Terremotos

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Los terremotos son causados por el movimiento de las placas tectónicas de la superficie terrestre. Las Escrituras hablan de los terremotos como actos relacionados con la agitación espiritual y la maldad. Las Escrituras predicen que los terremotos se incrementarán en los últimos días y terminarán con un terremoto que cambiará completamente la faz de la tierra en la segunda venida de Cristo

Los terremotos en la Tierra Santa

Israel se encuentra en una zona de falla activa que ha sido el escenario de terribles terremotos durante la historia. Se han producido terremotos considerables en Israel aproximadamente cada 400 años, especialmente a lo largo del valle de Jordania (Falla del Rift, que se extiende al norte y al sur del valle) en el año 31 A.E.C., 363 E.C., 749 E. C. y 1033 E.C [1] El profeta Zacarías habla de un gran terremoto en su registro bíblico. Cuando Zacarías predice la venida del Mesías, también se refiere a este devastador terremoto:

Y se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos, que está en frente de Jerusalén al oriente; y el monte de los Olivos se partirá por en medio, hacia el oriente y hacia el occidente, haciendo un valle muy grande; y la mitad del monte se apartará hacia el norte, y la otra mitad hacia el sur.
Y huiréis al valle de los montes, porque el valle de los montes llegará hasta Azal; huiréis de la manera que huisteis por causa del terremoto en los días de Uzías rey de Judá; y vendrá Jehová mi Dios, y con él todos los santos (Zacarías 14:4-5).

Amós 1:1 se refiere al mismo terremoto. En la destrucción de Sodoma, Gomorra y las otras tres malvadas "ciudades de la meseta", los alrededores de lo que ahora es el Mar Muerto, la tierra tembló y arrojó "fuego y azufre". El área había sido una hermosa y verde meseta antes del terremoto. Ahora el valle se encuentra a 39 624 metros por debajo el nivel del mar, el Mar Muerto tiene 39 624 metros de profundidad, el punto más bajo de la tierra. El agua salobre está tan cargada de sales y otros minerales, que ni siquiera las artemias pueden vivir allí. Muchas personas han muerto ahogadas mientras nadaban en el lago.

Azufre y sal, abrasada toda su tierra; no será sembrada, ni producirá, ni crecerá en ella hierba alguna, como sucedió en la destrucción de Sodoma y de Gomorra, de Adma y de Zeboim, las cuales Jehová destruyó en su furor y en su ira (Deuteronomio 29:23).

Hubo un devastador terremoto en el momento de la crucifixión de Jesucristo, según consta en el Nuevo Testamento:

El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios (Mateo 27:54).
Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella (Mateo 28:2).

Cuando Cristo descienda sobre el Monte de los Olivos para salvar a los Hijos de Israel de la destrucción después de tres años y medio de la Guerra del Armagedón, el monte se partirá en dos. Este terremoto será en todo el mundo y va a transformar la faz de la tierra.

En aquella hora hubo un gran terremoto, y la décima parte de la ciudad se derrumbó, y por el terremoto murieron en número de siete mil hombres; y los demás se aterrorizaron, y dieron gloria al Dios del cielo.
Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo. Y hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo (Apocalipsis 11:13, 19).
Y entonces el Señor pondrá su pie sobre este monte, y se partirá por en medio, y temblará la tierra y se tambaleará, y también se estremecerán los cielos (Doctrina y Convenios 45:48).

Los terremotos registrados en el Libro de Mormón

Los pueblos del Libro de Mormón, descendientes de los israelitas que vivían en las Américas, vivieron de acuerdo con la Ley de Moisés, esperando la venida de Cristo. Sus profetas predijeron que Cristo nacería en Belén de una madre virgen, que enseñaría, soportaría muchas aflicciones y que sería crucificado por los pecados del mundo. Los profetas del Libro de Mormón predijeron cuando ocurrirían estos eventos, y se dieron signos que testificaban la realidad de los hechos. Tras el nacimiento de Cristo, los pueblos del Libro de Mormón fueron testigos de una noche sin oscuridad:

Y aconteció que se cumplieron las palabras que se dieron a Nefi, tal como fueron dichas; porque he aquí, a la puesta del sol, no hubo obscuridad; y el pueblo empezó a asombrarse porque no hubo obscuridad al caer la noche.
Y sucedió que no hubo obscuridad durante toda esa noche, sino que estuvo tan claro como si fuese mediodía. Y aconteció que en la mañana el sol salió de nuevo, según su orden natural; y entendieron que ése era el día en que había de nacer el Señor, por motivo de la señal que se había dado (3 Nefi 1:15, 19).

Hubo también un signo de la muerte de Cristo.

Ahora bien, aconteció que según nuestros anales, y sabemos que son verdaderos, porque, he aquí, un hombre justo llevaba los anales, porque en verdad hizo muchos milagros en el nombre de Jesús, y no había hombre alguno que pudiera hacer un milagro en el nombre de Jesús, a menos que estuviese enteramente limpio de su iniquidad;
sucedió, pues, que si este hombre no se equivocó en el cálculo de nuestro tiempo, el año treinta y tres había pasado;
y el pueblo se puso a aguardar con gran anhelo la señal que había dado el profeta Samuel el Lamanita, sí, la ocasión en que habría tres días de tinieblas sobre la faz de la tierra.
Y hubo una destrucción grande y terrible en la tierra del sur.
Pero he aquí, hubo una destrucción mucho más grande y terrible en la tierra del norte; pues he aquí, toda la faz de la tierra fue alterada por causa de la tempestad, y los torbellinos, y los truenos, y los relámpagos, y los sumamente violentos temblores de toda la tierra;
Y se rompieron las calzadas, y se desnivelaron los caminos, y muchos terrenos llanos se hicieron escabrosos.
Y se hundieron muchas grandes y notables ciudades, y muchas se incendiaron, y muchas fueron sacudidas hasta que sus edificios cayeron a tierra, y sus habitantes murieron, y los sitios quedaron desolados.
Y así quedó desfigurada la superficie de toda la tierra por motivo de las tempestades, y los truenos, y los relámpagos, y los temblores de tierra.
Y he aquí, las rocas se partieron; fueron despedazadas sobre la superficie de toda la tierra, de tal modo que se hallaron hechas pedazos, y partidas y hendidas, sobre toda la faz de la tierra.
Y aconteció que cuando cesaron los truenos, y los relámpagos, y la tormenta, y la tempestad, y los temblores de la tierra—pues he aquí, duraron como una tres horas; y algunos dijeron que fue más tiempo; no obstante, todas estas grandes y terribles cosas acontecieron en el espacio de unas tres horas—he aquí, entonces hubo tinieblas sobre la faz de la tierra.
Y sucedió que hubo densa obscuridad sobre toda la faz de la tierra, de tal manera que los habitantes que no habían caído podían sentir el vapor de tinieblas (3 Nefi 8:1-3, 12-14, 17-20).


El aumento de los terremotos forma parte de las "Señales de los Tiempos"

Por Jehová de los ejércitos serás visitada con truenos, con terremotos y con gran ruido, con torbellino y tempestad, y llama de fuego consumidor (Isaías 29:6).
Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares (Mateo 24:7).
Y habrá grandes terremotos, y en diferentes lugares hambres y pestilencias; y habrá terror y grandes señales del cielo (Lucas 21:11).
Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre (Apocalipsis 6:12).
Y serán visitados con truenos, y relámpagos, y terremotos, y con toda clase de destrucciones; porque el fuego de la ira del Señor se encenderá contra ellos, y serán como rastrojo, y el día que viene los consumirá, dice el Señor de los Ejércitos (2 Nefi 26:6).
Y también se oirá de guerras, rumores de guerras y terremotos en diversos lugares (Mormón 8:30).
Y así, con la espada y por el derramamiento de sangre se han de lamentar los habitantes de la tierra; y con hambre, plagas, terremotos, truenos del cielo, y también con violentos e intensos relámpagos, se hará sentir a los habitantes de la tierra la ira, la indignación y la mano castigadora de un Dios Omnipotente, hasta que la consumación decretada haya destruido por completo a todas las naciones (Doctrina y Convenios 87:6).

Los terremotos han aumentado en frecuencia y gravedad en los últimos años, lo cual significa el final de la dispensación antes de la Segunda Venida. Un artículo en Science Daily, escrito en el año 2000, afirma lo siguiente:

El número de víctimas de terremotos en el año 1999 corresponde al doble del promedio anual, según los datos del Servicio Geológico de Estados Unidos (U.S. Geological Survey, USGS). Los terremotos han causado más de 22 000 muertes en todo el mundo desde el 1 de enero de 1999. Más de 17 000 personas murieron como consecuencia de un terremoto en Izmit, Turquía, el 17 de agosto y cuya magnitud fue de 7.4. El año más fatal de este siglo fue 1976, cuando al menos 255 000 personas, y quizás más de 600 000, murieron tras un terremoto que sacudió Tianjin (antes Tangshan), China.

Un terremoto, con epicentro en el mar cercano a Indonesia, causó el tsunami destructivo que mató a casi 300 000 personas a principios de este siglo XXI. Un terremoto en la región sur central de China mató a decenas de miles de personas en el 2008.

El científico australiano, Tom Chalko, informó lo siguiente:

El análisis de más de 386 000 terremotos entre 1973 y 2007 registrados en la base de datos del Servicio Geológico de Estados Unidos demostró que la energía anual mundial de los terremotos en la Tierra empezó a aumentar muy rápidamente desde 1990.
"El peligro medioambiental más grave que enfrentamos en la Tierra puede no ser el cambio climático, sino la actividad volcánica, tectónica y sísmica que cada vez se presenta de forma más rápida y sistemática", dijo el Dr. Chalko. [1]


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