de las hijas de Dios en la vida venidera. Instituyó la Santa Cena como recordatorio de Su gran sacrificio expiatorio. Fue arrestado y condenado por acusaciones falsas, se le declaró culpable para satisfacer a la multitud y se le sentenció a morir en la cruz del Calvario. Él dio Su vida para expiar los pecados de todo el género humano. La Suya fue una gran dádiva vicaria en favor de todos los que habitarían la tierra. Testificamos solemnemente que Su vida, que es fundamental para toda la historia de la humanidad, no comenzó en Belén ni concluyó en el Calvario. Él fue el Primogénito del Padre, el Hijo Unigénito en la carne, el Redentor del mundo. Se levantó del sepulcro para ser las "primicias de los que durmieron" (1 Corintios 15:20). Como el Señor Resucitado, anduvo entre aquellos a los que había amado en vida. También ministró entre Sus "otras ovejas" (Juan 10:16) en la antigua América. En el mundo moderno, Él y Su Padre aparecieron al joven José Smith, iniciando así la largamente prometida "dispensación del cumplimiento de los tiempos" (Efesios 1:10). (Véase: El Cristo Viviente).

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