Superchería sacerdotal
De MormonWiki
La superchería sacerdotal, tal como se define en el Libro de Mormón, "[es] que los hombres prediquen y se constituyan a sí mismos como una luz del mundo, con el fin de obtener lucro y la alabanza del mundo…" (2 Nefi 26:29). Si bien el término "predicar" puede sugerir un contexto religioso, el Libro de Mormón no limita la predicación específicamente a temas religiosos, de hecho, está dirigida al género humano en general en los siguientes versículos. Esto sugiere que siempre que alguien pretenda erigirse "como una luz del mundo" o, en otras palabras, erigirse como una fuente de verdad o sabiduría para ser seguida por otros, está practicando la superchería sacerdotal. Esto parecería cierto ya sea que la predicación, enseñanza o persuasión se hace en un edificio de la iglesia, en los medios de comunicación, en un debate entre amigos o en cualquier otro lugar donde la información se presenta como una "verdad" que otros deben seguir o creer.
La única verdadera fuente de luz es Cristo, cuya verdad es entregada a través de la inspiración del Espíritu Santo, y que "mostrará todas las cosas que debéis hacer" (2 Nefi 32:5). Podemos saber que estamos a salvo de la superchería sacerdotal cuando animamos sinceramente a nuestros oyentes a determinar por sí mismos la verdad de lo que enseñamos, de conformidad con el mandamiento de "examinadlo todo" (1 Tes 5:21). Como Nefi dice, "¡Maldito es aquel que pone su confianza en el hombre…, salvo cuando sus preceptos sean dados por el poder del Espíritu Santo!" (2 Nefi 28:31). [1]
El Señor nos da un ejemplo instructivo cuando nos manda a sostener "nuestra" luz ante el mundo (Mateo 5:16). El Libro de Mormón ofrece una aclaración importante con respecto a esta enseñanza cuando afirma que la luz que vamos a sostener es el mismo Cristo (3 Nefi 18:24). Él es nuestra única Luz (véase Juan 1:1-9).
Y aunque, el hecho de predicar o enseñar para ganar por lo general puede estar asociado con ganancia monetaria, esa ganancia también puede referirse al respeto, la fama, la popularidad, o a favores que motivan al maestro. Cuando una persona recibe ganancia por su servicio como líder religioso, está en un territorio difícil, ya que puede comprometer su humildad y su permanencia como un verdadero siervo de Dios. Por supuesto, hay quienes predican únicamente para ganar y no se preocupan por su posición ante el Señor.
Que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días tenga un clero laico ayuda a evitar la superchería sacerdotal, al menos en forma de ganancia monetaria. La gran mayoría de personas que ministran en la obra de la Iglesia sirve en llamamientos temporales. A menudo, los misioneros también son reubicados dentro de sus misiones a fin de evitar que se formen grupos de seguidores entre las personas que enseñan. Incluso dentro de un llamamiento, la humildad es importante:
- Aquellos que se envuelven en la auto felicitación sobre una supuesta fortaleza han perdido la protección de la humildad y son vulnerables a que Satanás utilice esa fortaleza para producir su caída. En contraste, si somos humildes y nos dejamos enseñar, guardando los mandamientos de Dios, siguiendo el consejo de sus líderes, y las influencias de su Espíritu, podemos ser guiados a fin de aprender a usar nuestros dones espirituales, nuestros logros, y todas nuestras otras fuerzas para la rectitud. Y podemos ser guiados a fin de aprender a evitar los esfuerzos de Satanás para usar nuestras fuerzas a fin de causar nuestra caída. [2]
- Los maestros carismáticos [dentro de la Iglesia pueden participar en la superchería sacerdotal]. Con una mente entrenada y con una forma de presentación hábil, un maestro puede ser altamente eficaz y popular en su enseñanza. Pero Satanás tratará de usar esa fortaleza para corromper al maestro, animándolo a que reúna un séquito de discípulos. Un maestro en la Iglesia o en el Sistema Educativo de la Iglesia o un profesor de una universidad SUD que permita que eso suceda y lo hace “por causa de las riquezas y los honores” (Alma 1:16) es culpable de superchería sacerdotal. “Son supercherías sacerdotales el que los hombres prediquen y se constituyan a sí mismos como una luz al mundo, con el fin de obtener lucro y alabanza del mundo; pero no buscan el bien de Sión” (2 Nefi 26:29).
- Los maestros que son más populares, y por lo tanto más efectivos, son más susceptibles a este tipo de superchería sacerdotal. Si no son cuidadosos, su fortaleza puede convertirse en su caída espiritual. Pueden llegar a ser como Almon Babbitt, con quien el Señor no estaba bien complacido porque, según lo declara la revelación, “he aquí ambiciona imponer su propio criterio en lugar del consejo que yo he ordenado, sí, el de la Presidencia de mi iglesia, y levanta un becerro de oro para que mi pueblo lo adore” (Doctrina y Convenios 124:84).[3]
En el Libro de Alma en el Libro de Mormón, Nehor es un ejemplo de alguien que practicó la superchería sacerdotal:
- Él criticaba a la Iglesia y enseñaba que los sacerdotes y los maestros deben ser populares entre el pueblo (véase Alma 1:3). Esto nos demuestra que quería que la gente le alabara y le siguiera a él antes que a Dios.
- Enseñó que todos los sacerdotes y los maestros (como él mismo) debían recibir dinero por predicar en vez de trabajar para mantenerse a sí mismos (véase el versículo 3), lo cual nos demuestra que su deseo era el de obtener ganancias y prosperar a costa del trabajo de los demás.
- Para cobrar por predicar, Nehor, al igual que todos los falsos maestros, enseñaba lo que la gente quería oír. Enseñó que “todo el género humano se salvaría en el postrer día” (versículo 4), doctrina que era muy agradable entre los que eran desobedientes. Cuánto más fácil y reconfortante es oír que todos se salvarán en vez de escuchar enseñanzas que afirman que los principios tales como la fe, el arrepentimiento, and la obediencia son esenciales para la salvación. Esto demuestra que Nehor estaba más interesado en su propio bienestar que en ayudar a las personas a crecer en la rectitud y en el bienestar de Sión. [4]
"El servicio que a los ojos del mundo se ve abnegado pero que en realidad se efectúa para obtener riquezas u honores ciertamente merece la condenación que el Salvador dirigió a aquellos que "se muestran justos a los hombres, pero por dentro… están llenos de hipocresía e iniquidad" (Mateo 23:28). Un servicio tal no merece galardón en el Evangelio.
“Quisiera que dieseis limosnas a los pobres", dijo el Salvador, "mas guardaos de dar vuestras limosnas delante de los hombres para ser vistos de ellos; de otra manera, ningún galardón tenéis de vuestro Padre que está en los cielos" (3 Nefi 13:1; véase también Mateo 6:1). El Salvador agregó:
“'Por tanto, cuando hagáis vuestra limosna, no toquéis trompeta delante de vosotros, como lo hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para tener gloria de los hombres. En verdad os digo que ya tienen su recompensa' (3 Nefi 13:2; véase también Mateo 6:2).
"En contraste, aquellos que sirven calladamente, 'en secreto', se hacen merecedores de la promesa del Salvador, que dijo: 'tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará en público' (3 Nefi 13:18; véase también Mateo 6:4). [5]