Testimonio de Tres Testigos

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Mientras José Smith traducía el Libro de Mormón, el Señor reveló que, además del testimonio del Profeta, el mundo tendría "el testimonio de tres de mis siervos que llamaré y ordenaré, y a quienes mostraré estas cosas" (D. y C. 5:11; véase también Éter 5:2­4; 2 Nefi 27:12­13). "Sabrán con certeza que estas cosas son verdaderas", el Señor declaró, "porque desde el cielo se lo declararé" (D. y C. 5:12).

Los tres hombres que se eligieron como testigos del Libro de Mormón fueron Oliver Cowdery, David Whitmer y Martin Harris. "El testimonio de tres testigos" por escrito se ha incluido en todos los casi 100 millones de ejemplares del Libro de Mormón que la Iglesia ha publicado desde 1830. Esos testigos testifican solemnemente que ellos han "visto las planchas que contienen esta relación" y "los grabados sobre las planchas"; atestiguan que esos escritos "han sido traducid[o]s por el don y el poder de Dios, porque así su voz nos lo declaró." Estos tres hombres tuvieron muchas dificultades en la Iglesia y los tres terminaron excomulgados por razones de desacuerdos con líderes de la Iglesia. Por esta razón muchos critican su testimonio, pero a pesar de sus situaciones ninguno de los tres negó su testimonio. Tampoco desde esa ocasión ha habido alguien que se oponga o que contradiga razonablemente este testimonio.


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EL Testimonio de Tres Testigos

Conste a todas las naciones, tribus, lenguas y pueblos, a quienes llegare esta obra, que nosotros, por la gracia de Dios el Padre, y de nuestro Señor Jesucristo, hemos visto las planchas que contienen esta relación, la cual es una historia del pueblo de Nefi, y también de los lamanitas, sus hermanos, y también del pueblo de Jared, que vino de la torre de que se ha hablado. Y también sabemos que han sido traducidas por el don y el poder de Dios, porque así su voz nos lo declaró; por tanto, sabemos con certeza que la obra es verdadera. También testificamos haber visto los grabados sobre las planchas; y se nos han mostrado por el poder de Dios y no por el de ningún hombre. Y declaramos con palabras solemnes que un ángel de Dios bajó del cielo, y que trajo las planchas y las puso ante nuestros ojos, de manera que las vimos y las contemplamos, así como los grabados que contenían; y sabemos que es por la gracia de Dios el Padre, y de nuestro Señor Jesucristo, que vimos y testificamos que estas cosas son verdaderas. Y es maravilloso a nuestra vista. Sin embargo, la voz del Señor nos mandó que testificásemos de ello; por tanto, para ser obedientes a los mandatos de Dios, testificamos estas cosas. Y sabemos que si somos fieles en Cristo, nuestros vestidos quedarán limpios de la sangre de todos los hombres, y nos hallaremos sin mancha ante el tribunal de Cristo, y moraremos eternamente con Él en los cielos. Y sea la honra al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, que son un Dios. Amén.

Oliver Cowdery

David Whitmer

Martin Harris