Tierra Prometida

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Por su relevancia en la historia del pueblo de Dios, casi todo el mundo se puede relacionar con la frase “la tierra prometida”. Ha sido costumbre del Señor, desde los primeros días del mundo, prometer a sus fieles profetas tierras específicas. La tierra prometida ha tenido varios significados para el pueblo del Señor en sus diferentes épocas. Por ejemplo, la tierra prometida para Abraham significó un lugar de libertad religiosa. Para el pueblo hebreo en los tiempos de Moisés significó un escape de la esclavitud, y un lugar de abundancia que “fluye leche y miel” (Éxodo 3:17). Para los pueblos cuyas historias se relatan en el Libro de Mormón, la tierra prometida fue el continente americano y representó una manera de superar la iniquidad en el viejo continente. Un profeta del Libro de Mormón, Alma, utilizó la tierra prometida y sus significados para hacer un simbolismo, donde la tierra prometida representa la vida eterna con Dios. En general, la frase “la tierra prometida” se refiere a las tierras que el Señor promete como heredad a sus seguidores fieles.

El Señor prometió al pueblo de Israel la tierra de Canaán. Abraham fue el primero en recibir esta promesa. En los primeros versículos del Libro de Abraham en La Perla de Gran Precio, Abraham escribe: “vi que me era necesario buscar otro lugar donde morar…Habiéndose apartado mis padres de su rectitud y de los santos mandamientos que el Señor su Dios les había dado, y habiéndose entregado a la adoración de los ídolos de los paganos, se negaron por completo a escuchar mi voz; porque sus corazones estaban resueltos a hacer lo malo” (Abraham 1: 1, 5-6). Abraham buscaba las promesas de los mandamientos que Dios había dado. Como consecuencia a su fidelidad, Abraham tuvo una visión donde el Señor le dijo:

“He descendido para librarte y llevarte de la casa de tu padre y de toda tu parentela a una tierra extraña de la cual nada sabes.”

Más adelante, mientras Abraham oraba en la tierra de Canaán, el Señor le hizo esta promesa:

“Daré esta tierra a tu descendencia” (Abraham 2:19)

La tierra prometida para Abraham y su descendencia, incluyendo el pueblo de Israel, es la tierra de Canaán.

La tierra prometida mencionada en el Libro de Mormón es el continente americano. Los primeros profetas del Libro de Mormón recibieron la promesa de que serían llevados a una tierra de promisión. El primer profeta del Libro de Mormón, Lehi, vivió en Jerusalén 600 AC, durante el primer año del reinado de Sedequías. En el libro de Crónicas se lee del menosprecio que recibían los profetas de Dios en Jerusalén en esa época:

“Y Jehová el Dios de sus padres envió constantemente palabra a ellos por medio de sus mensajeros, porque él tenía misericordia de su pueblo y su habitación. Mas ellos hacían escarnio de los mensajeros de Dios, y menospreciaban sus palabras burlándose de sus profetas hasta que subió la ira de Jehová contra su pueblo, y no hubo ya remedio” (2 Crónicas 36: 15-16). Estos versículos muestran la triste realidad para los profetas.

Obedeciendo el mandamiento de Dios, Lehi salió de Jerusalén al desierto, donde recibió la promesa de recibir una tierra. Esta tierra se describió como la tierra más favorable sobre la faz de la tierra. Lehi recibió una brújula que orientaba a su familia en la dirección correcta según la diligencia que se le estaba dando a los mandamientos de Dios. Después de ocho años en el desierto, Lehi y su familia construyeron un barco y cruzaron el mar rumbo a la tierra prometida. Llegaron a la tierra prometida, conocida hoy como América. En el Libro de Mormón se repite a menudo el mandamiento: “si guardas los mandamientos prosperarás sobre la tierra.” Esta promesa sigue en pie.

Se puede utilizar la tierra prometida para simbolizar la vida eterna con Dios. Alma, un descendiente de Lehi, que vivió en el continente americano 70 años antes de Cristo, utilizó el viaje de Lehi y su familia por el desierto hacia la tierra prometida como símbolo de nuestro propio viaje por esta tierra, hacia la vida eterna. En una carta dirigida a su hijo, Alma se refirió a este viaje, y escribió lo siguiente:

“Y ahora quisiera que entendieses, hijo mío, que estas cosas tienen un significado simbólico; porque así como nuestros padres no prosperaron por ser lentos en prestar atención a esta brújula (y estas cosas eran temporales), así es con las cosas que son espirituales. Pues he aquí, tan fácil es prestar atención a la palabra de Cristo, que te indicará un curso directo a la felicidad eterna, como lo fue para nuestros padres prestar atención a esta brújula que les señalaba un curso directo a la tierra prometida. Y ahora digo: ¿No se ve en esto un símbolo? Porque tan cierto como este director trajo a nuestros padres a la tierra prometida por haber seguido sus indicaciones, así las palabras de Cristo, si seguimos su curso, nos llevan más allá de este valle de dolor a una tierra de promisión mucho mejor.”

La tierra prometida siempre ha significado un lugar de libertad. Para los santos profetas que han recibido estas tierras como promesa, han significado una esperanza y una recompensa por su diligencia en obedecer los mandamientos de Dios. Para nosotros, la tierra prometida puede ser un símbolo de nuestro viaje por esta tierra y la promesa de vivir con Dios después de esta vida.